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Semana 32 – Mejorar Argentina empieza en cada uno

german gegenschatz

 

 

 

 

 

Las personas y las sociedades desarrollan formas de relacionarse con la política, sus actores, sus pares y el estado, y estas formas tienen que ver con miedos y corajes, con habilidades y torpezas, con esperanzas y realizaciones. Es así que en la dinámica de las decisiones individuales, en las que juegan todos estos factores, reflejan un sentido común motorizado por cada una de estas formas, actitudes, juicios y prejuicios.

La llamada guerra cultural viene a tener como objetivo conmover el sentido común, porque este tan vapuleado término opera como un reflejo que tiene una base compleja pero determina decisiones inmediatas, sin pensar, y lo más importante, sin cuestionarnos el porqué hacemos o dejamos de hacer algo, elegimos tal o cual candidato, condenamos o festejamos una conducta determinada sin detenernos a pensar si esta bien o no.

En Argentina hemos cambiado el sentido común a lo largo de las décadas, y este cambio hace que el cumplir o no la ley dependa de los objetivos, y allí perdimos el reflejo de cumplir la ley, sepultamos el imperio de la ley y entronizamos el de la fuerza. Hemos abrazado al resultado como el legitimador social máximo, así perdimos la cultura del esfuerzo y el trabajo ya que la riqueza mal habida es socialmente premiada, más aún que la lograda con el trabajo, entronizamos la llamada “viveza criolla”, que es la aplicación vernácula de: “el fin justifica los medios”, y sepultamos así el trabajo honesto. Hemos elegido decidir según nos dicen, relegando el ver los hechos por nosotros mismos y forjar nuestras convicciones según la comprobación empírica, y así preferimos ser engañados sabiendo que esto sucede, entonces no somos víctimas del engaño, no debemos transferir culpas porque elegimos ser cómplices de las mentiras.

Así tenemos una explicación sencilla del porque colectivamente, como país, como comunidad, terminamos enfrentados en medio de la pobreza y la inseguridad. Este fenómeno es propio de las sociedades que se rigen por la fuerza y no por la ley. Es comprensible la pobreza porque no hay castigos a la apropiación de lo ajeno, esto es un incesante accionar de todos contra todos para lograr el reconocimiento que viene solo de acumular riqueza, y lo que se hizo para lograrlo no tendrá castigo legal ni social. Hay que empezar a observar la relación entre lo que expresamos y lo que vivimos. La pobreza que aumenta al ritmo de la violencia y la deshonestidad ya nos asombra poco y nada. Para estos males tenemos el antídoto, elegimos ser engañados. El engaño tiene su costo también, el aceptar la mentira nos hace vivir en un paraíso imaginario, al tiempo que esteriliza todo impulso de abandonarlo, y a medida que pasa el tiempo enfrentar la verdad termina siendo peor que el engaño aceptado, que vivir en la mentira. Todo cierra para que nuestro presente sea lo que vemos en los hechos, y el futuro se muestre poco promisorio.

Está claro aquello que tenemos que reparar para mejorar nuestra comunidad y nuestra vida en ella. Los valores preponderantes deben volver a ser el respeto a la ley, la honestidad, el trabajo y rechazar las mentiras, pero esto es una conversión personal, es empezar a obrar conforme a estos valores. El domingo se puede comenzar cuando se vota, pero también empezamos con lo que hacemos cada día de nuestras vidas, porque mejorar Argentina es que cada Argentino sea mejor, es aportar algo bueno a la convivencia con los demás y es apoyar a quienes también lo hacen.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 7 de agosto de 2015.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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