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Un Tornado Secular

Osvaldo BENEDETTO

 

 

 

Luego de 205 años de vida independiente Argentina vive debatiéndose consigo misma entre versiones bipolares sobre su pasado, su presente y su futuro y siempre dividida entre quienes creen ser el verdadero pueblo y únicos patriotas y los otros, que piensan igual, pero de ellos mismos.

Con gran ingenuidad muchas personas echan la culpar de ese tornado que gira sobre si mismo, a gran velocidad, pero que se desplaza lenta y erráticamente hacia ningún lado, al imperialismo inglés al principio, al norteamericano luego, al europeo siempre y ahora parece que la culpa es del ruso o del chino.

Ese falso nacionalismo local parece no percatarse que los estados extranjeros siempre buscarán el mayor provecho para sí y que es uno mismo el que debe tener la fuerza y la habilidad para amortiguar su voracidad de los otros y encauzar esas relaciones a las necesidades nacionales.

El problema central de Argentina desde su nacimiento, y me atrevería de decir que aún como colonia española, es la existencia de dos visiones sobre la facción de pertenencia, no complementarias y armonizables, sino enfrentadas y excluyentes. Por el contrario, solo en la resolución de esa contradicción mediante la conjugación entre sus términos y no por obra de anulación o aplastamiento, de alguno de ellos, podemos comenzar a construir un destino común más o menos exitoso y sustentable.

Unos pocos ejemplos extraídos de nuestra historia, la que tiene más de 460 años, si se cuenta a partir de la fundación de Santiago del Estero en el año 1553, bastarán para demostrar la naturaleza del problema que inmoviliza a la sociedad argentina. Un historiador y un sociólogo podrían seguramente encontrar otros ejemplos, pero a nosotros nos bastará con señalar algunos de ellos, los que marcan la naturaleza excluyente de las visiones que movilizan los espíritus en todos los casos.

Conquistadores y Contrabandistas

El primer tornado opuso dos fuerzas significativas de la época: en una de ellas la figura era Hernandarias, primer gobernador criollo, yerno de Juan de Garay, el segundo fundador de Buenos Aires. Hernandarias representaba los intereses de la casta militar en proceso de burocratización que había conquistado las tierras del Río de La Plata a partir de su asentamiento en Asunción del Paraguay.

En la otra los comerciantes, contrabandistas y también algunos eclesiásticos de Buenos Aires, cuyos intereses eran los del lucro personal y el poder local. Los poderosos de esta segunda facción eran el sevillano Juan de Vergara, su socio el portugués Diego de Vega y el mismo obispo, fray Pedro Carranza.

Enjuiciamiento a los contrabandistas, expulsión, y envío a España, de Hernandarias, corrupción del Gobernador Céspedes, compra de las varas de Alcaldes de Buenos Aires por parte de Vergara para dominar la Ciudad. En fin, que nada faltó en ese enfrentamiento.

Tal antagonismo no se reprodujo con el correr de los años ya que, al fin del cabo, los nuevos gobernadores y virreyes terminaron asociados con los contrabandistas y todos vivieron felices gozando del festín del puerto de Buenos Aires, separado del poder real por más de 10.000 Km a vuelo de pájaro a Madrid, o por tres meses de navegación a vela.

Los Ilustrados y Los Moderados

El primer antagonismo clásico de la política argentina es el representado por los jóvenes embebidos de las ideas del liberalismo económico y político puesta en escena por la Revolución Francesa, generalmente asociado al poder naciente del imperio comercial y territorial inglés. Moreno, Manuel Belgrano, Juan José Castelli, Domingo French, Antonio Beruti, Juan José Paso y Bernardo de Monteagudo. A los excesos de algunos de ellos, como los de Castelli en el Alto Perú, debemos la base del rechazo a los porteños que, con los años, llevará a la separación de esa región de Argentina.

Por el otro lado estaban los sectores moderados cuya primera cabeza visible es Saavedra. Los mismos se apoyaban en los sectores populares de Buenos Aires y la campaña. En un primer momento toman la delantera los sectores liberales mientras que luego aumenta su preponderancia los moderados quienes, inclusive, se hacen momentáneamente del poder  mediante la acción del Alcalde de campaña Campana con el apoyo de los húsares de Martín Rodríguez.

Dicha preminencia dura poco y luego comienzan a pesar las relaciones afines con Inglaterra de los sectores liberales de comerciales, importadores y profesionales a su servicio, del puerto de Buenos Aires, frente a los sectores populares más relacionados con la tierra,  la ganadería y las costumbres seculares. El personaje principal de un liberalismo pro inglés y fuera de época lo constituye Bernardino Rivadavia que, con su corrupción, retrata una época y define el giro del enfrentamiento entre ilustrados y Moderados que pasará a ser entre Unitarios y Federales a partir, convencionalmente de la asunción de Rivadavia a la Presidencia y su persecución a los caudillos federales. Esta etapa de transición dura hasta el asesinato del Gobernador Dorrego por los Unitarios que hace estallar las pasiones de una manera incontrolable.

Unitarios y Federales

Desde el asesinato del Gobernador Dorrego hasta la derrota del General Felipe Varela en la batalla del Pozo de Vargas en 1867, durante casi 40 años, Argentina se debatió en un enfrentamiento a muerte entre La Santa Federación y los Salvajes Unitarios según gritan los Federales, o bien entre la Civilización y la Barbarie, según vociferan los Unitarios.

El enfrentamiento en realidad es entre un liberalismo internacionalista que entendía que Argentina debía ligarse a la potencia emergente del imperialismo inglés abriéndose al comercio internacional y a la violencia prepotente de Inglaterra, Francia y la naciente USA, y los sectores nacionalistas que deseaban emprender un camino propio e independiente para el desarrollo del país controlando su destino mientras que el país se organizaba y se desarmaban las pasiones exacerbadas que solo se aplacaban, momentáneamente, con la sangre y las degollinas de una sociedad que hacía un culto de la violencia política.

En realidad el condicionamiento externo del enfrentamiento histórico con Brasil por su expansión hacia el Sur, la cola del diablo representada por los imperios de Inglaterra y Francia, que en dos momentos diferentes bloquearon por varios años el puerto de Buenos Aires y consiguieron crear un estado tapón en el Río de la Plata sosteniendo a los liberales de Montevideo contra la campaña uruguaya, redujo todo el problema a un enfrentamiento del liberalismo con el Brigadier Rosas, Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, a cargo de las Relaciones Exteriores y la Defensa de la Confederación Argentina a partir de 1829.

El condicionamiento externo debido al enfrentamiento con Brasil por Uruguay, la defensa de la prepotencia Inglesa y Francesa y la permanente asociación de los Unitarios con los gobiernos extranjeros que atacaban a la Confederación produjo una cristalización a la defensiva de Rosas, con una política exitosa frente a los extranjeros, pero inmovilista y opresiva para los sectores ilustrados quienes daban preminencia a la belleza y comodidad del libre comercio internacional frente a la defensa del honor y del territorio.

Este torbellino dura de 1929 a 1852 y se resuelve trágicamente cuando Urquiza,  General en Jefe del Ejército de la Confederación Argentina destinado a invadir Brasil, se pronuncia contra Rosas y, aliado con los brasileños, lo derrota en Caseros en 1852.

Buenos Aires y las Provincias

Luego de la caída del Gobernador Rosas el problema no se resuelve mágicamente ya que, como había preanunciado San Martín cuando su frustrado regreso, era necesario el aplastamiento total de una de las facciones para lograr la paz y el no deseaba participar en ese proceso.

En efecto, el derrocamiento de Rosas significó la derrota final del partido Federal y gracias a la pluma de Mitre y otros exilados en Montevideo la creación de la leyenda negra sobre Rosas, cual ocurrió en a partir de 1955 con Perón, sin que las sangrientas diatribas contra ellos los disculpen de sus desaciertos. Debieron pasar muchos años en ambos casos para poder hacer un balance ecuánime de esos importantes ciclos históricos.

Mas la derrota final del Partido Federal no eliminó el problema del federalismo y la unidad. Su resolución llevó otros 28 años.

En esos años, luego de que se jurara la Constitución de 1853 y asumiera Urquiza como primer Presidente, se separó Buenos Aires de la República Argentina, hubo fuertes enfrentamiento armados, hasta que Buenos Aires, con sus poderosas rentas aduaneras, consiguió ahogar económicamente a la República gobernada desde Paraná y se y adueñó de ella. El periodista Mitre, que era Gobernador de Buenos Aires, se hizo elegir Presidente de la Argentina y mediante el apoyo de Sarmiento y el ejército nacional dirigido por generales uruguayos amigos de Mitre en su vida en Montevideo, eliminó a sangre y fuego a los dirigentes federales del interior del país. Cumplió así con el anuncio de San Martín sobre la desaparición de una de las facciones a manos de la otra.

Esta política fue continuada por Sarmiento convertido a porteño mientras que, con Avellaneda, se llega a un equilibrio entre el Interior y Buenos Aires, donde la educación promovida por Sarmiento y llevada a cabo con gran fuerza por su ministro de Educación y luego sucesor en la Presidencia,  Avellaneda es el gran cohesionador interno.

Sin embargo, al final de la Presidencia de Avellaneda vuelve a rugir el tornado ya que Buenos Aires desea sojuzgar al gobierno Nacional y asistimos a una nueva guerra civil que la ganará el ejército nacional, hechura del conquistador del desierto y futuro Presidente Julio Argentino Roca, quien funda la Argentina moderna bajo un régimen liberal asociado al capital inglés cuyos resultados económicos fueron notorios hasta la crisis del año 1929.

El Régimen Liberal y Las Clases Medias (La Causa vs El Régimen)

El sistema político inaugurado por Roca, llamado posteriormente “El Régimen” por Hipólito Yrigoyen, llevaba en su propio éxito el germen del ciclón que se avecinaba, ya que el producto del desarrollo económico y la inmigración, comenzada unos años antes, y el avance de la educación, implicó en pocos años la aparición de importantes sectores de individuos de clase media ilustrada dispuestos a disputar el poder que, hasta el momento, era propiedad de los sectores tradicionales de la Argentina histórica.

Aparece acá cierta miopía de la clase gobernante, demasiado admirada de sus logros económicos y de integración en los circuiros del poder mundial quienes, a pesar de la revolución del Parque que en 1890 trajo como consecuencia la renuncia del inepto Juárez Celman, cuñado de Roca y una crisis de deuda externa fenomenal, no vieron a tiempo la necesidad de integrar a los sectores medios de la sociedad al poder.

Es así como desde 1890 cuando se crea la Unión Cívica y hasta 1912 cuando se sanciona la Ley del Sufragio Universal, la Unión Cívica Radical, dirigida por Don por Hipólito Yrigoyen, es la espina en el costado de los gobernantes mediante la oposición activa, innumerables revoluciones armadas y cuantos recursos encuentra para doblegar al Régimen y el fraude que impedía el acceso de las nuevas capas sociales al poder. Cuándo ello ocurra en 1918, se hará cargo Yrigoyen de la Presidencia y provocará la misma repulsa en los sectores pudientes que provocará el Peronismo a partir de 1945 cuando de acceso y visibilidad política a trabajadores y a las mujeres.

El Radicalismo y El Poder Exportador y Financiero

El reemplazo del Radicalismo de Marcelo T. de Alvear, complaciente con los sectores exportadores y financieros, por Hipólito Yrigoyen y su vieja guardia menos permisiva con los poderosos, provocó inquietudes que se potenciaron ante la política de YPF de bajar el precio del kerosén y la nafta, lo que tocaba innumerables intereses nacionales e internacionales.

A ello debe sumarse la pérdida de capacidad personal del Presidente y la crisis económica y financiera que golpeó en 1929 a los países centrales y en particular a Gran Bretaña muy disminuida después de la primera Guerra Mundial, lo que la llevó a cerrarse en las compras de abastecimientos agropecuarios a la producción de sus colonias en detrimento de su tradicional abastecedor, Argentina.

Los intereses internacionales y los del poder económico local se encargaron de promover que los militares se levantaran contra el gobierno legal y que la Suprema Corte de Justicia diera sustento legal a ese asalto ilegal al poder.

Peronistas y Gorilas

El acceso del Peronismo al poder se va conformando a lo largo de los años 1943 a 1945, eclosiona el 17 de octubre de 1945 y se hace poder constitucional democrático el 4 de junio de 1946. Tiene su estructura electoral de apoyo en los trabajadores y en muchos laboristas, socialistas, conservadores y radicales desencantados de la política llevada a cabo por sus partidos entre los años 1932/43 caracterizada como la “década infame”.

Los años del ciclo 1946/55 dan lugar a una grieta en la sociedad en la que todo lo que no eran o no apoyaban al peronismo se constituía, automáticamente, en gorilas, secuaces de la década infame, oligarcas explotadores, malos argentinos y miembros de la anti patria, vendidos al imperialismo. Contrario sensu, todos los que apoyaban al gobierno eran una chusma de cabecitas negras, unos grasas mal olientes, chabacanos, borrachos y holgazanes.

En fin que a pesar de que el pueblo trabajador se sentía feliz y agradecido a un gobierno mayoritario y democrático que manejaba la autoridad con eficiencia, la tensión social creaba dos argentinas irreconciliables. Esta fractura persistió hasta que cundió el hartazgo contra los militares y los gobiernos débiles allá por el año 1970, cuando las estructuras partidarias comprendieron que el peronismo era parte de Argentina y debía reintegrárselo al cuerpo político del cual estaba proscripto.

Civiles y Militares

El golpe militar de 1930 generó un tornado mayor que nos envolvió, por más de 50 años, desde 1930 hasta fines de 1983, en el que recurrentemente el poder militar fue gobierno auto designado 1930/32;1943/45; 1955/58; 1976/83, o controló a gobiernos civiles débiles, Roberto Ortiz y Ramón Castillo:1938/43; Arturo Frondizi: 1958/62; José María Guido; 1962/63, Arturo Íllia: 1963/66; o aceptó a regañadientes hasta derrocarlo, a un poder civil, Juan D. Perón;1946/1955 y el ciclo de Héctor J. Cámpora, Juan D. Perón y María E. M. de Perón,: 1973/6. Dentro de ese trasfondo de oposición entre Civiles y Militares crecieron otros tornados tanto o más importantes que aquel.

Las Organizaciones Juveniles Armadas contra el Poder

El resultado final de esos años de preponderancia militar en el gobierno, o detrás del mismo, trajo aparejado: la desaparición, casi hasta la extinción, de una clase política responsable, una corrupción sin tasa ni medida, una guerra con Chile que se paró a horas de los primeros disparos, una guerra perdida con Gran Bretaña por las Islas Malvinas, miles de argentinos muertos por las formaciones armadas juveniles y la matanza de ellos y sus simpatizantes a manos de militares enloquecidos que no comprendieron que el pueblo deseaba la derrota de esa insurgencia pero con la ley en la mano, no mediante un genocidio vergonzoso.

Más allá de que en su origen la estructura de Montoneros fue apañada por el General Onganía a quien se sindica, junto con su Ministro de Interior, el General Ímaz, como los responsables ideológicos de la muerte del General Aramburu, ella nace como la unión de sectores juveniles rebeldes del nacionalismo y de las juventudes católicas. Es de hacer notar la curiosidad de que su plana mayor estuvo constituida por jóvenes de alto nivel de instrucción, procedentes de familias de muy buen poder adquisitivo y profundamente antiperonistas.

Esta estructura, aleccionada militarmente en Cuba, solicita apoyo político a Perón de quien se declaran tributarios. Se desenvuelve un baile donde cada quien piensa utilizar al otro para sus fines, fines políticos en el caso de Perón, la toma del poder de cualquier forma por Montoneros y la insurrección en Argentina por parte de Cuba, como agentes de la URSS..

El mejor ejemplo de ello es que: derrotados políticamente los militares y dos días después de haber ganado Perón las elecciones para un tercer mandato con el 62% de los votos, Montoneros asesina al Secretario General de la CGT, José Ignacio Rucci, hombre de confianza de Perón en el sindicalismo. Por otro lado, cuando Montoneros recibe el rescate de los hermanos Born, de la principal multinacional argentina, Bunge y Born, cuyo monto ascendió a 60 millones de dólares, parte del cual envía en depósito a Cuba y otra ´parte significativa la deposita a través del banquero Graiber.

La guerrilla Montonera, asociada con las formaciones de extrema izquierda siguieron con su plan de batalla  contra el gobierno civil de Perón, muerto éste contra el de su esposa y después del derrocamiento de ésta, contra el gobierno militar quien los derrota mediante un genocidio dirigido a la tropa y a sus soportes civiles, la compra o cooptación de las cúpulas reconvertibles (Montoneros) y el aniquilamiento de las no comprables (ERP).

Se salvaron los que se dieron vuelta sean de la tropa o los dirigentes y los que emigraron a tiempo. Muchos emigrantes recibieron fondos internacionales como refugiados políticos y continuaron sus carreras formativas en el exterior a alto nivelo consiguieron sustantivos apoyos internacionales.

Cuando vuelve la democracia la formación conseguida y los apoyos obtenidos les permiten hacer carrera cultural, científica o política con un hándicap frente a los sectores democráticos que quedaron en Argentina sometidos a los años de plomo de la dictadura militar.

Recuperación Democrática y Derrota Cultural

La dictadura militar venía deteriorando su estructura de poder. Rechazo internacional, activismo de las madres y las abuelas de Plaza de Mayo, huelga y movilización encabezada por Saúl Ubaldini bajo el lema  “Paz, Pan y Trabajo”, “Abajo la dictadura militar”.

La situación llevó al General Galtieri a intentar un cambio radical dando pie libre al Almirante Anaya con el proyecto preparado y alistado de la invasión a las Malvinas.

