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Semana 44 – Calma Chicha

german gegenschatz

 

 

“La política es la actividad y el poder la herramienta para lograr cambios en la sociedad democrática.”

Calma chicha pude tener varios significados, pero el originario, el de los antiguos navegantes, refiere a ese clima tenso de cuando no hay nada de viento, que suele coincidir con la niebla espesa, cuando la visión es casi nula y no se puede avanzar. En esos momentos los marineros no sabían dónde estaban, ni en que dirección debían seguir navegando. El desenlace podía ser un amanecer brilloso, o una tormenta.

El país parece estar en esta especie de calma chicha, no porque no suceda nada, sino porque no hay evento -positivo o no- capaz de modificar las cosas, parece que todo es tolerado, no hay distinción entre sumisos e indiferentes.

El mercado no homologa los fundamentos de una economía en franca recesión, en la que todos los indicadores empeoran sin freno. Las cotizaciones accionarias, en nuestra bolsa y en el exterior, y la inversión nacional o extranjera, muestran unas cantidades transadas, unos precios y unos volúmenes que evidencian un verdadero parate, pero no informa fielmente lo que a futuro suele suceder con este presente, no “adelanta” posiciones.

En la política, las encuestas de opinión no terminan de reflejar un desacuerdo con el gobierno coherente con la inflación, la recesión, la inseguridad, las suspensiones y los despidos, todos con tendencia al alza; y tampoco homologa un candidato por sobre los demás para el 2015.

Observamos que antes, cuando sucedieron otras crisis, alguna elite o personas tomaban la decisión por los demás. Así se sucedieron los golpes de estado como el de 1976, el abandono vergonzante tras perderse la guerra de 1982, o cuando con humildad generosa un Presidente entregó antes el poder como en 1989 evitando sufrimientos, o cuando se aceleraron las crisis con movilizados desde el poder como en el 2001. Será entonces este el clima propio de cuando es la ciudadanía toda en la fecha prevista, y no algunos apurados, la que decide como salir de una crisis, no lo sabemos, puede ser.

Las crisis son coyunturas críticas, son oportunidades para corregir o profundizar los males que las generan. Hoy estamos de nuevo ahogados por la deuda, como en el 2001, asqueados de corrupción como en 1999 y jaqueados por la inflación como en finales de los 80´s. Por lo visto no salimos de las crisis, no elegimos soluciones sustentables, más bien parece que hemos insistido en la ingesta de placebos que nos arrojan una y otra vez al mismo lodazal, en el mejor de los casos.

Quizás las crisis no han sido lo suficientemente graves como para enseñarnos a votar bien, o a cambiar el voto a tiempo. Y sí, el gobierno no sale de un repollo, son votados y ratificados cada dos años. Ahora, desde cuando el poder político sin la vigilancia de un ciudadano atento y comprometido ha dado buenos resultados. Hemos sido lerdos para el cambio y fáciles de embaucar, amigos de las falsas ilusiones y esquivos para asumir la realidad.

El ciudadano es quien necesita el estado de derecho, que la ley sea exigible al poderoso. El ciudadano necesita una policía y un poder judicial que le de tranquilidad y seguridad. El ciudadano es quien, en definitiva, logra -o no- y conserva la democracia, su libertad y sus bienes porque le conviene. No es de arriba para abajo, es en sentido contrario como se construye la democracia y la república. La ciudadanía es fruto de un trabajo permanente, para ser vasallo basta con no hacer nada y conformarse.

El poder “puede”, entonces no necesita la ley porque le plantea límites, ni mucho menos jueces que lo incomode. El poderoso busca más poder, es proclive a levantar impuestos, a reprimir opiniones diferentes, a enriquecer a sus miembros y a garantizarse impunidad frente a la ley, encima dispone de todos los medios para vivir seguros y tranquilos. Entonces, ¿para qué van a querer cambiar?.

Le pregunto a quienes estan leyendo, no han visto, acaso, que esto sucede en la realidad, hoy mismo. Escuchen los candidatos y vean como el que esta en el poder vende “continuidad o caos”. No han observado que el poder se protege a si mismo, que se enriquecen ellos al tranco que la inflación y los impuestos castigan a todos nosotros. No sienten que disentir es asumir un costo cierto e inmediato, y que aplaudir permite acceder a los beneficios del poder.

Hay que superar la etapa de esa ciudadanía pasiva del reclamo, de ir a una plaza con cacerolas, de quejarse en privado y callarse en público, eso nos trae a donde estamos. La democracia y la república requiere una ciudadanía activa en todo momento, alerta de no dejarse avasallar por el poder y progresiva a la hora de garantizarse el ejercicio efectivo de los derechos fundamentales. La política es la actividad y el poder la herramienta para lograr cambios en la sociedad democrática.

Terminar con la “calma chicha” y navegar a buen puerto es responsabilidad de quien pretenda conducir. En tiempos de crisis las indefiniciones y la especulación no son sinónimo de prudencia, en realidad son recursos que disimulan mal la ignorancia o la cobardía.

Anímense todos, calmos, a moverse con firmeza, perseverancia y claridad, sin miedos. Se puede hablar sinceramente, se debe explicar qué hay que hacer y como llevarlo a cabo, hay que exigirlo, y cada uno de nosotros, haciendo o dejando de hacer, está decidiendo el propio futuro.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 31 de octubre de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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