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Pimeras observaciones sobre el #18F

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“Quienes concurrimos a la marcha de este 18F lo hicimos movidos por una decisión personal libre y autónoma y las organizaciones comunitarias participantes más destacadas fueron las familias.”

 

Este jueves 18 de febrero (designado 18F), cientos de miles de personas marchamos durante tres horas, en silencio , en paz y bajo una lluvia torrencial y constante (lo que le dio cierto carácter épico) en la Ciudad de Buenos Aires y en toda la Argentina, al cumplirse un mes de la muerte violenta del fiscal Alberto Nisman, producida horas antes de su prevista presentación en el Congreso donde iba a explicar los fundamentos de su denuncia por encubrimiento a la presidente de la Nación, el ministro de Relaciones Exteriores y otros dirigentes del gobierno nacional, en relación al ataque terrorista contra la mutual judía AMIA cometido el 18 de julio de 1994, por el que se imputa a altos funcionarios de Irán.

Quienes concurrimos a la marcha de este 18F lo hicimos movidos por una decisión personal libre y autónoma y las organizaciones comunitarias participantes más destacadas fueron las familias.

Las únicas consignas que se explicitaron fueron el reclamo de justicia, el recuerdo y homenaje al fiscal Nisman y vivas a la Patria, así como la reiterada entonación del Himno Nacional. Sin embargo era perceptible que la amplia mayoría de los partícipes eran netos opositores al actual gobierno.

Por fin, vale mencionar que hoy, 18F, es el miércoles de cenizas y el inicio de la Cuaresma 2015.

Aunque sea prematuro extraer observaciones sobre el efecto electoral de esta marcha, vale destacar que el número de asistentes en la jornada de hoy equivale al que hubo en marchas similares del 2012, dato significativo habida cuenta que en octubre de este año será la definitiva elección de recambio presidencial y aquellas marchas populares del 2012 precedieron y anunciaron la derrota que sufrió el gobierno en las elecciones legislativas del 2013.

Aceptamos que hay que esperar algún tiempo para poder sacar conclusiones significativas acerca de los efectos que esta marcha pueda tener en el escenario político y social, nos permitimos adelantar algunas conclusiones.

  • Desde el gobierno se planea equilibrar el “control de la calle” mediante una concentración de sus adictos en la Plaza del Congreso el próximo 1 de marzo, cuando Cristina Fernández de Kirchner pronuncie el que será su último mensaje presidencial ante la Asamblea Legislativa. Aunque dispone de enormes recursos logísticos que emplea sin límite para lograr masividad en sus actos, no parece probable que la cantidad de asistentes a ese acto se acerquen a los 400.000 asistentes al 18F y si la diferencia llega a ser amplia, la respuesta oficial podría tornarse en un boomerang ya que daría un testimonio irrefutable de su debilidad.
  • Nos parece que ninguno de los precandidatos presidenciales de la oposición que asistieron a la marcha del silencio puede contabilizar para sí el apoyo de los manifestantes, aunque el estado de ánimo predominante entre los partícipes sea adverso al gobierno. Diríamos que quienes marcharon parecieran saber bien a quienes no quieren pero distan de tener definido a quien quieren.
  • Aunque la marcha fue del todo pacífica y ordenada, no deja de ser un riesgo para la democracia aun incompleta que vivimos los argentinos, el hecho que en un año electoral las opciones se diriman a través de movilizaciones callejeras y no del debate institucional entre partidos políticos que merezcan el nombre de tales y que hoy no existen en la Argentina.

Por Victor E. Lapegna

Buenos Aires, 18 de febrero 2015 23.45hs.

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Victor Eduardo Lapegna

Militante Peronista, empresario, docente y analista de política y economía.

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