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Semana 20 – Legitimación moral y corrupción

Germán Reload

 

 

 

 

 

En estos días se van desgranando una infinidad de causas judiciales contra funcionarios públicos del gobierno nacional de los últimos 12 años. La lista de nombres es interminable y la dinámica informativa frenética, ambos aspectos invitan a perderse en el laberinto de los procesos judiciales y también a ver como conjunto este fenómeno, esto último interesa para saber que de bueno puede suceder realmente.

Lo primero que observo es que desde hace tiempo la corrupción viene creciendo, que ese crecimiento es similar al de la impunidad judicial, clave para que los corruptos sean más y vivan mejor. Pero parece ser cierto que los tiempos cambiaron para los malversadores seriales de fondos públicos, parece que llegó la hora en que la legitimación moral de un gobierno pasa por bajar los niveles de corrupción e impunidad.

Todo gobierno necesita legitimarse moralmente frente a la sociedad, encarnar valores que lo sustente e identifique, en el presente y para los libros de historia.Desde 1983 a 1989 el juicio a las juntas y a los guerrilleros, con más la prédica y defensa de la democracia, fueron sinónimo de los Derechos Humanos fueron dos “valores” que legitimaron moralmente el gobierno de Alfonsín, pero la hiperinflación nubló su tiempo, el fracaso económico determinó su salida anticipada del poder.

De 1989 a 1999 Menem encontró su legitimación moral en la continuación de la política de Derechos Humanos de Alfonsín y en la economía combatiendo la inflación que expulsó al radicalismo del poder. Así vinieron la convertibilidad y las privatizaciones, pero la corrupción terminó por desalojar al menemismo del poder.

De la Rúa llega al poder y optó por legitimarse desde la crítica a la corrupción y la propuesta de poner en marcha un gobierno honesto, conservando la convertibilidad –ya agotada por esos días-, pero la economía volvió a explotar en las manos de un gobierno radical y todo quedó inmerso en la nada: la construcción de un gobierno honesto, la lucha contra la corrupción y ni hablar de la economía.

Tras la crisis del 2001, Argentina resuelve reiterar políticas del pasado, se salva la democracia sí, pero vuelve la devaluación feroz, la inflación, el enfrentamiento entre Argentinos como forma de construcción de poder, el default y el consiguiente aislamiento internacional. Kirchner se legitima con lo que tiene a la mano, que es ir en sentido contrario de la construcción política y la gestión económica de Menem, conservando el sistema de corrupción. Entonces decide hacerse de los Derechos Humanos para sí mismo pero ya no como Alfonsín y Menem, tomando distancia de los actores de los 70s, sino que tomó partido por un bando al tiempo que denigró la economía que supo acompañar con fervor en los 90, para reeditar la construcción política a partir de la división, la inflación, la indisciplina fiscal y el aislamiento internacional de Argentina. Como dijimos, la corrupción no quedó en la puerta de la casa de gobierno, entró y creció al ritmo que la economía se fue destruyendo por mera reiteración de personas ejerciendo el poder y de ideas fracasadas en el pasado. El Kirchnerismo fue el segundo gobierno desalojado del poder por la corrupción, con más el fracaso en la economía que fue visible antes de la finalización del periodo.

Los temas vinculados a juicios de la dictadura empezaron a perder escenario, por el mero fallecimiento de los propios militares juzgados y porque quienes los impulsaron desde la vereda contraria terminaron salpicados en temas de corrupción. Al mismo tiempo, en la disputa electoral del 2015, Macri, Massa y las demás fuerzas políticas, menos el FPV, instalan en la campaña el tema de la lucha contra la corrupción. En este contexto empieza a tomar fuerza la idea que los Derechos Humanos pasan también por temas como la inseguridad o la corrupción, es decir que abarca también el presente, consecuentemente provee legitimación moral ir contra delitos cometidos desde el poder.

Entonces poco puede extrañar la fuerza que toma el tema de la corrupción, es el que provee legitimación moral al poder en estos días. Los Derechos Humanos se fueron asociando al presente, ahora la malversación de fondos públicos tiene que ver con las muertes de Once o de las inundaciones de La Plata o de Cromagnón o de la inseguridad. Se ve que el robo se cobra vidas inocentes y por tanto viola los Derechos Humanos. Hoy los jueces penales federales están, de alguna forma, como los jueces que juzgaron las juntas militares: ante la urgencia política de dictar sentencias en los juicios y con temor al retorno de aquellos que están juzgando, pero sin el capital moral con que gozaban los jueces de los 80 ya que los actuales, por acción u omisión, facilitaron los altísimos niveles de corrupción que vivimos proveyendo impunidad, por tanto también pueden caer en desgracia si carecen de diligencia.

Hay razones históricas e indicios del presente que hacen prever que las causas de corrupción tendrán sentencias condenatorias en varios casos, que alcanzarán a políticos y a empresarios socios del poder, sin que se vea todavía hasta donde se llegará. Es una verdad empírica que el fracaso económico determina la permanencia o no de los gobiernos en el poder, recordemos por ejemplo a De la Rúa, pero también es cierto que si los niveles de corrupción e impunidad no bajan sustancialmente, es el sistema democrático y republicano el que está en peligro, veamos por ejemplo el camino de Venezuela. La impunidad de los culpables requiere el fin del Estado de Derecho, para evitar ser sacados del poder por los jueces y el fin de la Democracia, para evitar ser sacados del poder por el voto popular.

Quizás debamos asumir definitivamente que el roba pero hace, el roba pero juzga y en general cualquier forma de perdonar delitos a cambio de eventuales beneficios, reales o imaginarios, termina destruyendo la Democracia y la República que son la única defensa del ciudadano contra la pobreza que dejan como herencia los abusos de poder, la corrupción y la impunidad.

Por Germán Gegenschatz

15 de mayo de 2016

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina