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Semana 11 – Peronismo: ¿Hacia el S. XXI o al pasado?

Germán Reload

 

 

 

 

En el año 1983 el triunfo de la UCR sobre el justicialismo tuvo varias causas, una de ellas, quizás la principal, fue que el Partido Justicialista se presentó entonces con las personas y el proyecto truncado en 1976.

En términos políticos no percibió que la “comunidad organizada”, de matriz corporativa, estaba en disputa con la democracia pluralista. En términos económicos la discusión estaba en las doctrinas que giraban en torno a la economía social de mercado, que se venían imponiendo en todo el mundo desarrollado, como una fase superadora de los conceptos de matriz corporativa previa a la Gran Guerra y del estado de bienestar inflacionario y keynesiano de la posguerra.

El Alfonsinismo representó la demanda popular de democracia pluralista, pero en materia económica no se adaptó a la evolución global y se mantuvo dentro de las teorías económicas edificadas sobre la idea de sustitución de importaciones, complicando la inserción de Argentina en un mundo de mercados que se regionalizaban rápidamente, con regulaciones comerciales y financieras supranacionales comunes, para articular con la internacionalización creciente del capital, las finanzas y la tecnología, que ya eran hechos consolidados e irreversibles en 1983. El Mercosur fue un iniciativa acertada y en el sentido de los tiempos, pero a la vez ahogada por el hecho que sus miembros siguieron cerrando sus economías nacionales con aquellas viejas teorías que nombramos.

El Peronismo de Menem supo ver el desacople de la economía del Alfonsinismo respecto de la realidad global. Vio el estado de las empresas públicas y privadas de Argentina asumiendo la demanda de eficiencia de la gestión económica del estado e inserción en el mundo. Así fue que sobre el fracaso de la UCR, que quiso reemplazar la idea de “comunidad organizada”, con matriz social y económica en el corporativismo, por una democracia pluralista con una economía que incluía un estado empresario agotado, fue superado por un Peronismo Menemista que, tras un proceso de renovación que ya explicamos en este portal (ver aquí), representó la demanda de cambio económico, sin discutir la democracia pluralista representada por el Alfonsinismo.

El Peronismo de los 90´ se sumó a la ola denominada neo-conservadora, entonces aceptada a escala prácticamente global. Liquidó los restos de las empresas del estado e intentó insertar a la Argentina en la economía mundial buscando, fallidamente, instaurar una “economía social de mercado” en lo interno. El fracaso de los 90 tuvo múltiples causas, entre ellas recordamos el no salir de la convertibilidad a tiempo, la falta de capital moral para gestionar el estado y para controlar al sector privado creciente en esa época, la persistencia de un déficit fiscal importante y de un endeudamiento que no paró de crecer.

Sobre los fracasos apuntados es que en 1999 vino el gobierno de la Alianza, que representó la demanda del momento: continuar con la estabilidad económica y comenzar a gestionar el estado con eficiencia y resolver la corrupción. Tampoco lo logró. El fracaso de la gestión económica de la Alianza y la ausencia de éxitos en materia de lucha contra la corrupción, dio espacio para ser desalojada del poder por Duhalde y su gente del conurbano en el 2001.

Desde la llegada de Duhalde en el 2001 hasta 2003 se estabilizó la economía. Con el país ya estabilizado, social y económicamente, se llamó a elecciones y comienza, gracias al apoyo de Duhalde, el Kirchnerismo. El gobierno iniciado en 2003 tuvo el gabinete de Duhalde y se embanderó de progresista, pero instauró las peores prácticas de control de opinión pública, saqueo del estado y cooptación de empresas del sector privado a nivel masivo. Es decir que en vez de mantener la democracia pluralista ganada en 1983 se reedito la cultura política setentista del enfrentamiento, mientras que la economía volvía a parecerse a esa misma época, especialmente desde la salida de Roberto Lavagna del Ministerio de Economía, el 28 de diciembre de 2005.

Los doce años de presencia del Kirchnerismo en la vida nacional se explican por la enorme cantidad de dólares que ingresaban al país, por los precios de los comodities y la enorme suba de impuestos, que alcanzaron -temporalmente- para financiar los desmanejos económicos y maquillar sus efectos, todo bajo una supuesta representación de la demanda de progresismo y vigencia plena de los DDHH.

La versión Kirchnerista del peronismo también fracasó, en lo político por los intentos de ahogar voces críticas con la ley de medios, su default moral por los casos de corrupción como sueños compartidos, Ciccone, Hotesur y tantos otros que, además, se daban en un marco de crecimiento inusitado del narcotráfico y la inseguridad. En lo económico el fracaso fue determinado por el retorno de las prácticas económicas en desuso a nivel global y ya fracasadas en el país como la inflación, el aumento del déficit fiscal, aumento de impuestos y los controles de precios, cepo cambiario e incumplimientos de sentencias condenatorias por el default y la violación de numerosos acuerdos de inversión extranjera, es solo un resumen de dislates en la materia.

En los 24 años que el Peronismo detentó el poder desde 1983 se descapitalizó enormemente, su intento de llevar el país hacia el futuro no funcionó, y de llevarlo al pasado también. En la etapa Menemista se recuperó la representación política del momento histórico, pero se descapitalizó moralmente, solo mantuvo su capital político en cuanto fuerza capaz de gobernar el país, “roba pero hace” decían. La etapa Kirchnerista directamente vació de capital moral a todas las fuerzas políticas que las acompañaron pero además, el “roba pero hace” les quedó grande. El Kirchnerismo entregó el país en ruinas desde el punto de vista que se lo mire, degradaron por completo a los protagonistas de la etapa y el peronismo, como proveedor de votos y estructura territorial hasta el último día, dilapidó este capital intangible de fuerza capaz de gobernar bien.

La diáspora del peronismo, tras la peor derrota electoral de su historia, que ya explicamos (ver aquí), demuestra su dificultad actual de representar la demanda social y cultural tal y como lo explicamos en este portal (ver aquí). Esta falencia ya se notaba claramente tras la primera vuelta electoral, lo destacamos el 27 de octubre de 2015 (ver aqui), mientras que el único sector de origen peronista que sobrevive, con futuro e influencia, es el Frente Renovador de Sergio Massa, que se enfrentó al Kirchnerismo clausurando toda posibilidad de continuar con la derrota electoral que le impuso en la Provincia de Buenos Aires en el 2013, luego evitando la polarización Scioli – Macri en el 2015.

Hoy es Cambiemos quien representa la demanda de la sociedad de mayor moralidad y eficiencia en la gestión del estado, una normalización de la economía y la vigencia de la democracia como sistema político y del diálogo y los consensos como forma de resolver los problemas comunes, dejando el enfrentamiento y las divisiones como forma de acumulación política. Massa ejerce una oposición en el sentido y no en contra del cambio cultural y político, es decir, aportando soluciones en el sentido que la sociedad demanda, garantizando gobernabilidad frente a la idea de oposición salvaje que plantean los que perdieron en el 2015.

El peronismo se debate entre quedarse en el pasado, abrazado a una visión del mundo que no existe y a liderazgos vencidos en las urnas, es la estrategia de “resistir” y bloquear al gobierno de Macri, o bien recuperar prestigio archivando personajes del pasado reciente, poniéndose al día con su visión del mundo y las herramientas de gobierno, reconciliandose con los sectores medios y productivos, sumándose a la mesa de los consensos y dejando atrás, de manera convincente, la épica estéril del enfrentamiento permanente entre sectores de nuestra comunidad.

El fracaso del Kirchnerismo es un recordatorio de los errores del pasado que no debemos repetir. Representar el momento social, cultural y económico del país es un aspecto necesario pero no suficiente, los fracasos de Alfonsín y Menem son ejemplos claros que enseñan lo imprescindible de solucionar los problemas concretos de la vida diaria de nuestra sociedad. Resolver este desafío en un clima de democracia pluralista y construyendo consensos sería un paso adelante para Argentina, es la demanda social que permanece insatisfecha, lo demás ya lo vivimos muchas veces y fracasó rotundamente.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 13 de febrero del 2016

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina