DONDE TU OPINIÓN VALE

Close Icon
   
    

No hay mal

eduardo abrevaya

 

 

 

 

 

 

Desto infiero, juzgo y siento.

 Que no hay bien sin su descuento.

 Ni mal que algún bien no espere.

 Si no es el mal del que muere.

 Y que va al eterno tormento.

(La Gran Sultana. Miguel de Cervantes Saavedra)

Que por bien no venga reza un sabio refrán español. Siempre que pasa algo malo, existe -en el pensamiento de la cultura popular- la idea ya milenaria e incorporada a la cultura de los pueblos que no importa lo que pase porque seguramente eso que pasa -que es malo- tendrá una contrapartida correctora y natural (palabra que indigesta a la izquierda y al populismo) que equilibrará las cosas. Y entonces siempre hay y habrá esperanza. Lo último que se pierde. No importa que haya males. Que padezcamos todo el tiempo a la mala y deplorable política y a sus malos y deplorables actores porque más temprano que tarde esto se subsanará de manera natural. Es más cuanto más grande sea el mal, más grande será el bien. Y esto no significa ser bobos o tontos. Que aguantamos cualquier cosa. ‘Total’ ya va a venir la corrección ‘buena’ que equilibre y ponga las cosas en su lugar. No, así piensan los necios. Lo importante de todo esto que pasamos, es ‘ver’ y comprender que así no se puede seguir. Cada uno ve con sus propios ojos. Hay individuos que cobran suculentos sueldos para traicionar. Llámense jueces, fiscales, presidentes, funcionarios. Tiene prebendas y las usan para traicionar al pueblo. Estamos despertando de un largo letargo. Como dice el tango: primero hay que saber sufrir después amar, después partir. Y hemos sufrido. Y en este despertar que sería el saber amar, tienen mucho que ver las democratizadoras plataformas tecnológicas que ponen la información al alcance de todos. Las redes sociales. Más allá o más acá que se dice de todo. Hay un instinto que nos va diciendo donde puede estar la verdad y donde no. Ejemplos abundan. Hace algunos años, muchos se encargaban de ponerle el rótulo de ‘gordo vende humo’ a Jorge Lanata. Hoy vemos que no solo no vendió humo sino que estaba muy bien encaminado. Así se lo intuía en la Internet. Lo mismo pasó con Carrió. Muchas de las cosas que denunciaba la ‘loca’. Que según un ex funcionario (caradura) estaba más sucia que una papa. Eran y son verdades del tamaño de un continente. Y las redes sociales hoy juegan el papel del barrio perdido. Del barrio en el que todos sabíamos todos de todos. Si alguno de la nada aparecía con un auto 0 km. Había rumores. Y en general los rumores eran ciertos. Hoy pasa lo mismo. Pero en la red. De ahí el apuro que tienen todos los gobiernos del mundo occidental para limitar la libertad de expresión Todavía no le encontraron la vuelta. Pero desde ya les digo que hay que oponerse a cualquier intento. Por menor e inocente que sea. Estar atentos es nuestro salvoconducto hacia la libertad. Tan amenazada, tan vapuleada por la corrupción. Véase que en el otro mundo ya lo hicieron o lo hacen cuando las papas queman. Bajan la palanca y chau Facebook, Twitter, etc. Bajan la palanca y oscuridad total. Volviendo. Entonces lo bueno de todo es que todo el mal que nos han hecho estos últimos veinte años –para no ir muy atrás- de gobiernos populistas es que de a poco está empezando a haber conciencia. Conciencia sanadora. La que toma conciencia de la verdad de las cosas. De la que le deja poco margen a la mentira. Nunca como hoy los jueces estuvieron tan expuestos a la mirada de un pueblo que observa ávido de condenas. Por eso se apuran para mostrar resultados. Se apuran para poner esposas delante de los flashes. Quieren calmar a las fieras y les dan carne fresca. Los juzgadores se apuran para sacar al aire a individuos quebrados por el peso de sus pecados. El mal no paga me decían cuando yo era muy chico. Cuánta verdad! Hoy desfilan los poderosos por los pasillos corrompidos de edificios corrompidos de una justicia corrompida de un país corrompido hasta el caracú.  Rompieron todo. Pero no pudieron romper el espíritu del pueblo ¿Saben por qué? Porque existe un hombre bueno, un hombre que se banca todo y que espera,  que sigue esperando. Espera que en algún momento se haga justicia. Ese hombre bueno es millones. Vio lo que son la autopistas a la mañana muy muy temprano –cada vez más temprano-, los trenes, los subtes, los colectivos. Están llenos de hombres y mujeres buenos que salen a ganársela bien. Millones y millones que salen a ganársela BIEN. Entonces, repito, hay esperanza. Que los malos vayan a donde tienen que ir los malos. Porque ese hombre-millones tiene esperanza porque sabe –aunque padezca y mucho- que no hay mal que por bien no venga. Y el bien vendrá. Qué duda cabe. A lo mejor los 200 años de independencia nos empiezan a sentar bien y nos encaminamos definitivamente a ser un gran país. Pero –siempre hay un pero- tenemos que hacer todo para merecerlo, porque nadie nos dará nada. Nadie. Menos que menos la casta gobernante. Y que así sea.

Por Eduardo Abrevaya

Abril 8 de 2016

image_pdf
The following two tabs change content below.
Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
Eduardo Abrevaya

Latest posts by Eduardo Abrevaya (see all)