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Semana 23 – Vientos de cambio en América Latina

german gegenschatz

 

 

 

 

La integración latinoamericana es una cuestión política, económica y geopolítica que lleva más de cinco décadas, pero interesa dar una mirada rápida a los capítulos recientes, y ver donde estamos parados, comprender el contexto global, y cuáles son los desafíos que enfrentamos.

Empezamos diciendo que el MERCOSUR, firmado en 1991, tras la salida de los dictadores de América Latina, arrancó con un espíritu de integración amplio y de apertura al mundo, al igual que su paralelo en América del Norte, el TLCAN (Tratado de Libre Comercio de América del Norte, del 1/1/94) y su capítulo para Latino América, el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas, del 12/94). El intercambio comercial entre los miembros del MERCOSUR se multiplicó por lo menos por cinco, es decir, dio algunos frutos, pero ese impulso inicial se fue debilitando.

Durante la primera década del Siglo XXI cambiaron los vientos en América Latina. Aquel MERCOSUR se fue reemplazando por las ideas proteccionistas al estilo de la vieja usanza, promovidas por el tándem de presidentes uniformados Fidel Castro y Hugo Chávez, para oponerse al ALCA y las ideas que proponía, y así nacieron la UNASUR (Unión de Naciones Suramericanas, el 18/12/04), el ALBA (Alianza Bolivariana de las Américas, 14/12/04), el TCP (Tratado de Comercio de los Pueblos, 29/4/06) y la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, 23/2/10).

Estos colectivos de integración del SXXI “a la hora de los bifes”, es decir, de evaluar los resultados económicos positivos para sus pueblos, verificamos que sirvieron de poco y nada. Consecuentemente los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) planteados por el Consejo Suramericano de Desarrollo Social del UNASUR, en su Plan de Acción 2015-2017, están condenados al fracaso por la pedestre razón que estas organizaciones no generan riqueza, hacen declaraciones y fijan objetivos rimbombantes. La agenda no es económica, de hecho la última reunión del UNASUR, en Lima en 06/15, trató el control de la tenencia de armas de fuego, y el ALBA impulsó, sin éxito, la derogación de la Orden Ejecutiva de EE.UU. del 9/3/15 que en concreto declaró “amenaza” a siete funcionarios sancionados del gobierno Venezolano. Las actuales crisis económicas de los países miembros como Venezuela, Argentina y Brasil, son en buena medida las consecuencias de aplicar las ideas de las organizaciones mencionadas. Estas crisis económicas son, en parte, fruto de aplicar herramientas de economía interna y de integración desfasadas con la realidad global, que terminaron generando problemas políticos como ser:

  • Brasil y Uruguay contra Argentina: por las reglas del Mercosur, el problema básico es que el proteccionismo de Argentina es contradictorio con los procesos de integración.
  • Bolivia contra Chile: con la temática de la salida al mar de Bolivia que sigue empantanada.
  • Chile y Argentina contra Perú y Brasil: por el mega proyecto de un tren interoceánico desde Brasil a Perú (financiado por China), que es considerado como un corredor comercial que deja afuera a los dos primeros países (y también a la Bolivia de Evo Morales).
  • Argentina y Venezuela contra Brasil y Uruguay: por las negociaciones para lograr un Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea (UE) evitando las trabas al comercio y la inflación de Venezuela y Argentina.

En estos años nuevamente hay vientos de cambio. Ajena a este menú conflictivo crece la AP (Alianza del Pacífico, del 28/4/11), fundada por México, Colombia, Chile y Perú. Para visualizar la diferencia de la AP con cuanto comentamos antes vale apuntar que los requisitos de ingreso son: vigencia de un estado de derecho, con democracia dentro de un orden constitucional y de libre mercado. Pues bien, esta propuesta de integración en el último año mostró un crecimiento del 2,8% frente a un MERCOSUR que bajó un 0,5%. Para tener una idea de cantidades en 2010 la AP exportó U$S 445.000 millones, esto es, 60% más el Mercosur, y cabe apuntar, para evitar suspicacias, que las exportaciones superan las importaciones desde 2012, es decir, a meses de su constitución.

La crisis y los cambios acompañan de manera intensa en los principales actores del MERCOSUR, Brasil ha girado su política económica interna hacia una idea más ortodoxa, institucionalmente se combate la corrupción, en política exterior se notan acciones tendientes a lograr un tratado de libre comercio con la UE, un acercamiento a la AP y con México, y una condena a Venezuela por el tema de los presos políticos. Uruguay está en la senda de Brasil, e incluso apoyando claramente el TISA (Acuerdo Internacional sobre el Comercio de Servicios) lanzado en 2012 por EE.UU.

Argentina y Venezuela, sin embargo, siguen con sus políticas económicas hacia el interior e internacional sin registrar los cambios que vienen sucediendo en América Latina. Quizás por esto están primeros en inflación, déficit fiscal, pérdida de calidad institucional e integración internacional en materia comercial, industrial y financiero.

La geopolítica de los polos de poder liderados por EE.UU.-UK-UE por un lado y China-Rusia por otro tiene también un escenario de disputa en los procesos de integración. Hay una suerte de diplomacia económica que se juega en cada tratado internacional para imponer las reglas del comercio, la industria y las finanzas globales, en las que también tienen injerencia las grandes multinacionales.

Es claro que TPP (Trans-Pacific Partnership) y el TTIP (Transatlantic Trade and Investment Partnership) por el lado de EE.UU., y la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), el FTAAP (Free Trade Area Asia Pacific) y el APEC (Asia Pacific Economic Cooperation) por el lado de China, son algunos de los tratados que evidencian una disputa de poder geopolítica, y que, al mismo tiempo, son el marco global que influye en los cambios que vimos en los procesos de integración de América Latina y en las políticas internas de cada país que, sin lugar a dudas, incluyen medidas económicas de articulación al entorno regional y global.

Carecemos de evidencia empírica de un desenvolvimiento nacional, o regional, exitoso sin alguna forma virtuosa de integración con el mundo que, al tiempo que resguarde los intereses nacionales, adopte la racionalidad económica global en su política interna para llevar adelante un activo y sustentable comercio internacional, que potencie el desarrollo y la mejora del nivel de vida de los ciudadanos. Es fundamental comprender la política y la economía globales como un contexto que representa siempre una oportunidad, y que no es enfrentándose sino relacionándose con inteligencia como se puede aprovechar convenientemente.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 5 de junio de 2015.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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