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Somos esclavos

eduardo abrevaya

 

 

 

 

Somos esclavos. No somos hombres libres. Es solo una ficción. Una vil mentira. Una falacia. Un acuerdo de otros.  Un contrato escrito en la arena. Y la marea subió. No, no lo somos. No somos libres. ¿Un Estado de derecho?, tampoco. Un Estado de obligaciones. Mejor. Describe mejor lo que somos. Solo para nosotros. Y el gobierno es débil. De ideas. Es pobre en sus decisiones. Es incapaz de enfrentar. Mucho posgrado. Poco adoquín. Entonces, no hagan olas. Es la recomendación. Triste de toda debilidad. Es la realidad. Lo que hay. Dos poderes hacen agua, el Judicial uno, el Ejecutivo el otro, –el que falta nombrar hace rato que se convirtió en un oprobio-. Los jueces forman parte del gobierno. Aunque no parezca así es. No lo digo yo. Lo dice la Constitución Nacional. Esa que está en estado de desuetudo. Jueces que han compartido doce años del oprobio. Doce años y medio. Y con tanta corrupción palmaria ¿A quién condenaron? ¿A qué pez gordo atraparon? A ninguno. A ninguno. A ninguno. Ni siquiera Menem (condenado a ocho años) está preso. No solamente no está preso sino que es senador nacional y le pagamos su dieta, todos los meses. Aunque no la necesite. Pero se la pagamos. Y cada día el sistema nos pide más y más. Es insaciable. Y los que no tienen obligaciones porque son los supuestos excluidos cada día nos exigen más. Y hay que darles más, más, más y más derechos. Y ninguna obligación porque los estigmatiza. Ninguna. Las obligaciones son nuestras. Nadie se atreve. Se declama (falsamente) que todos tenemos derecho a manifestarnos. Es falso. Nadie se manifiesta. Solamente. Se manifiestan y amenazan ellos. Y amenazan la paz. De nosotros. La libertad. De nosotros. Sus declarados enemigos y esclavos. Porque producimos para que ellos puedan manifestarse y amenazarnos. Es simple. Se llama extorsión. Está bien tipificada en el código penal. Logro que el otro – bajo amenaza- haga algo que no quiere hacer. Lo que no quiere hacer. Y lo hace porque no es libre. Ellos quieren que seamos sus enemigos. Ese es el negocio. Ellos buscan la provocación. Azuzan al sistema. Y al sistema no se le mueve un pelo. Y acá estamos, dicen. Si no les gusta mejor. Los estamos esperando. A ver si se atreven. Los esperamos. No tenemos nada que perder. Cuanto peor mejor. Y tampoco les interesa perder. Porque saben que estamos para bancarlos. Para pagarles los planes. Los hijos. Los pasajes. Los bonos de alimentos. Todo. Estamos vencidos. Moralmente acabados. Estamos. Solo para recibir los reclamos y satisfacerlos. Somos el jamón del medio. El que se come otro. No nosotros. Los ricos deciden cuanto les tenemos que dar a los ‘excluidos’. Y no tenemos derecho a ningún pataleo. Porque estamos para eso. Trabajar, pagar los impuestos, volver a casa y si llegamos vivos, prender el televisor y esperar que comience la novela del noticiero novelado. La serie que nos cuenta cuanto nos sacaron hoy y nos pronostica cuanto nos sacaran mañana. Esta sociedad en la que vivimos se la representa muy bien con el siguiente ejemplo: sube un mugroso (si, un mugroso) al subterráneo a las 19:30 horas, pasajeros cansados, agotados, sin ganas de nada, solo de llegar a casa.. Un día duro. El mugroso (que se levantó hace media hora) se para en el medio del vagón y empieza a propalar con un mugroso parlante, ruidos molestos  a todo volumen, molestan, molestan y mucho a todo el mundo, un minuto, dos, tres, para y reclama a viva voz ¡a ver los aplausos! -porque tienen que haber aplausos- así lo indica el mugroso ¿y saben que pasa? La mayoría aplaude. ¿Y sabe por qué aplauden? Porque la mayoría tiene miedo que el mugroso le reclame que lo aplauda. Tiene miedo. Y entonces el mugroso se sale con la suya, y como corolario hace pasar la gorra por otro, también mugroso, y los que aplaudieron y los que no, ponen, calladitos. El miedo se les nota en la cara. Pero ponen. Estamos vencidos. Yo no me resigno. Yo quiero ganar esta guerra que nos han declarado.

Por Eduardo Abrevaya

17 de abril de 2016

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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