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Recobremos el equilibrio

Osvaldo BENEDETTO

 

 

 

Sentí, hace unos días, que perdía el equilibrio emocional al enterarme del asesinato de los integrantes de la redacción del periódico satírico francés Charlie Hebdo, a manos de una pareja de musulmanes ofendidos por la sátira de esa publicación a la máxima figura humana de su religión, el Profeta Mahoma.

Al horror siguió la reflexión, comenzando por la profunda repulsa a lo que ocurrió y, seguidamente, la comprensión del drama que nos toca vivir en nuestro tiempo, donde los pueblos ya no viven separados sino que conviven en una trama donde cualquiera se cruza frecuentemente, en alguna de las cientos de urbes de este planeta que nos aloja a todos, con un musulmán, un ateo, un judío, un cristiano o un budista.

Todos nos informamos aproximadamente por los mismos medios de comunicación masiva. Lo notable y novedoso es que todos esos individuos de diversas creencias, además pueden pertenecer a distintitas civilizaciónes las que, no siempre, están en el mismo estado de desarrollo.

Recordemos que lo más granado de la civilización occidental, hasta hace pocas generaciones, no más de 10 o 15, mataba, por su concepto particular de los sagrado, desde lo más alto del poder estatal o desde los sectores medios de la sociedad. Mencionamos solo a título de ejemplo:

  • La Noche de San Bartolomé (año de 1572)  en Francia, en la cual se asesinó a miles de cristianos hugonotes en nombre del catolicismo. Este hecho dio lugar a una guerra civil que duró desde ese año hasta 1598.
  • Las expulsiones de judíos y musulmanes en España y las hogueras quemando a los conversos musulmanes o judíos declarados relapsos (reincidentes) por la Inquisición
  • Las hogueras de Calvino en Ginebra que castigaron no solo a católicos sino también a protestantes por detalles doctrinarios .
  • Un siglo y cuarto de guerra religiosas en Europa: desde la guerra a los anabaptismo alemanes (1524-1525) hasta la Guerra de los Treinta Años (1618/1648)
  • Las persecuciones y muertes de católicos bajo el régimen puritano luego de la caída de Carlos I de Inglaterra, y las persecuciones y esclavización de los cuáqueros durante el reinado de Carlos II. Todavía en 1867 en Birmingham y otras ciudades, se mataron católicos por parte de chusmas enfurecidas y motivadas por el demagogo anticatólico William Murphy.
  • Los linchamientos del Klu Klux Klan en el sur norteamericano por razones raciales. Uno de los último de ellos son los de Viola Liuzzo y su esposo Anthony Liuzzo en 1965
  • Entre 1936 y 1945 los muy civilizados alemanes mataron a millones de seres humanos por razones raciales

Sin embargo, la civilización Occidental, criada en el seno de la civilización romana, dentro del capullo de la Iglesia Cristiana, pudo evolucionar y hoy, en el siglo XXI, repudia toda violencia sobre la palabra o el pensamiento y acepta, aunque sea a disgusto, los insultos a las creencias espirituales. La excepción única y universal es un insulto procaz contra la propia madre, acción que, casi unánimemente, despierta violencia física en el agredido.

Sin querer disculpar lo incalificable ocurrido en París, recordemos algunos hechos básicos para comprender el cuadro ante el que nos encontramos.

  • A la civilización Occidental le llevó casi 2.000 años alcanzar un cierto nivel de tolerancia hacia las creencias más profundas de cada individuo.
  • La civilización Islámica se desarrolló a partir de la huida de Mahoma de La Meca a Medina en el año 622 de nuestra era y, desde el punto de vista biológico del desarrollo de las civilizaciones, que difundió Arnold J. Toynbee en su famosa Estudio de la Historia (Publicado en español por Espasa Calpe en 23  volúmenes), estaría en una etapa de su desarrollo equivalente al Renacimiento Italiano ( Siglo XV)

Todo lo anterior nos indica que la civilización la Occidental pionera del progreso durante los últimos 600 años, ha cometido hasta hace pocos años terribles tropelías y matanzas defendiendo su concepto de lo sagrado.

Es mucho más notable aún que esos delitos contra la humanidad, hasta el presente, se hagan también por intereses económicos, financieros o de mero poder territorial. Podríamos mencionar por ejemplo:

  • Los atropellos a la dignidad humana del Rey Leopoldo II de Bélgica que amasó una inmensa fortuna mediante la explotación de los recursos naturales del Congo –caucho, diamantes y otras piedras preciosas– y la utilización de la población nativa como mano de obra forzada y esclava.
  • Los muertos de Argelia e Indochina que no aceptaron seguir siendo dominados desde París y se rebelaron contra el imperialismo francés. Es de hacer notar que los torturadores expertos del Ejército de Ocupación Francés fueron los que transmitieron sus técnicas a los regímenes dictatoriales de Argentina, Chile y Uruguay, todo bajo la protección norteamericana.
  • Las agresiones desarrolladas por norteamericanos, ingleses o rusos, que utilizan pretextos humanitarios para encubrir su necesidad de dominio de las fuentes de energía (Caso de Irak, Chechenia, parte de Ucrania y otros)

Podríamos pasarnos horas transcribiendo hechos históricos que muestran el salvajismo e impiedad que han utilizado las naciones occidentales que hoy se mesan las barbas, o lo senos, horrorizados por lo sucedido hace unos días en París.

Tienen razón, es horrible, es repudiable, los culpables deben ser castigados. Pero también es cierto que aquellos que se llaman a si mismos seres civilizados no tienen derecho a mofarse de lo que otros seres humanos consideran sagrado. Se trata de una restricción ética y moral que cualquier persona con conciencia debe tener por respeto a la dignidad humana. No se trata del ejercicio de la libertad de prensa, se trata del ejercicio a respetar a otros seres humanos.

Finalmente tenemos que criticar acerbamente a Sra. Ministra Francesa de Justicia Christiane Taubira la que, durante el funeral de uno de los caricaturistas de Charlie Hebdo, asesinado por los terroristas, pontificó: “En el país de Voltaire y de la irreverencia, tenemos el derecho de burlarnos de todas las religiones”.

Creo que superar un Coeficiente intelectual de 85 puntos, o tener más de 12 años, habilita para apreciar la incultura profunda de un funcionario que alega, para los franceses, el derecho a burlarse de creencias espirituales de otros seres humanos. En fin, para algunos el ombligo de universo está en Isla de la Cité.

Por todo ello creo que debemos retomar el equilibrio. Castigar a todos aquellos osen tomar venganza por cuenta propia y, al mismo tiempo, repudiar con énfasis y públicamente a quienes se atribuyen el derecho de mofarse de lo que otros seres humanos creen sacrosanto.

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Osvaldo M. Benedetto

Osvaldo M. Benedetto

Ingeniero egresado de la Universidad Tecnológica Nacional. Conductor del programa radial Conversando con Amigos. Ejerció la docencia Universitaria y trabajó en el diseño y ejecución de políticas públicas en el Ministerio del Interior, la Honorable Cámara de Senadores y en los Municipios de Berazategui, General Rodríguez y Avellaneda.
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