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Uber y los derechos de incidencia colectiva

eduardo abrevaya

 

 

 

 

Algunos derechos los podemos ejercer todos los habitantes de este bendito suelo patrio, sin excepción, ejemplo de lo antedicho son los derechos enumerados en el art. 14 de la Constitución Nacional, el derecho a trabajar y ejercer toda industria lícita; el de navegar y comerciar; el de peticionar a las autoridades y otros más (basta ir al texto constitucional y leerlos). Estos derechos están en cabeza de todos y de cada uno de nosotros que somos los miembros de la comunidad ¡jurídicamente organizada! Son derechos individuales. Hasta aquí íbamos bien, digamos bastante bien. Funciona. Cierra. Ante el menor atisbo de verse cercenado el ejercicio de un derecho individual,  la persona -cualquiera que ella sea- sacaba la Constitución Nacional -que todo habitante debe llevar en el bolsillo del caballero o en la cartera de la dama- y decía muy suelta de cuerpo y con toda seguridad: ¡momentito! esto es ¡inconstitucional! y entonces en el país de las maravillas, inmediatamente venía el juez y ponía las cosas en su lugar. Se arreglaba la cosa. Y todos felices y contentos como perro con dos colas. Ahora bien, con el paso del tiempo, algunos, que son más vivos que otros, vieron una veta que no estaba explotada por nadie y dijeron, che, mirá, nosotros somos talabarteros (por ejemplo) y conocemos muy bien nuestro oficio, donde comprar la materia prima, como trabajarla, como hacer que los costos sean menores y como vender el producto de nuestro trabajo de manera de obtener la mejor renta, bla bla bla y algunas cositas más que mejor no mencionamos. Y entonces ahí nomás se preguntaron ¿y si viene uno que no sabe nada de cueros y se pone a hacer cinturones (a lo mejor mejores que los nuestros, no seguro que no son mejores) y encima los va vender a menor precio que nosotros, y si pasa eso ¿no tenemos derecho a que ‘alguien’ le pare el carro? porque eso que hace nos va a desacreditar a nosotros -los buenos- que hacemos cinturones hace muchos años y los que hará este tipo váyase a saber cómo los hace, y seguro va a perjudicar a nuestros clientes, porque serán cinturones que se romperán y los dejarán en bolas en cualquier lugar! Y nos va a sacar el trabajo y la comida de  nuestros hijos, de nuestras mujeres!, de nuestras familias!! Y entonces ¿qué pasó? uno de los talabarteros dijo: ¿por qué no creamos otros derechos? unos derechos que estén en cabeza de nosotros los talabarteros, derechos que solo podamos ejercer nosotros en exclusividad, que nadie más que nosotros los talabarteros podamos hacer cinturones ¿Se entiende? Bueno, así de esta manera y con estos razonamientos tan hermosos, nacieron los Derechos de Incidencia Colectiva. Derechos que como todos ya hemos visto son más derechos que los derechos llamados individuales, más poderosos. Son derechos que la tienen más larga. Bueno todo esto que yo les estoy contando pertenece a la reforma introducida en el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación Argentina. Así los establece en su  artículo 14. Y hete aquí que justamente son estos derechos de incidencia colectiva en donde se amparan por ejemplo, los taxistas sindicalizados para impedir el funcionamiento de Uber. Así de simple. No importa lo que Uber haga. No importa que en algún momento cumpla con todas y cada una de las absurdas normas habidas y por haber, producto del Estado socialista en que vivimos. Si Uber es mejor para el usuario, más barato, más seguro, y paga todos los impuestos que le inventen para no dejarlo funcionar. Si Uber hace más que nadie. Si en cada auto Uber hay un equipo de terapia intensiva por las dudas. Si cada auto Uber es conducido por un Alonso. Si cada auto Uber es blindado. SI cada auto Uber. Basta. Si Uber hace mucho pero mucho más que Viviani, más que Larreta, más que la Madre Teresa de Calcuta. Igual Uber no será dejado en paz. Y finalmente se va a tener que  ir del país. Y nadie se va a poner a pensar en serio si a Uber le corresponde o no le corresponde que la encuadren en lo que la quieren encuadrar para evitar que su servicio sea puesto a disposición de quienes quieran usarlos, sean ‘choferes’ o usuarios-pasajeros. Porque en el fondo a nadie le importa un carajo el pasajero, ni a los taxistas sindicalizados ni al gobierno ni a las aseguradoras, a nadie. Lo único que importa es que un grupo corporativo siga haciendo ‘sus’ cinturones y que nadie más pueda ni siquiera hacer un cinto con hilo sisal. Esta es la pura verdad. Lo demás dejémoselo a Highton y a Lorenzetti. Ellos van a saber explicar mucho mejor que nadie, en qué consisten los derechos de incidencia colectiva. Una cosita más. Y para terminar. Cuando la Corte Suprema de Justicia presentó en ‘sociedad’ el nuevo Código Civil y Comercial de la Nación, la Dra. Highton afirmó:hemos terminado de una buena vez con el código civil de la oligarquía. ¿Alguien tiene alguna pregunta? No. Terminamos. Si si, una cosa más. Tal vez Uber pueda funcionar, operar y dar servicio, si y solo si finalmente se ‘entiende’ con el que corta el bacalao tachero ¿me copias? Así funciona el socialismo. Todo lo demás es hojarasca.

Por Eduardo Abrevaya

20 de abril de 2016

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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