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Una Regla Monetaria para Argentina

diego giacomini

 

 

 

 

Argentina debe aprender las cuatro lecciones fundamentales de política económica que la región (en los 90s) y el mundo desarrollado (en los 80s) aprendieron hace años. Este aprendizaje posibilitó una permanente estabilidad macro que dio lugar a crecimiento sostenido, menos pobreza y mejor nivel de vida en la región. En este sentido, Argentina tiene la peor performance de la región en los últimos 25 años.
Las cuatro lecciones básicas son: i) la política monetaria expansiva sirve para estimular el crecimiento económico (a cambio de más inflación) sólo en el corto plazo. Por el contrario, en el largo plazo el efecto real de la emisión monetaria desaparece, la tasa de desempleo vuelve (sube) a su nivel natural de equilibrio y la inflación “queda” aún más alta cuando los agentes incorporan en sus expectativas el accionar de los políticos (que emiten y generan inflación); ii) alta y prolongada inflación atentan contra el ahorro y la inversión, deteriorando la acumulación de capital, el progreso tecnológico y el crecimiento económico, impidiendo bajar la pobreza; iii) la política monetaria es el instrumento más eficiente para combatir y prevenir la inflación; iv) una política en base a reglas conlleva a un resultado económico y social superior que una política discrecional.
La política en base a reglas nace de la “Teoría Moderna de la Política Económica” de Milton Friedman. Las reglas son un mecanismo institucional cuya función es minimizar la discrecionalidad y el intervencionismo del político de “turno”; protegiendo el libre mercado y la asignación de recursos vía sistema de precios. Según esta teoría, hay que minimizar la discrecionalidad y el intervencionismo político por 5 razones: a) el policy maker suele perseguir objetivos particulares (re-elección; maximizar su utilidad; beneficiar a un determinado grupo social; etc) que pueden no estar correlacionadas con el bienestar general; b) el policy maker no puede saber en qué consiste el bienestar general y mucho menos conocer los medios para alcanzarlo; c) el policy maker no sabe ni la fuerza, ni el retraso temporal de los efectos de su política sobre las variables de la economía; d) los políticos suelen proponerse más objetivos que instrumentos de los cuales cuentan para alcanzar dichos objetivos, lo cual conduce a que no se termine alcanzando ningún objetivo (inconsistencia dinámica de las políticas); e) el público no permanece inmóvil, sino que forma expectativas tendientes a “esquivar” los efectos de las políticas. Así, si las expectativas son correctas, la política se neutraliza y los objetivos no se alcanzan.
En este marco, queda claro que durante los últimos 12 años el BCRA hace todo mal, ignorando las cuatro lecciones fundamentales. La política monetaria del BCRA no sólo es siempre discrecional y desmedidamente expansiva, sino también es inconsistente. Su carta orgánica fija más objetivos (estabilidad monetaria, la estabilidad financiera, el empleo y el desarrollo económico con equidad social) que instrumentos de los cuales dispone; ergo ningún objetivo se alcanza.
Durante las dos presidencias de CFK se ha acumulado una inflación minorista de 438% (IPC Congreso). Paralelamente, la base monetaria se expandió un 425% en el mismo período, confirmando que la inflación es en todo lugar (en Argentina también!) y siempre un fenómeno monetario. Los agregados monetarios y el PBI nominal (inflación más crecimiento) están cointegrados (se mueven vis a vis) en largo plazo. Además, en estos 8 años la inflación (IPC Congreso) y las expectativas de inflación (UTDT) promedian respectivamente 25.0% y 27.1% anual, confirmando que Friedman tenía razón; y que el público forma correctamente sus expectativas de inflación en el largo plazo. Para el caso argentino queda demostrado empíricamente que el dinero es neutral y no tiene efectos sobre la economía real (producción y empleo) en el largo plazo. Sólo se termina generando más inflación en un marco de estanflación (estancamiento con alta inflación). Por lo tanto, no debe sorprender que la tasa de crecimiento del PBI promedie 0% anual, no haya creación de empleo privado (0.2% promedio anual en 2012/2015) y la tasa de desempleo (bien medida) haya subido 2p.p. durante los últimos cuatro años.
En este marco, para bajar la inflación, volver al sendero (perdido) del crecimiento y bajar (mejorar) la pobreza (el nivel de vida), se debe eliminar la discrecionalidad institucionalizando una regla de política monetaria que ponga freno a la “maquinita” del BCRA; y convenza al público que se dejará de emitir “de más“. Si el público conoce la regla y forma racionalmente sus expectativas, las expectativas de inflación disminuirán y la inflación bajará. La credibilidad de la regla de política monetaria (fundamental para bajar las expectativas) hay que apuntalarla con una nueva Carta Orgánica (consistente) que tenga un solo objetivo: inflación baja y estable.
Las nueva regla de política monetaria debe ser: i) eficiente (minimizar la volatilidad de la variable elegida como regla); ii) sencilla (fácilmente entendida y no entorpecer la formación de expectativas); iii) precisa (no hay dudas de que se sigue o no); iv) transparente (debe ser anuncia para que el público la conozca y la incorpore a su formación de expectativas); v) robusta (válida para cualquier modelo de economía) y debe tener vi) mecanismos de responsabilidad y castigo (renuncia si no se cumple).
En el corto plazo se debe ir hacia una regla de instrumentos que conduzca la política monetaria en base a una regla que fije la tasa de crecimiento de M1. La disminución del ritmo de emisión monetaria reducirá las expectativas de inflación del público; y con ello bajará la inflación. Esta política deberá mantenerse hasta que la inflación de Argentina converja a un dígito anual en el mediano plazo. Luego, con las expectativas de inflación ya “domadas”, credibilidad y reputación anti inflacionaria, el BCRA podrá virar hacia una regla de objetivos (Metas de Inflación) que es un estadio evolutivo posterior en el cual el Central recupera un mayor grado de discrecionalidad. Chile, Perú, Colombia y tantos otros países emergentes (Desarrollados también) aplican Metas de Inflación y todos tienen estable y baja inflación (entre 2% y 5%) con crecimiento económico.
Por Diego Giacomini
Buenos Aires, 9 de agosto de 2015
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Diego Giacomini
Master of Sciences in International Economics of University of Essex (UK) Consultor Económico Financiero Profesor de Dinero, Crédito y Bancos de la FCE de la UBA Profesor de grado y postgrado de Teoría Monetaria y Cambiaria de la USAL Especialista en inflación, tipo de cambio, política monetaria, dinero y manejo de Banco Central.

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