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Semana 27 – Octubre define el rumbo del sistema político

german gegenschatz

 

 

 

En Octubre de 2013 el triunfo de Massa en la Provincia de Buenos Aires puso fin a la probabilidad de una re-reelección, entonces la agenda cambió. De la prioridad por seguir en el poder, se pasó a la necesidad de lograr frenar las causas judiciales contra algunos funcionarios, familiares y amigos.

La división de poderes no sirve para garantizar la impunidad, hay que doblegar al poder judicial, hay que borrar “divisiones”. Cuando se está en el poder estas divisiones pueden ser borradas de “hecho” y a medida de cada caso. Pero cuando ya no se está en el poder, ni se estará, es necesario borrarlas de “derecho” y, para lograrlo, se debería modificar la constitución. Como esto no lo puede hacer el gobierno, por lo menos hasta Octubre, sancionó el paquete de leyes denominadas de “Democratización” de la justicia.

Democratizar es una palabra simpática elegida por razones estéticas, ya que no se puede hablar de dictar una amnistía, o un “punto final” para los funcionarios, familiares y amigos con problemas judiciales, pero este es el objetivo buscado. Es un caso similar al de la Ley 22.924, que tuvo el simpático nombre de Ley de Pacificación Nacional, promulgada el 22 de septiembre de 1983, pero que en realidad era una Ley de autoanmistía, que obviamente fue derogada por el gobierno de Alfonsín.

El mayor problema es que cuando se sancionan leyes para lograr estos objetivos, no tienen efectos puntuales para tal o cual caso, sino que producen efectos sistémicos, es decir, se afecta todo el sistema, en este caso el judicial. Cuando se abre la puerta de la discrecionalidad con una ley, aunque sea por uno o varios casos en particular, en realidad queda permanente y disponible para todos y, esa discrecionalidad o manejo de la justicia que logran hoy a favor, mañana se vuelve en contra de los mismos que la hicieron posible.

Este proceso de reorganización judicial, para someter la justicia al poder ejecutivo, puede terminar afectando, o no, a sus mentores, pero definitivamente es perjudicial para toda la ciudadanía que indefectiblemente pierde derechos frente a los actos del estado y de quienes lo administran en provecho personal, sean o no funcionarios. Estas leyes hacen a cada persona menos ciudadano y mas vasallo, especialmente a los “ex-poderosos”, todos terminamos cada vez más sometidos a la voluntad del gobernante, justamente el proceso inverso al iniciado en 1983, es decir someter a todos a las leyes de la Nación, y muy especialmente a los poderosos.

Pensemos que por esta suerte de proceso de reorganización judicial, la procuración general puede elegir al fiscal después de cometido el delito a investigar, léase, puede nombrar fiscales a medida de la necesidad. Pero resulta que la investigación que manejaban los jueces ahora pasó a manos de los fiscales, entonces, fiscal a medida con todas las facultades para probar o no el delito. El Consejo de la Magistratura ahora puede, con la mitad más uno de los miembros, decidir respecto de las designaciones que realicen las cámaras para cubrir con subrogantes los más de 30 juzgados vacantes. Sumemos entonces, pueden nombrar un fiscal a medida del caso que, además, investiga como quiere, y también pueden elegir un juez a medida.

Agregamos que el Consejo también puede designar subrogantes de la lista de su plenario si no hay acuerdo en el Senado, es decir puede designar jueces por mayoría simple. También es facultad de la Fiscal General nombrar mas de 3.000 cargos en la justicia, y olvidemos que es Gils Carbó quien hace los nombramientos, cualquiera sea el Fiscal General es inaceptable semejante potestad para una sola persona en esta materia. Podemos seguir sumando, pero no se trata de hacer un examen técnico exhaustivo sino político, y hoy podemos decir que la justicia está a un milímetro de quedar sometida al poder de quien sea que ocupe la Presidencia.

Como este proceso de sometimiento de la justicia conviene al “poder”, Scioli y Macri, sus herederos más probables, difícilmente se inmolen para evitar que suceda, ni tienen demasiados estímulos para modificarlo mañana. La verdadera lucha va por debajo de la campaña electoral, es entre los poderes del estado. Es la pelea por el control de la justicia que, paradójicamente, le sirve a quien gane elecciones, sea para su propia impunidad o para neutralizar enemigos. Esto explica en parte la “formalidad” en el tratamiento del tema, por que todas estas leyes fueron votadas por más de 130 diputados, y por que también la justicia misma es muy lenta para frenar lo que está a su alcance, y es justamente, porque ya esta haciendo efecto el sometimiento y no se ven en el horizonte señales alentadoras en sentido contrario a la “Democratización”.

Todo cuanto nos sucede no es una desgracia, es deliberadamente construido desde el poder, y el éxito de esta empresa es posible por la pasividad de la ciudadanía, que no se compromete activamente en defensa de sus derechos frente al poder.

Cuando la justicia es independiente el problema es violar la ley, cuando no lo es el problema es alejarse del poder. Octubre define un presidente, y también el rumbo del sistema político, porque es la justicia el último territorio que le falta dominar al poder para quedar fuera del alcance de la ley, y a todos nosotros a merced de quien sea que gobierne.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 3 de julio de 2015

 

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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