De la exaltación patriotera y desmedida se pasó en poco tiempo al duelo de una guerra perdida y al desprestigio personal de los principales actores de la cúpula militar. Ello llevó a desprenderse rápidamente del poder y tratar de poner coto a las investigaciones tanto sobre la guerra como sobre las barbaridades cometidas con los derechos humanos de los habitantes de nuestro país, tanto nacionales, como extranjeros.

Una consecuencia de esa situación de tan rápido desmoronamiento del poder militar es que los cuadros políticos jóvenes no estuvieron en condiciones de participar en la pelea política principal con efectividad. No debe olvidarse que el peronismo sufrió 18 años de exilio y cuando accedió al poder en el 76 lo hizo en medio de una confrontación que potenció a los violentos de ambos bandos, con lo cual la práctica democrática del ejercicio cotidiano del acuerdo y la razonabilidad no se pudo ejercer.

El Peronismo enfrenta entonces el proceso democrático con 28 años de inmovilismo en el ejercicio de la negociación política, la moderación y la conducción de los resortes del estado en un marco democrático. Su historia, en particular, al provenir de un proceso democrático y pacífico, aunque revolucionario, no era la mejor escuela para sus cuadros jóvenes, formados más en el agonismo que en la arquitectura política.

Los cincuenta y tres años anteriores, cargados de inestabilidad política y presencia excesiva de poder militar, fueron, entonces, una piedra de molino en la construcción del proceso democrático que llevó a un estallido de las contradicciones el mismo en el año 2001.

En todos esos años y en los 14 años posteriores, asistiremos a la incorporación a la vida pública de una generación parte de la cual vivió el miedo a la muerte como una realidad cotidiana, otros se exilaron y se alejaron durante años del país real, otros se refugiaron en la vida familiar y laboral tratando de olvidar sus sueños juveniles. Todos ellos, sin embargo, conservaron, cristalizados y sin transformar ciertos paradigmas nacidos en las décadas del 60 y del 70 donde lo transgresor, lo contestatario, la permisividad, la repulsa a los sistemas basados en premios y castigos, el mérito y el cumplimiento de la ley eran valores supremos expresados como repulsa íntima a los valores de sus padres y sus abuelos para los que los mismos eran una guía moral en la conducta cotidiana.

Las consecuencias de todo ello en la educación, la justicia y el comportamiento ciudadano están hoy a la vista y es el demérito a corregir.

Los Kirchneristas y Los Otros

En el año 2003 la ciudadanía expresó en las urnas, por muy poco, la íntima necesidad que teníamos de reconstruir el estado. Néstor Kirchner se abocó a ello y la historia juzgará si lo que hizo de positivo en reconstruir la autoridad de la Presidencia, compensa otros aspectos que tanto él como su esposa y sus seguidores trajeron a la realidad de estos años.

No voy acá a poner sobre el tapete aspectos que tienen que ver con la corrupción, con la política de gastos, la energía, el federalismo,  los medios de comunicación, ni la utilización descarada de los derechos humanos para fines políticos y personales innobles.

Si, en cambio, deseo poner en evidencia que se ha conseguido recrear, sobre todo por la Presidente Cristina Fernández de Kirchner, el ambiente terriblemente hostil entre gobierno y oposición que fuera habitual en la década de 1945/55

La costumbre de considerar como enemigo de la patria al adversario político termina creando en el adversario un enemigo. Hoy vemos reproducido algo parecido al ¡Viva el Cáncer! de los sectores antiperonistas ante la enfermedad de Evita como un producto de horas y horas de agresividad verbal desde las cadenas nacionales; esto es así al punto que automáticamente se anuncia la cadena nacional y la mayoría de la población conectada a servicio de cable pasa a un canal extranjero para estar a salvo de la fatigosa e injuriosa verborragia presidencial que no aporta sino autoalabanzas.

Breve Comentario Final

Este tire y afloje desmedido y continuo donde las partes giran sobre si mismas sin avanzar en proporción a la velocidad de su movimiento es posiblemente la cuestión central que no puede disolverse ya que la diversidad de intereses forma parte de la condición humana. Cabe sin embargo plantearse que los espíritus deberían amainar los niveles de antagonismo si queremos que el conjunto tenga energía suficiente para avanzar.

Por Osvaldo Mario Benedetto

Buenos Aires, 4 de junio de 2015

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Osvaldo M. Benedetto

Osvaldo M. Benedetto

Ingeniero egresado de la Universidad Tecnológica Nacional. Conductor del programa radial Conversando con Amigos. Ejerció la docencia Universitaria y trabajó en el diseño y ejecución de políticas públicas en el Ministerio del Interior, la Honorable Cámara de Senadores y en los Municipios de Berazategui, General Rodríguez y Avellaneda.
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