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Semana 35 – Acelerar y generalizar los aciertos

german gegenschatz

 

 

 

 

Si un beneficio fiscal puntual es bien visto, es valorado como algo positivo, es motivo de aprobación de leyes, como los recientes beneficios aprobados para PYMES, que impide, entonces, dar un beneficio general, como ser, bajar los impuestos a todos. ¿cuál es la razón para que todos no recibamos tales “beneficios”?.

Hay que subsidiar amplios sectores de la sociedad debido a sus bajos recursos. Sabemos que implementar esos subsidios tienen un costo alto. Entonces esta bien acelerar la ejecución de la decisión de dejar de darlos para ciertos sectores y además, sentar las bases para que sean innecesarios para todos. Para lograrlo se puede ampliar la política de devolución de recursos iniciada con las retenciones, para alcanzar al ciudadano común mediante una baja de impuestos de alcance popular, incluyendo al impuesto al valor agregado, que es el impuesto que se paga en cada compra, el impuesto a las ganancias sobre los salarios, el impuesto a los movimientos bancarios y tantos otros que encarecen las cuentas cotidianas de todos.

Los combustibles, según se dice, están caros o deberían subir, para el caso es lo mismo. ¿Por qué en vez de ir subiendo los precios no se van sacando los impuestos que gravan los combustibles?. Quizás así consumidores y productores vean mejorar sus cuentas.

Porque se le retuvieron las ganancias a quienes la supieron conseguir. Porqué pensar que quien no obtuvo esas ganancias, es decir el fisco, será económicamente más eficiente para volver a generar riqueza y empleo con ellas, que aquel que sí logró generar esas ganancias y les fueron sacadas. Sería bueno, entonces, acelerar el retiro de retenciones ya iniciado.

Porqué tener las actividades económicas gravadas con altos impuestos, ¿se cree que esto atrae inversiones?. Porqué pensar que una exención impositiva para que se invierta es más confiable para el inversor que un sistema impositivo completo que no castigue tales actividades.

Porqué se cree que el gasto público es irreductible a la baja y al gasto familiar si se lo reduce a la baja. El más pobre de Argentina paga, como mínimo un impuesto del 21% de IVA cada vez que pasa por un comercio. Parece demasiado. El promedio en América Latina es cercano al 12% y solo Uruguay tiene el 22% y una carga fiscal sobre PBI que ronda el 25%, segundo Argentina con el 21% pero con una carga fiscal sobre PBI levemente superior al 34% y el resto de los paises tienen tasas menores, hasta un mínimo del 7% en Panamá.

En este contexto es un desafío ético juzgar de incumplidor y condenar a quien queda al margen de la ley para mantener funcionando una actividad comercial, o aquel que acepta un empleo en negro por necesidad o acepta recibir parte de su salario en negro para eludir el impuesto a las ganancias. Todas son conductas del “mercado informal”, tan comunes como económicamente eficientes. Ahora bien, porqué ser económicamente eficientes en Argentina supone, en demasiados casos, alejarse de la ley. Es un problema ético de los ciudadanos o son las leyes las que se han revelado contra el sentido común y la razón.

La Alemania de la post WWII tenía, salvando las distancias, problemas conceptualmente similares a los nuestros como ser una moneda devaluada, intervención económica generalizada, un porcentaje muy importante de economía informal, impuestos altos, desempleo y fractura social. Con Ludwig Erhard, ministro de economía de Alemania desde 1949 a 1963, Alemania salió adelante dejando atrás los tibios y graduales cambios iniciados en 1947, que mantenían en buena medida las teorías y prácticas de intervención estatal exorbitante en la actividad económica. Básicamente el cambio empezó a partir de junio de 1948 con varias medidas, vale recordar algunas: se cambió el signo monetario creándose el marco alemán y se sacó de circulación más del 80% del dinero circulante de la época; se sancionó una ley de emisión monetaria por la cual se fijó la cantidad máxima de dinero a emitir; se redujo el gasto público y se prohibió el déficit fiscal; se eliminó el racionamiento y el control de precios, entre otras. El resultado del giro de ciento ochenta grados de Alemania es su estado actual ya que, más allá de las correcciones económicas lógicas que se van haciendo, el concepto básico sigue vigente.

Argentina lleva muchas décadas de más impuestos, más gastos y más endeudamiento, con vigencia de un concepto de gestión estatal donde prima la idea de planificar e intervenir casi toda actividad económica y cada vez con mayor detalle. Esto trajo como resultado la Argentina de hoy, muy parecida a un círculo vicioso irresoluble en la medida que en cada crisis se intente salir aplicando soluciones similares a las que nos arrojaron en ella. 

La experiencia propia nos esta indicando que la idea de subsidiar y proteger a diferentes sectores desde el estado, termina creando una serie de dependencias que convierte a los sectores y personas, supuestamente favorecidos, en súbditos. Además pronto todos quieren ser subsidiados o favorecidos por supuestas excepciones y con ello se generaliza la dependencia y se desalienta el rendimiento económico de personas y empresas, que pasan de disputar en un mercado con creatividad y eficiencia, a pelear por un lugar en la cadena de favores a cambio de obediencia.

Quizás sea el momento de evaluar la posibilidad de resolver la tensión entre el pasado y el futuro a favor de avanzar decididamente hacia otra forma de hacer las cosas. En lo concreto sería empezar por profundizar más la baja de las retenciones que ya se hizo hasta su eliminación, llevar adelante decididamente la eliminación de impuestos masivos como el impuesto a las ganancias sobre salarios, empezar a bajar el impuesto al valor agregado, sacar progresivamente los impuestos a los combustibles y las transacciones bancarias, promover el empleo en blanco eliminando los aportes patronales para quienes cumplan la ley y poniendo sanciones penales a quienes tengan trabajadores en negro y encarar una simplificación impositiva para que la economía pueda funcionar bien y en “blanco”.

También es bueno dejar en el pasado una serie de medidas que se basan en la idea que las decisiones de inversión y de desarrollo deben ser planificadas y ejecutadas desde alguna oficina pública, y seguir decidida y aceleradamente con el reemplazo de la micropolítica de favores y beneficios sectoriales acotados, por una política de estado de devolución de los recursos al ciudadano para que este decida sobre sus bienes y su vida con mayor libertad que hoy en día, continuando con la lucha contra la corrupción en todos los ámbitos. Nada es mas popular que bajar masivamente los impuestos a todos, dejar atrás el déficit fiscal, erradicar definitivamente la inflación y terminar con el trabajo en negro.

Lo cierto es que, más allá de las discusiones teóricas y las cuentas que se quieran sacar, los resultados invitan a dar vuelta la página. Ya todo el mundo cambió y los tardíos populismos latinoamericanos están en etapa de liquidación, por insuficiencia moral y por anacronismo en economía. Entonces, archivemos los miedos y confiemos en que no hay impedimento para salir adelante. Argentina no está condenada al éxito ni al fracaso, es todo cuestión de situarnos en nuestro presente y hacer las cosas bien. Nada impide que avancemos hacia una sociedad abierta, integrada, dinámica y articulada al mundo que nos toca vivir.

Por Germán Gegenschatz

27 de agosto de 2016

 

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina