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Scioli y los campos mórficos

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Rupert Sheldrake es un biólogo británico autor -entre otras- de la teoría de los campos mórficos, expuesta en su libro ‘A New Sciencie Life’ cuya primera edición conoció la luz en el año 1981.

La hipótesis de Sheldrake es que el universo está regido por determinados patrones de conducta (hasta el momento no conocidos) que rigen la evolución y la creación de todo lo viviente y de todo lo no viviente. Sheldrake extendió su teoría de los campos mórficos a todos los campos del conocimiento.

En el campo social está teoría explicaría entre otras cosas, el comportamiento de diversos grupos de animales que de la ‘nada’  es decir sin tener conexión aparente alguna entre si realizan conductas o descubren procedimientos similares estando en territorios alejados cientos o miles de kilómetros unos de otros. Sheldrake entendió como ‘diversos grupos de animales’ al conjunto de los seres humanos.

Así las cosas La Teoría de la Causación Formativa -tal es el nombre que le dio Sheldrake a su hipótesis-  centrada en los campos mórficos explicaría el por qué determinadas colonias de monos –no conectadas entre sí- en un momento dado de su evolución descubren casi en forma simultánea ‘lavar’ el alimento contaminado por la arena antes de ingerirlo, tal conducta que para nosotros -homo sapiens sapiens- resulta obvia, no lo es para el estadio de evolución en que se encuentran ‘esos’ monos. Todo un interrogante que tiene explicación en los campos mórifcos de Sheldrake. Sheldrake extendió su hipótesis a la raza humana con el objetivo de poder explicar determinadas conductas que no tienen explicación alguna dentro del reduccionismo social. Ejemplos de esto existen en todo el mundo.

Un punto a tener en cuenta respecto de la ‘no’ conexión es que a partir del fenómeno de la globalización, el uso de las redes sociales e internet es cada vez más difícil establecer su existencia, pero de todas maneras en la historia de la humanidad se pueden encontrar situaciones que por ser anteriores, escapan al fenómeno y que sirven como ejemplos incontaminados, situaciones que vale la pena aclarar van desde el descubrimiento del cálculo diferencial por parte de Newton y de Leibiniz, contemporáneos que lo desarrollaron en forma independiente el uno del otro, como el descubrimiento de la agricultura, el dominio del fuego y la pintura. Están en el alma humana y se transmiten sin hilos de conexión que conozcamos.

A esta altura Uds. se preguntarán que tiene que ver el gobernador de la provincia de Buenos Aires con los campos mórficos y la Teoría de la Causación Formativa y la verdad es que mucho. En la Argentina desde la Quiaca hasta Tierra del Fuego, se repiten conductas que desde hace muchos años entran en la calificación lisa y llana de conductas delincuenciales, estas conductas se popularizan de extremo a extremo del país y ganan cada día más adeptos. Mentir, robar, estafar, son conductas ‘normales’, vaya un ejemplo reciente: nuestro país tiene menos pobres que Alemania, como la escuchamos decir muy suelta de cuerpo a La Insana y que repitieran hasta el cansancio sus rentados lame botas.

La clase política argentina lleva la delantera de la mentira  desde hace muchos años, particularmente en los últimos doce se ha incrementado hasta el hartazgo la política de mentir, robar y hasta matar para seguir en la huella, es decir, para conservar el poder cueste lo que cueste. Hoy Scioli es un ejemplo de todo esto. Con tal de ‘llegar’ hace lo que sea. El  gobernador de La Provincia ha emitido deuda –autorizado por La Nación- en estos últimos días por U$S 500 millones, 500 millones de dólares a una tasa de más del 12% anual cuando en el  mundo hoy el dinero esta regalado, pero lo que es peor que peor es que curiosamente en su último spot propagandístico Scioli afirma -entre otras mentiras- para seguir el camino del desendeudamiento, y por supuesto lo dice con una gran sonrisa –la mejor que puede poner- para tamaño cinismo.

La conducta de Scioli se replica en la Argentina y en el mundo. Sheldrake las explica con sus campos mórficos, pero hay un detalle, en la Argentina solo llega lo peor de los efectos, lo bueno, es decir lo imitable del mundo civilizado y que beneficiaría al conjunto de los argentinos queda en el primer mundo, no nos llega o no quieren que nos llegue.

Poco a poco nuestra clase política -en particular y centralmente el cristikirchnerismo- está terminando con la vida civilizada en la Argentina, ha instalado la mentira como forma de vida y como forma de permanecer en el poder. En algún momento la realidad nos tocará a la puerta y asomará con toda su crudeza. Estemos preparados, no creo que falte mucho, Sheldrake seguramente sabe de lo que hablo.

Por Eduardo Abrevaya

Buenos Aires, 15 de junio de 2015.

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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