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Semana 26 – Brexit y la UE

Germán Reload

 

 

 

 

Estoy a favor de los procesos de integración, lo cual implica también que estos deben cumplir sus objetivos y que pueden ser revisados o reemplazados por otros. También creo que los ciudadanos, con el voto, tienen la decisión definitiva, inclusive en este tema.
Aun cuando admitamos que la UE es la institucionalidad que está forjando una especie de “nación europea” o “ciudadano europeo”, superando las divisiones que causaron las dos grandes guerras, algo por cierto muy discutible, dudo que Europa este decayendo tras el Brexit como se leía y se leerá en diversas notas de opinión. El voto inglés, quizás, solo esté diciendo: estas reglas de la UE no son las acordadas en un principio o no resultó como esperábamos.
Dudo que al votante inglés lo aliente un nacionalismo fascista, puede ser que esté presente ese nacionalismo fascista en algunos de sus dirigentes, seguramente, pero dudo que lo esté en la gente. Por el contrario, veo algo de fascismo en el progresismo europeo de Bruselas, que aplana los resultados económicos de los esfuerzos de las personas, que quiere imponer una moral única y ahora, cuando empieza a verse el descontento de los ciudadanos ingleses con Bruselas, sabiendo o temiendo que no son los únicos, el reflejo es tratarlos de ignorantes, fascistas, nacionalistas, populistas y todo tipo de descalificaciones, evidenciando que adolecen aquello que creen ver en los demás, clausurando así, antes de iniciarse, la discusión necesaria para relanzar la UE, si es que se está a tiempo para ello.
Cada inglés que votó a favor de irse de la UE, creo que desea sacarse de encima el enorme costo de la burocracia de Bruselas, que terminen de dictar millones de regulaciones que los asfixian como comerciantes y empresarios o que los señalan moralmente por sus decisiones y opiniones, como si todos deberían pensar igual.
Es posible integrarse bajo reglas más tolerantes y menores costos. Quizás esta posibilidad es el deseo de un buen número de personas que quieren que los dejen vivir, trabajar, pensar, opinar y comerciar en paz, sin que le dicten a cada paso cuanto tienen que ganar o trabajar, que moral tienen que aplaudir o no, sin que les impongan con quien deben o no convivir, sin que los embarquen en acciones militares que terminan afectando su vida diaria.
Me parece que en algún momento la UE dejo de ser conveniente para varios de sus miembros y la gente empieza a decir que hay que cambiar las cosas votando, antes era diferente, los cambios eran mediante la violencia, se mejoró mucho si vemos el proceso político por encima de todas las posturas.
El voto inglés no es vinculante y tampoco implica la salida inmediata de Inglaterra de la UE. Es necesario que se lleve adelante el procedimiento legal previsto en el Artículo 50 del Acuerdo de Lisboa, que abre un tiempo de dos años de negociaciones para la desvinculación del estado que se retira, sin que la UE tenga ningún poder legal para acelerar o poner en marcha este proceso. Groenlandia se retiró de la UE en 1985, después de transitar este procedimiento, tras una disputa con la UE por derechos de pesca. Esto indica que si Inglaterra se va de la UE, debe pasar por el proceso del Artículo 50 que todavía no inició y ese inicio depende del pedido formal del gobierno inglés que, además, no está obligado a hacerlo por el resultado electoral conocido el 24 de junio.
Si ampliamos la mirada, podemos visualizar que los actores de un mundo globalizado no son exclusivamente los estados nacionales, que los países vecinos no son los únicos ni necesariamente los mejores socios para la formación de mercados comunes. Los procesos de integración tienen variantes, especialmente en un mundo cada vez más definible desde la idea del cambio permanente que desde una cosmovisión estática. Claramente el voto inglés no es el fin de la UE, ni ésta es la única o la mejor opción de integración para Inglaterra.
Todavía es difícil saber dónde terminará este proceso, si es que el gobierno inglés obedece la opinión de sus ciudadanos y pide su salida de la UE, pero hay que tener presente que hubo una elección, que el resultado es un llamado de atención contundente, que Inglaterra tiene una larguísima historia de integración mediante acuerdos con naciones de todo el mundo y por ello, creo que el voto inglés es más una condena al cómo gestiona y decide Bruselas los asuntos de la comunidad que un rechazo a la integración o a la globalización.

Por Germán Gegenschatz
25 de junio de 2016

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina