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Semana 49 – Argentina busca su futuro

german gegenschatz

 

 

 

 

En el 2001 hubo un default político y económico. Las autoridades de entonces decidieron llevarse el dinero depositado en los bancos, y la gente expropiada pidió que se vayan todos. Así empezó el Siglo XXI, un nuevo abuso de poder pesaba sobre la población, esta vez en democracia.

El dinero perdido por los depositantes no se recuperó, el dinero invertido por los bonistas tampoco, algo se devolvió a algunos, algo a otros, pero seguimos desconfiando de los bancos, Argentina sigue sin recuperar su crédito externo, y recién ahora parece que serán retirados del poder quienes se acercaron a la política durante dictaduras, o democracias auditadas y controladas por las FF.AA.

El viernes habrán pasado los doce años en el poder del último pelotón variopinto de “la política” que se dedicó, con todos los recursos disponibles y gran esmero, a inocular a las nuevas generaciones miradas, doctrinas, miedos, odios y errores de épocas pasadas y mundos terminados, sin solucionar en forma alguna los desafíos del presente, y muchísimo menos de sembrar las bases sustentables de un futuro de paz y prosperidad, aunque lograron con creces los objetivos de enriquecerse a sí mismo, y de sucederse en el poder durante mucho más de dos décadas.

Creo que debemos intentar superar las visiones de izquierdas y derechas propias de la guerra fría, evitar la importación de “recetas” sin adaptaciones a nuestra realidad e interés nacional, los “progresismos” de otras culturas y tradiciones, pero también, cuidarnos de esa idea autóctona de la “exclusividad” Argentina, aquella que cree que toda experiencia fracasada en el mundo aquí va a funcionar, o que todo el mundo se va a ordenar a nuestros debates y necesidades; o aquella Argentina infantil que cree que todos los males vienen de afuera, exportando las culpas de sus dirigencias locales, y que espera que una persona o grupo de iluminados van a solucionar todo. Repetir el pasado solo necesita de nuestra vocación por enfrentarnos, últimamente reforzada y abonada con ofensas recíprocas y desatinos que exceden largamente la campaña electoral, y que seguiremos viendo, aunque espero que cada vez más esporádicamente.

Hay algo que nos falta mucho y no cuesta dinero, la paciencia. Necesitamos vencer nuestros impulsos de revancha y perdonar, superar errores dejando la soberbia a un lado, apostar a la perseverancia aplicando nuestro ingenio e inteligencia para hacer nuestros logros sustentables, evitando las “avivadas” y las “truchadas” a sabiendas que elegir vivir al día sacrifica el futuro.

Argentina nació abrazada a una constitución que pretendió sepultar décadas de divisiones y guerras civiles, para hacernos una Nación de ciudadanos libres, organizados en una comunidad sometida a la ley y no a los hombres, y comenzar así la búsqueda de la felicidad y la prosperidad. Esa búsqueda es la que abandonamos cada vez que priorizamos las disputas para el exterminio del que piensa diferente, algo que fue recreado por este gobierno. Así fue como experimentamos el retorno de viejos odios y viejos problemas en todos los frentes, y es por este retroceder al pasado que fueron expulsados por el voto popular, porque no se encargaron de solucionar los problemas actuales de cada uno de nosotros.

Más allá de todos los prejuicios que se puedan tener, llega al poder un grupo enorme de jóvenes y no tan jóvenes, pero que prácticamente todos se hicieron y formaron en la política en los últimos 25 años, y que buena parte de ellos, con tan solo 8 años de compromiso público, lograron organizarse y ganar varias elecciones, asumiendo la responsabilidad primaria de la conducción del país, y venciendo a quienes hasta hoy nos daban cátedras de todo, a quienes nos miraban desde arriba a todos aquellos que debatían sus ideas, o los querían confrontar con los resultados de sus gestiones de gobierno.

Quizás no sea cosa de “nueva” o “vieja” política, quizás simplemente una mayoría ratificó el compromiso de vivir nuestras diferencias en paz sin suprimirlas por la fuerza, buscando en ese contexto la felicidad y la prosperidad de cada uno de nosotros y de todos, y que para lograrlo apostó a un grupo de personas formadas en la gestión de lo público mayoritariamente después de 1983. Están dadas las condiciones para empezar a mejorar, se trata de no desaprovecharla otra vez.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 4 de diciembre de 2015

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina