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Semana 46 – El Tío Tom, Harris y el miedo

german gegenschatz

 

 

 

 

Cuando escuchamos insistentemente que si cambias tu voto vas a perder los planes sociales, o tus subsidios, o tu dólar “barato” para viajar, o el “Ahora 12”, o los “Precios Cuidados” o “todo eso” junto, podemos realizar varias interpretaciones, pero me voy a concentrar en las dos principales.

La primera y más lineal es creer directamente que “todo eso” es algo bueno que te “dieron” y que si viene otro te lo van a quitar, mantener “todo eso” es una prueba de “bondad” del gobernante, una “ventaja” para vos y por tanto perderlo es malo. La segunda opción es pensar que “todo eso” lo podes tener, o dejar de necesitar, con el fruto de un buen trabajo o de la solución de los problemas. Entonces ahí ya piensas que “todo eso”, de alguna forma, termina por someterte al gobernante, y por tanto la solución no es negocio para el que gobierna, y entonces la solución de tu necesidad comienza por no ceder al miedo frente al gobierno que capitaliza esa necesidad a su favor, o sencillamente no puede solucionarla. Es que sin inflación no hay Precios Cuidados, con créditos de vivienda disponibles no hay plan procrear, sin salarios bajos no hay subsidio energético o plan Ahora 12, con empresas competitivas no hace falta dólar competitivo, y así podemos seguir.

Es lógico tener miedo a perder paliativos, pero también es poco entendible ratificar en el mando a quien construye y mantiene su poder con tu necesidad, y es absolutamente injustificable pensar que no hay otra alternativa que someterse por necesidad o miedo. También se puede exigir soluciones en vez de paliativos o placebos, y dejar de votar inmediatamente cuando ese resultado no se logra.

Aquí esta la cuestión del recurso de apelar al miedo, deliberadamente te minimizan la visión mostrándose a ellos y sus herramientas como lo “único”, “indiscutible” y “conveniente” para vos, te muestran como beneficios los eslabones de la cadena de necesidades que aprovechan para tenerte agarrado, y así, nuevamente, los herreros de tus cadenas, te convocan a trabajar en su herrería.

La Cabaña del Tío Tom, gran obra de Harriet Beecher Stowe, describe las conductas del hombre sometido a esclavitud, miedosos del poder del amo, allí están los que la soportan y quienes se rebelan. Un ejemplo es Tom, hombre de gran bondad, “un milagro moral”, que muere azotado, por no aceptar ser el capataz de su cruel amo. Y también esta Jorge Harris, que con la misma vida de esclavo que Tom, se rebela y lucha por su libertad, la de su familia y por abolir la esclavitud. Tom y Harris son dos hombres buenos, pueden ser cualquiera de nosotros, ninguno acepó ser parte del poder de sus amos[1].

El ejemplo literario puede ser de utilidad en nuestros días, para evitar caer en errores de valoración y de perspectiva de futuro. La autora nos dice que la pasividad y la mansedumbre frente a una autoridad arbitraria y abusiva no es condenable y puede ser virtuosa, y que la virtud está en rechazar el favor de ese poder, rechazar ser su capataz, y luego la historia nos enseña que podemos terminar con la autoridad arbitraria asumiendo las actitudes de Tom o de Harris, o ambas, pero jamás teniendo miedo.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 13 de noviembre de 2015.

[1] Se comenta que Abraham Lincoln, en el año 1862, ya presidente de EE.UU., cuando conoció a H. B. Stowe, una mujer delgada y de apenas metro y medio de altura, autora del libro que recordamos, le dijo: ¡Así que esta es la damita que escribió el gran libro que desató esta gran guerra!’.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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