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La Semana 7 – Sinceramiento Forzado

german gegenschatz

La publicación del índice de inflación de enero de 2013 del 3.7% es un sinceramiento forzado por las necesidades del momento, mentir ya no alcanza para tapar la inflación y además esa mentira fulminaba, junto con otras cosas, la posibilidad de endeudarse en el exterior, endeudamiento al que hoy se quiere volver, también por necesidad.

La devaluación, la suba de tasas de interés y el resto de las medidas adoptadas que implican un ajuste más bien ortodoxo también son “sinceramiento forzado”, fruto de decisiones económicas precedentes libremente adoptadas con un poder político mayor que ahora en que se quiere corregir su consecuencia causal más nociva, la inflación.

Es muy positivo que el gobierno esté con todas sus fuerzas abocado a solucionar la inflación y los demás problemas que nos afectan a todos, las cuestiones de gobierno no deben personalizarse o reducirse a simpatías, recordemos que nos afectan a todos, y es de buen ciudadano apoyar todo aquello que lleve a mejorar la situación actual, más allá de la mayor o menor convicción con que el propio gobierno adopte las medidas o de las simpatías personales que despierte.

La política tiene límites y sus actores responsabilidades

No se puede sostener que la política gobierna la economía y de inmediato excluir al gobierno como responsable primario de la inflación. Sea por error en la acción, por omisión o por impotencia es responsable. Digo esto porque comparto en lo personal aquello reiterado hasta el cansancio de que es la política quien conduce la economía, entonces la responsablidad de lo decidido es el primer corolario de la afirmación. Pero debemos decir sinceramente también que esa primacía de la política a la hora de las decisiones NO implica el señorío absoluto de la política en las consecuencias económicas de sus acciones, esto es asumir que la política puede estar equivocada.

Hay variables que interactúan con la política que se deben ponderar, y sobre las cuales el poder político tiene influencia relativa.

Se suele subestimar el poder del ciudadano que es la primer variable relevante, se los piensa menos expertos de lo que son o se presume que actuarán como súbditos obedientes. Este ciudadano tiene siempre un margen de acción que es imposible de someterlo totalmente a la decisión politica. En nuestro país por ejemplo ese ciudadano es libre de votar en el “mercado político” cada dos años, y también vota cada decisión económica del gobierno y de las empresas todos los días en el “mercado”, le sube o le baja el pulgar cada vez que compra algo a cierto precio o lo deja de hacer, cuando invierte o lo deja de hacer, cuando vacaciona aquí o en el exterior o no lo hace, cuando gasta y cuando atesora, cuando pone el aire acondicionado a 19° y no a 24°. Otra variable es el mercado mundial que siempre nos influye, sobre el cual la política local tiene injerencia muy limitada. Otra variable es la naturaleza, que también es gobernada por leyes ajenas a la política local las que son tan previsibles y conocidas como inmodificables en muchos aspectos.

Las variables mencionadas no limitan la decisión política de un gobierno, que de todas formas puede hacer y decir lo que quiera, pero si limitan las probabilidades del gobierno de lograr sus objetivos, no reconocerlo es mentir o engañarse peligrosamente. Hay cierta causalidad entre las medidas adoptadas y sus consecuencias, y si bien las consecuencias no son absolutamente manejables por el gobierno todo el tiempo, tampoco existe la “fatalidad” absoluta, siempre hay un margen de acción amplio.

Sí aprendimos, hay esperanzas

Hoy estamos inmersos en las consecuencias bastante predecibles de decisiones que ya habían producido resultados insatisfactorios en el pasado, sea por el mero hecho de adoptar las mismas decisiones o por no haberlas modificado una vez cumplido el tiempo en el que pudieron dar efectos positivos poco sustentables. Los dirigentes “sabios y prudentes” deben tomar nota que los argentinos ya aprendimos que la emisión recreativa de moneda termina muy mal, que es un camino que no queremos volver a iniciar.

Mentir tampoco ayuda, nuestra sociedad parece haber incorporado en su sentido común aquello de que es improbable obtener consecuencias diferentes si seguimos actuando igual, y en medio de un revivir el pasado próximo nace el deseo justificado de cambiar, sepamos transitar el camino en paz que hay un futuro mejor, porque SÍ hemos aprendido es que hay esperanzas de superar todas las dificultades que tenemos y que sin dudas tendremos hacia adelante.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 14 de febrero de 2014

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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