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¿Que pasa con la calle?

eduardo abrevaya

 

 

 

 

¿Qué pasa con la calle? ¿Qué pasa con la calle?! Es la pregunta que una y otra vez y a los gritos le repite William Foster (Michel Douglas) al operario que se encuentra holgazaneando junto a un cartel de stop y que interrumpe una calle en ‘reparación’. Un rictus de goce en la cara del obrero hace exasperar a Foster, que tiene entre sus manos una poderosa Bazooka ya cargada y lista para disparar. El tránsito en L.A. (Los Ángeles, USA, donde transcurren las escenas) se ha vuelto infernal y el día se ha tornado de furia. Tal es el título -Un día de furia- en castellano de la película Falling Down (1993) dirigida por el famoso Joel Schumacher. Foster nos muestra -en una muy descriptiva pintura- como el hartazgo y la locura se van apoderando de él ante cosas que antes soportaba y ahora ya no soporta más. Ha perdido el trabajo, tiene problemas con su mujer de la que está divorciado y hace mucho, mucho calor en Los Ángeles. Foster no soporta  más al chino (coreano) del supermercado que no pronuncia bien el inglés, ni tampoco que dos pandilleros le quieran cobrar ‘peaje’ por el solo hecho de estar sentado en ‘su’ territorio. Reacciona y cada vez es con más violencia. Ahora enfrenta. Las mentirosas publicidades de hamburguesas lo sacan de quicio. Los latinos más. Y tampoco soporta que le corten la calle para arreglar algo que según él es solo un ardid para seguir ‘robando’ dinero de los contribuyentes. Se van sucediendo las escenas y ante cada situación e inconveniente su paranoia aumenta y aumenta. En cada hecho Foster se ‘hace’ sin querer, accidentalmente (a la manera de Camus en El extranjero) de un arma más letal. Empieza con un bate de beisbol y termina con una bozooka destruyendo justamente la calle cortada por obras. Bueno hasta aquí Foster. Ahora nosotros. La ciudad -y sus accesos- está siendo permanente sitiada -literalmente- por grupos de fanáticos so pretexto de defender las fuentes de trabajo que el gobierno les quita y no sé qué otra historia (quisiera saber si alguno de los que cortan calles y autopistas alguna vez hicieron algo que no sea cortar calles y autopistas). Todo es solo un pretexto. A estos muchachos que son campeones en no hacer nada todos los colectivos los dejan bien. Su intención primera y última es cercar al gobierno y eventualmente en algún momento hacer otro 2001 y voltearlo a Macri. Las cosas son como son y se cuentan solas. Así trabaja la izquierda violenta en la Argentina. Siempre fue así. A la mierda con la dialéctica comunista. Y en cada corte vos sos el rehén. Yo soy el rehén. Y nadie tiene derecho a tomarte de rehén. Nadie. Ni a vos ni a mi. Cortar una autopista y no dejar pasar a nadie es fascismo en su estado natural. Puro. Cortar tu libertad es un acto sedicioso. Es un acto subversivo (palabra que se dejó de usar y que explica muy bien las cosas). Ambulancias que no llegan. Enfermos que se enferman más, algunos mueren. Sí, algunos mueren en los cortes. Cortejos fúnebres que tampoco llegan. Trabajadores que pierden el presentismo. Profesionales que no llegan a horario a sus citas. Pacientes que no pueden esperar. Caos. El objetivo es el caos. Cortar en dos la ciudad a la seis de la tarde cuando la temperatura es de 40º grados es un acto criminal. Así se mata gente. Ancianos. Enfermos. Niños. Embarazadas. Y la lista sigue. Y también por supuesto estás vos y estoy yo. Si esto no se termina (se tiene que terminar, créanme), un día va a venir ‘un’ Foster. Al siguiente vendrán dos. Luego serán cien. Cuando esto pase no los van a poder parar. Y entonces habrá comenzado lo peor. Nos habremos empezado a matar entre todos. Porque si el Estado no existe. Si el Estado deja de monopolizar la fuerza. Y te deja librado a la buena de Dios. Para que te arregles. Entonces lamentablemente habremos entrado en el temido Falling down. Las advertencias como dice mi amigo Maslatón, están debidamente presentadas.

Por Eduardo Abrevaya

Buenos Aries, 24 de febrero de 2016.

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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