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¿Qué es la Innovación?

Santiago Pellegrino

 

 

En un artículo anterior en el que realicé una síntesis del panorama del desarrollo argentino, dejé la puerta abierta a lo que llamé la tercera vía, algo que podríamos llamar el camino de la innovación. Muchos podrían preguntarse qué quiere decir eso. Bien, aquí un pequeño aporte.

Acerca de la innovación

Cuando hablamos de innovación hacemos referencia, principalmente, a un conjunto de saberes y conocimientos que, aplicados a casos concretos, generan que “viendo lo que todo el mundo ve, leyendo lo que todo el mundo lee, oyendo lo que todo el mundo oye, se realiza lo que nadie ha imaginado, todavía” (Profesor Patricio Morcillo). Es decir, existen una serie de saberes y conocimientos que otorgan una capacidad diferencial (competitiva) que distingue una economía de otra. Las innovaciones se pueden reflejar tanto en los productos (bienes y servicios que se generan) como en los procesos (formas y maneras de producir). Incluso se ha hablado de “innovación social”, refiriéndose a nuevas maneras de relacionarse y nuevos valores que se generan y comparten en las comunidades.

Entonces ¿es posible “gestionar” la innovación o el conocimiento? Quizás el empleo de ese término resulte contradictorio con lo mencionado en el párrafo anterior. Si entendemos que innovar tiene que ver con la capacidad creativa, sin límites, de una economía y gestionar suele asociarse con ejercer controles, incentivar un aspecto en desmedro de otro e incorporar diversos niveles y tipos de jerarquías en la toma de decisiones (ya sean más horizontales o verticales), entonces podríamos interpretar que “gestión” implicaría la imposición de límites a la creatividad.

En rigor, cuando se habla de “gestión del conocimiento” se busca otra cosa. El objetivo es consolidar entornos que faciliten la innovación. Se asume que si se dan las condiciones que faciliten la explotación de los saberes y conocimientos se conforman sistemas de producción altamente competitivos, dado que en ese lugar se producen bienes y servicios que en otro lugar no se hacen o, si los productos son similares, el modo de hacerlo no lo es. Cuando hablamos de gestión del conocimiento nos referimos, entonces, a la construcción de esas condiciones que hacen posible generar innovaciones. Por lo tanto, lo que distingue a una economía innovadora de otra no es solamente la presencia o no de “genios innovadores” sino la capacidad de generar el entorno (condiciones) que permitan que los conocimientos que posee una determinada sociedad aporten un valor agregado a la producción.

Profundizando el fenómeno

A la hora de pensar en la innovación, se comenten algunos errores. El primero es creer que innovar es incorporar tecnología. Actualmente, la referencia en ese sentido es hacia los productos informáticos. El segundo es reducir el concepto de conocimiento a los saberes científicos, razón por la cual algunos índices toman como casi único indicador el nivel de inversión en “investigación y desarrollo”. El tercero es asociar invención con innovación: en el primer concepto se trata de crear algo absolutamente nuevo, impensado, una revolución tecnológica y/o productiva. Si así fuera, poca innovación habría en el mundo, sólo algunos genios podrían ser verdaderos innovadores, pero yo prefiero llamarlos inventores. Innovación es, desde mi punto de vista, algo distinto.

Cabe aclarar que el concepto de “innovación” abarca al menos dos dimensiones: por un lado, lo que podríamos llamar saberes codificados (por ejemplo, las ciencias) y, por el otro, los saberes “tácitos”. En este segundo grupo se encuentran las habilidades, las técnicas, los usos y las costumbres, muchas veces también se incluyen los valores. Estos saberes tienen la particularidad de que no necesariamente pueden encontrarse en formatos de divulgación universal, como podrían ser libros o formatos digitales, sino que son parte de un conocimiento “incrustado” en la cultura de un determinado lugar. Incluso podríamos pensar que en una determinada economía, ya existen determinadas pautas culturales y habilidades productivas que, sumando saberes universales o científicos, se podrían potenciar mucho más.

Entonces cuando tomamos a la innovación como una estrategia de desarrollo para Argentina queremos hacer mención a la capacidad de explotar (gestionar) los conocimientos (tácitos y codificados), a fin de dar un salto productivo sustentable y sostenible, que nos permita salir del estancamiento y conformarnos en actores de peso en la región y a nivel mundial. De ahí que la tercera vía que podríamos explorar tiene que ver con “innovación + desarrollo”.

Santiago Pellegrino

Buenos Aires, 14 de marzo de 2014.

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Santiago Pellegrino

Santiago Pellegrino

Lic. en Ciencias Políticas Profesor de Historia Argentina Opinión, Política e Innovación y Desarrollo
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