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La Semana 31 – Final abierto

german gegenschatz

 

 

“Los términos de cumplimiento ofrecidos por ahora no son los de la sentencia sino los mismos de los canjes 2005 y 2010, para que no se activen las cláusulas RUFO. Para después de diciembre no se sabe si se hará alguna oferta mejor, o la misma, o nada.”

 

Los años previos a los canjes del 2005 y 2010 mostraron una Argentina que se recuperaba, en un contexto internacional desfavorable al otorgamiento de salvavidas para situaciones como la nuestra de entonces. El gobierno supo, en ese contexto favorable, negociar muy bien y sacar el máximo provecho en beneficio de todos.

La situación de hoy es diferente, esto sugiere la conveniencia de revisar los costos y evaluar bien que beneficios se obtienen antes de dar cada paso, buscando una salida uniforme para todos los que quedaron fuera de los canjes.

Realismo y resultados.

Las reglas con las que se libró el litigio con los holdouts es lo único que no ha cambiado, todo lo demás si. Revelarse contra lo injusto conocido de antemano puede ser emocionalmente eficiente y políticamente correcto, pero por ahora no más que eso.

La cronoterapia de dejar colgados sin pagarles al 100% de los bonistas, desde del default del 2001 hasta el 2005 y el 2010, resultó para la inmensa mayoría.

Hubo otros acreedores que esperaron, cuyos créditos no estaban instrumentados en bonos, muchos incluso litigaron, y sin conceder quitas ni plazos están cobrando. Son los casos del CIADI y del Club de París que Argentina solucionó con el mismo realismo que antes, adaptado al nuevo escenario.

En estos casos, más allá de los motivos que aceleraron el proceso de lograr los arreglos, se comprendieron las diferencias de escenarios y actores, y se cambió la estrategia con resultados positivos.

Los objetivos y las acciones.

El objetivo declarado del gobierno, a partir de la sentencia firme a favor de los holdouts, es terminar de regularizar las obligaciones de nuestro país con sus acreedores. Los términos de cumplimiento ofrecidos por ahora no son los de la sentencia sino los mismos de los canjes 2005 y 2010, para que no se activen las cláusulas RUFO. Para después de diciembre no se sabe si se hará alguna oferta mejor, o la misma, o nada.

Las acciones visibles de la negociación en curso son: la incertidumbre de cobro de la sentencia, pedidos a legisladores del congreso americano a que tomen cartas en el asunto, más la presión de otros distintos grupos de opinión e interés contra los “fondos buitres”.

La forma de negociar con los holdouts ha tenido beneficios políticos internos. El gobierno está nuevamente en el centro de los hechos, tiene la iniciativa y un impacto positivo que ha levantado la imagen presidencial.

En lo externo los estados con bonos colocados en los mercados, que son todos, no pueden aplaudir que un puñado que repudia las reestructuraciones de deuda soberana logre cobrar todo. Es una puerta que no puede permanecer legalmente abierta. Ya hay plazas financieras, como Londres, que tienen legislación local que cierra la puerta, y también cláusulas en los bonos soberanos nuevos en el mismo sentido. Pero hay mucha deuda vieja dando vueltas, como la nuestra.

Viendo el escenario en su conjunto, y la cercanía de las elecciones presidenciales, puede ser también que prime la mezquindad política, y viendo el balance político interno a favor, con más el apoyo internacional obtenido, se decida dejar la solución de la deuda al gobierno que siga, evitándose escenarios de derrota frente a los holdouts; calculando que en términos políticos será un costo si se paga más que a los bonistas de los canjes 2005 y 2010, y los créditos serían compartidos con el próximo gobierno si se pagara igual que a los bonistas mencionados. Esperemos que prime la cordura.

Final abierto.

Lo execrable de la conducta de Paul Singer, la conveniencia internacional de poner fin “legalmente” a los triunfos judiciales de estos fondos, todos son alicientes para seguir el inconveniente camino de no solucionar el problema, disfrutando los réditos políticos temporales de condenar lo obvio, hasta ahora, a un costo agregado difícil de distinguir en medio del mal momento de nuestra economía. El fracaso total, que seria volver a un default de toda o parte de la deuda del canje, está ahí nomas.

Vale tener en claro que ni es ni fue nunca neutro mantener indefinidamente una parte de la deuda pública sin solución, sea que la tenga Singer, o se la compre JP Morgan o los bancos locales. Y ahora esta disputa aterriza en una Argentina alejada del crecimiento a tasas chinas, de la estabilidad monetaria, de la abundancia de reservas y de los superávit gemelos.

Está en riesgo, innecesariamente, el quizás único activo remanente de la década, las quitas logradas en los canjes del 2005 y 2010. La apuesta es muy alta para todos nosotros como comunidad, para nuestro presente y para nuestro futuro. Hay que negociar con los intereses nacionales bien adelante y lograr beneficios para todos, las dos cosas, como sucedió en el 2005 y en el 2010.

El final está abierto y la esperanza intacta.

Por German Gegenschatz.

Buenos Aires, 1 de agosto de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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