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Semana 5 – El peronismo en su peor momento

german gegenschatz

 

 

 

 

El Peronismo se horizontaliza cuando pierde una elección y se verticaliza cuando la gana. Estos movimientos le permitieron renovarse y encontrar un liderazgo desde el llano o gestionar desde el poder. Los procesos de renovación y gestación de nuevos liderazgos fueron siempre diferentes, pero jamás desde una posición de poder tan menguado como en el presente.

Luego del triunfo de la UCR de 1983, el peronismo tuvo primero una renovación encabezada por Antonio Cafiero, Carlos Menem y Carlos Grosso. Después, en las internas partidarias del 10 de julio de 1988, vino la definición de un liderazgo para competir por la presidencia en 1989, que se dio en el seno del sector renovador, resultando ganadora la fórmula Menem-Duhalde sobre Cafiero-De la Sota.

Luego del triunfo de la Alianza en 1999, el proceso de renovación, a diferencia del anterior, no se dio mediante elecciones internas. Las definiciones se dieron durante y a partir de la crisis del 2001 que produce el desplazamiento de De la Rúa y la consolidación de Duhalde en la Presidencia. Duhalde fue, de algún modo, la renovación después de la derrota de 1999, con el apoyo y el límite de gobernadores.

En el 2003 fue el turno de definir el liderazgo del peronismo, que se debatió en las elecciones generales, no en internas como en 1988, y resultó ganadora la fórmula promovida por Duhalde: Kirchner-Scioli y el vencido, ahora definitivamente, fue Carlos Menem. Ambos procesos, de renovación y de definición de liderazgo, fueron protagonizados por peronistas con sus raíces, tan visibles como profundas, en el Menemismo que venían a reemplazar, una diferencia notable respecto del proceso de renovación producido tras la derrota de 1983.

Desde 1988 hasta el presente los procesos de renovación y definición de liderazgos no se dan en las elecciones internas. Instalados en el poder los Kirchner a partir del 2003, vivimos la etapa más prolongada de la mencionada verticalización, resultando de esto el sometimiento más profundo y denigrante del peronismo a los designios del Poder Ejecutivo Nacional y con ello, la derrota electoral más devastadora del PJ en una elección presidencial.

Hoy el peronismo enfrenta su tercer etapa de horizontalización, fruto de la durísima derrota sufrida el 10 de diciembre de 2015. Esta vez hay diferencias sustanciales con las historias anteriores:

  • El proceso de renovación no se da bajo un gobierno debilitado por el militarismo sufrido por Alfonsín o el defecto de una coalición gobernante sin liderazgo ejecutivo como fue la Alianza. Por el contrario, Mauricio Macri lidera cómodamente el espacio que lo depositó en la presidencia, sin contradictores internos, mientras sus principales problemas son atribuibles a la gestión del Kirchnerismo.
  • El peronismo perdió la provincia de Buenos Aires, por tanto carece del factor ordenador y el aparato clientelar que siempre le proveyó ese distrito clave. Recordemos que Cafiero era gobernador de la Provincia durante la renovación que lideró personalmente y durante la interna que encumbró a Menem. Luego fue Carlos Ruckauf durante el Gobierno de la Alianza y la definición de la presidencia de Eduardo Duhalde, finalmente fue gobernador Felipe Solá durante la elección y presidencia de Néstor Kirchner. Hoy Mauricio Macri tiene a María Eugenia Vidal en la Gobernación de Buenos Aires, fiel a su conducción y con un apoyo mayor a nivel provincial que el propio Macri a nivel nacional.
  • El resabio emocional favorable al kirchnerismo está más dentro que fuera del peronismo, que está bastante de acuerdo con el kirchnerismo verbal y su impronta confrontativa, a diferencia de lo sucedido tras la derrota de Menem en 1999. Esta situación dificulta la renovación porque si el PJ cede espacios de conducción al kirchnerismo consolida la mayoría que lo desalojó del poder, y si extrema su diferenciación del kirchnerismo cede un espacio electoral propio que también lo deja fuera de competencia electoral, por lo menos en lo inmediato.

En este contexto se debate el PJ, que incluye la difícil tarea de lograr que la sociedad acepte la explicación que intenta diferenciar al peronismo del kirchnerismo mientras que este insiste en seguir liderándolo, mientras la libanización del peronismo de la provincia de Buenos Aires es una realidad apaciguada por la necesidad de presupuesto de sus intendentes, mientras la sed de fondos de gobernadores del PJ juega a favor de Mauricio Macri que, indudablemente, está en una posición inmejorable de influir en la interna del PJ, como ya lo hizo llevando a Sergio Massa al Foro de Davos, y de sacar sus dividendos del estado de situación de su principal contradictor, el PJ que perdió abrazado a un obediente Daniel Scioli, que se debe un debate mucho más amplio, sincero y transparente que el que observamos en los medios.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 29 de enero de 2016

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina