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La semana 36 – Mejor buscar la armonía

german gegenschatz

 

“Hay que convencerse que la humildad no es debilidad, que consultar a otros es de inteligentes y no de ignorantes, que reconocer errores no es un sincericidio tonto.”

 

 

Un gobierno puede elegir vencer o convencer, lo que está fuera de su alcance es torcer los resultados propios de las acciones elegidas, que serán bien distintos según el camino que elija. Si el camino es tratar de vencer al sector empresario imponiendo una ley de abastecimiento, entonces el enfrentamiento es inevitable. La destrucción del capital económico y político será un costo ineludible, y al final quedarán los restos de cada parte, es decir, menos que al principio.

Hasta el más pacífico puede tornarse peligroso, cuando percibe que ya no tiene nada más por perder, y eso piensan muchos frente a la ley de abastecimiento. Algunos estarán felices porque sienten que esta ley no les toca a ellos, pues vale decir que lo mismo pensaban los actuales afectados directos, más aún, muchos se sentaban en la mesa de las decisiones. Ahora hay razones de pesos, de dólares y de principios para resistirse.

Media declaración de guerra.

La media sanción por parte del senado del proyecto de ley de abastecimiento, es leída como una declaración de guerra a los sectores más dinámicos de la economía, muchos de los cuales son los mismos que han acompañado hasta ahora al gobierno, no por amor o coincidencia ideológica, sino por el demoledor argumento de la conveniencia.

Hay cierta cuestión de principios en el comunicado emitido contra el proyecto de ley de abastecimiento por la Asociación de Bancos Privados de Capital Argentino, la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, la Cámara Argentina de Comercio, la Cámara Argentina de la Construcción, la Sociedad Rural Argentina y la Unión Industrial Argentina. Allí se muestra a las claras que ven en la ley un ataque directo a derechos constitucionales básicos tales como: de trabajar y ejercer toda industria lícita… de usar y disponer de su propiedad … de asociarse con fines útiles, entre otros, más allá de “la división de poderes” que tan reiterativamente mencionan.

Hay razones de pesos y de dólares también. Se carece de experiencia nacional o internacional que demuestre que este tipo de leyes obtienen los resultados que surgen de su letra escrita. Si se sabe que, en principio, han servido para quedarse con las rentas y patrimonios de quienes desarrollan actividades económicas a escala mas bien masiva, para luego lograr un desabastecimiento por abandono empresario de la actividad productiva.

La última caja esta a cielo abierto.

Si miramos las necesidades de divisas del gobierno, podemos concluir que esta ley parece estar dirigida fundamentalmente al campo. Creo que el gobierno intentará avanzar más rápido sobre la soja acopiada en los silo-bolsas que lo que la justicia puede decidir respecto de su derecho a hacerlo. El fin económico es parecido a lo intentado por la famosa “125”, pero con otros argumentos y con más destinatarios aparentes.

Puede ser que vayan por los “autos encanutados”, pero esto es más difícil hay sindicatos amigos y podría producir desempleo masivo en centros urbanos. En el campo el sindicato es enemigo y los empleados están dispersos en los pueblos y en el campo.

En definitiva, el gobierno ve que la última caja está a cielo abierto. Si se decide dar el manotazo a un solo productor agropecuario, antes que las sentencias judiciales digan si es o no constitucional, todos los sectores –afectados o no- tratarán de evitar que les toque a ellos mediante marchas, cortes de rutas y piquetes. ¿Que otra cosa se puede esperar si se hace lo mismo que ya no funcionó antes?.

Dudo que, en la sinceridad profunda de la intimidad, los funcionarios vean en esta ley algo más que no sea ese manotazo de ahogado hacia ese bolsillo del campo que ya mostró su límite, y todo para llegar bien al 2015 y para tener algo de sobrevida al futuro.

Esta ley, de sancionarse y aplicarse a fondo, será como mínimo inútil en lo económico, y políticamente devastadora para los que pretenden llegar al 2015 en el poder, o bien para quienes quieren tener alguna chance en las próximas elecciones identificados con el gobierno.

Mejor buscar la armonía.

Mientras el proyecto pasa de una cámara legislativa a otra estamos a tiempo para hacernos algunas preguntas:

¿Alguien cree que esta ley es la llave para bajar la inflación, evitar suspensiones y despidos o es mas bien para forzar la liquidación de bienes y cobrar los impuestos correspondientes.?

¿Alguien cree que esta ley incentiva a dejar el dinero en el banco y no salir corriendo a comprar dólares?

¿Alguien cree que esta ley estimula la inversión y la generación de empleo?

¿Quien puede comprar que los fracasos del pasado que repetimos hoy, tales como la inflación, el déficit fiscal y una ley de desabastecimiento, son soluciones para el presente y el futuro?

Mejor sospechar de las “soluciones” que necesitan solamente del uso de la fuerza como es el caso de esta ley. La fuerza es necesaria cuando el daño que produce lo que se quiere hacer afecta a muchos y el beneficio llega a unos pocos, de otra forma todos estarían de acuerdo, el cumplimiento masivo sería voluntario, la sociedad estaría tranquila y el garrote en reposo.

Hay que convencerse que la humildad no es debilidad, que consultar a otros es de inteligentes y no de ignorantes, que reconocer errores no es un sincericidio tonto. Cuando se trata de lograr soluciones reales es mejor buscar la armonía, es necesario cambiar la actitud de cada uno para hacer el bien de todos. Vayamos por esté camino, empecemos a exigirlo hoy mismo.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 5 de septiembre de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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