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Semana 43 – Zaffaroni, nunca más

german gegenschatz

 

“El juez penal abolicionista, como Zaffaroni, tiene la noble tarea de no agregar a la tortuosa vida del delincuente, esa carga cruel e inútil de la cárcel. Allí se hacen más delincuentes o son víctimas de tratos indignos, peor que si permanecen libres, vociferan.”

Zaffaroni profesa un falso garantismo, no busca que sean efectivas las reglas del debido proceso penal, en realidad bajo ese disfraz impuso el abolicionismo en materia penal, ese que considera al delincuente una víctima de la sociedad.

En el pensamiento de este Juez de la Corte todo, sea porque el delincuente no logro educarse, o comió poco, o permanece en la pobreza, o consume drogas, o lo que fuere, es razón suficiente para eximir de la pena al autor de un delito, o bien soltarlo lo antes posible.

El juez penal abolicionista, como Zaffaroni, tiene la noble tarea de no agregar a la tortuosa vida del delincuente, esa carga cruel e inútil de la cárcel. Allí se hacen más delincuentes o son víctimas de tratos indignos, peor que si permanecen libres, vociferan.

Culpable del delito es, sin admitir prueba en contrario, toda la sociedad. Cada delito es el castigo recibido por la sociedad injusta y excluyente. Cada delincuente es una víctima que actúa en defensa propia y el delito un medio justificable para saciar sus necesidades. La víctima de cada delito es culpable por ser cómplice y parte insensible de esa sociedad.

El abolicionista Zaffaroni durante su larga vida judicial, y como doctrinario del derecho, formó un ejército de jueces, fiscales, abogados y políticos que, soltando delincuentes y viéndolos como víctimas, hicieron de Argentina un país inseguro, un paraíso penal para delincuentes.

Pensar al que delinque como víctima de una sociedad injusta es la criminalización más obtusa de la pobreza. No todo delincuente es pobre, ni todo pobre es delincuente, ni siquiera en potencia.

Hay que ser un hipócrita de alta gama para asociar la pobreza al delito. Hay que ser un mentiroso serial para señalar que estos son pobres porque aquellos otros no lo son. Estos son los resentimientos básicos sobre los que germina el abolicionismo hipócrita, digo esto porque el abolicionismo favorece a los grandes delicuentes, al resto – sobretodo a las victimas- no le soluciona nada.

El delito tiene varias causas, puede estar la necesidad del carenciado, pero también está la mera codicia de cualquier persona, una personalidad perversa, entre otras causas. Ahora, lo determinante en la inmensa mayoría de los casos es el desvío moral de elegir el delito. La solución es atacar todas las causas al mismo tiempo, incluso encarcelar al delincuente tras un juicio justo con todas las garantías que otorga la ley.

La justicia la administra el estado. La riqueza –o la pobreza- se genera y se reparte –o se expande- por las acciones, y omisiones, de los distintos gobiernos. Los gobiernos estan formados por gente con poder y con dinero, muchas de ellas amigas del delito. El abolicionismo no le viene mal al poderoso.

Zaffaroni fue siempre más amigo del poder que del pobre gaucho de a pié. En épocas mozas fue funcionario de la última dictadura Militar. Es hijo dilecto de este gobierno que lo sentó en la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Lo han aplaudido organismos internacionales y las elites intelectuales en la materia. No lo hemos visto junto a las víctimas, o al pobre, ni mucho menos aplicando rigurosamente la ley al poder. Recuerdo las fotos de su cumpleaños con el actual vice-Presidente.

Todos sabemos que roba más un solo hombre con poder que todos presos del complejo carcelario de Florencio Varela juntos; que mató mas gente la corrupción que estrelló el tren en ONCE que el 99% de los criminales presos o sueltos. Libera más delincuentes la doctrina abolicionista alojada en la mente de los jueces que las leyes penales.

El proyecto modificatorio del actual Código Procesal Penal propuesto por el gobierno, parece ir en dirección contraria a la doctrina de Zaffaroni. Pero resulta que el gobierno, es a la vez el responsable máximo en la generación de la inseguridad, es el pirómano devenido en bombero, justo cuando el incendio amenaza su cueva de poder. Esta es una de las razones del cambio propuesto. Dudo que la sociedad festeje en las urnas al pirómano que quemó su hogar, aunque se disfrace de bombero.

Cada votante sabe que el gobierno no cree en el proyecto mencionado. Tuvo que perder elecciones, hacer reventar las estadísticas de muertos por la inseguridad, enfrentar marchas de víctimas de la inseguridad que movilizan miles de personas, por toda la geografía nacional, para entrar en razones. Veremos como se aplica este nuevo procedimiento penal, como se eligen los 17 fiscales que hay que sumar.

El giro del gobierno es bienvenido, cae sobre una sociedad agotada, que espera paciente que soplen aires nuevos y frescos en el 2015. Es demasiado tarde para lamentaciones, y para aplausos.

Por Germán Gegenschatz.

Buenos Aires, 24 de octubre de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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