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La Semana 30 – ¿Se viene (o no) el mundo abajo?

german gegenschatz

 

“Aceptemos el desafío de llevar adelante un desarrollo sustentable sin resignar las libertades democráticas que tanto nos ha costado recuperar, ni la república que garantiza su vigencia efectiva.”

 

 

 

Mucho se ha criticado al gobierno por la supuesta contradicción entre el relato y los resultados concretos. Se objeta que los hechos no son coherentes con el relato, o viceversa. La pregunta es que pasa que hay tanta diferencia de apreciación, porqué las acciones realizadas no tienen los efectos deseados.

Esta diferencia de apreciación se nota ahora, quizás más que nunca, respecto de que pasa si Argentina paga o no su deuda a los holdouts. Hay dos visiones diferentes, lo que también explica los distintos cursos de acción que se han adoptado y otros que se proponen para el futuro.

El mundo ha cambiado.

Cada uno tiene su visión de la realidad, su versión de los hechos, y en función de eso decide.

Si bien podemos convenir que prácticamente todos queremos básicamente lo mismo: pleno empleo, desarrollo sostenido, paz, estado de derecho, democracia, libertades personales, bienestar social y seguridad, hay diferencias notables a la hora de optar por los caminos para lograr los objetivos comunes.

La visión que tengamos del mundo no determina los cursos de acción, porque siempre somos libres, aún para equivocarnos. Lo que digo es que no siempre los caminos son los mismos, e incluso los caminos que dan resultados durante un tiempo deben ser rediscutidos, perfeccionados, y a veces cambiados, porque el mundo cambia.

Después de la Segunda Guerra mundial hubo una cesión de soberanía de los estados, tanto política como económica. Esta cesión se produjo en los procesos de integración que se juzgaron necesarios para lograr un desarrollo sustentable en mercados ampliados, sin acudir guerras como forma de obtener la ampliación de esos mercados, y para sostener el desarrollo de las economías nacionales integradas.

Un proceso inverso, es decir, de rehacer estados soberanos e independientes con gran libertad de acción hacia adentro y hacia a fuera puede ser visto como solución, pero si el mundo no va en ese sentido, si resulta que la integración sigue adelante, si la inversión y los capitales financieros siguen globalizados, pues los costos serán mayores, y la efectividad de esa solución para obtener los objetivos deseados es muy discutible.

El mundo, ese mismo mundo, puede ser una oportunidad o un obstáculo, puede jugar a favor o en contra, depende que camino elijamos, que acciones llevamos adelante para lograr esos objetivos comunes que tenemos como Nación. Cada solución debe analizarse en el contexto concreto en que será aplicada más que en la lógica abstracta de su formulación, debe razonarse sobre los hechos existentes para obtener los resultados buscados.

Enfrentar o articular.

Durante la década del 90 los recursos venían de créditos externos. Había recursos disponibles afuera, los precios de nuestra producción estaban por el piso. Esos créditos no se conseguían desde el ejercicio de la soberanía interna frente a los contribuyentes sino a partir de articular con el mundo, de tratar de ser elegidos por capitales para invertir y por capitales financieros.

Esto explica la adhesión al consenso de Washington, pero no tanto el como y el para qué se usaron los fondos obtenidos, de hecho no todos los países actuaron igual que nosotros hacia adentro de sus fronteras. Podemos ver como nuestros vecinos lograron resultados diferentes en el mismo contexto y con acciones de articulación con el esquema neoliberal.

En la primera década del S. XXI el mundo cambió. Bush no veía bien los paquetes de rescate del FMI, fue muy critico al respecto y prefería que el sector privado pague las consecuencias de sus errores. El atentado a las torres gemelas llevó a los EEUU a priorizar su seguridad, latinoamérica no fue foco de atención. China empezó a demandar cada vez más alimentos y esa demanda aumentó el precio de venta de nuestra producción agropecuaria. Años después la crisis global del 2008 no se abordó como la de 1930, se actuó muy distinto.

Estos aspectos cambiaron el escenario. Argentina y su default fue, si se quiere, la primera puesta en práctica de la nueva política del FMI, de no ser el prestamista de última instancia en caso de crisis.

La política del FMI produjo el doble efecto de, proveer un clima externo favorable a las quitas en una dura negociación con nuestros acreedores, y en lo interno de promover una política de acumulación de reservas para casos de crisis. Y esa acumulación fue posible porque esta vez, en lugar de créditos externos, fueron los productos agropecuarios los que proveyeron los dólares. Ahora no se necesitaba articular con el mundo sino enfrentar a los sectores productivos y sacarle las ganancias.

Fuimos de los créditos externos a las retenciones, de las relaciones carnales a la guerra gaucha, a los fondos de las AFJP, a las reservas del Banco Central, a la inflación y nada parece alcanzar. Tambien en esta etapa no todos los paises actuaron igual, podemos ver las diferencias con nuestros vecinos.

Creo que el mundo está cambiando otra vez, lo explicamos en nuestra nota “Un lugar en el mundo”, y esto vuelve obsoletas buena parte de las medidas adoptadas en la última década, tenemos el futuro encima.

Se viene (o no) el mundo abajo.

En una etapa de recesión ya inocultable, con inflación y conflictos sociales y gremiales internos de todo tipo, cabe preguntarse si un default la semana próxima no será la gota que falta para rebalsar el vaso.

Creo que no, el fin del mundo no es la semana que viene, toda crisis es una oportunidad más. Esto no quiere decir que un nuevo default no agrave los problemas que ya tenemos, y además sería perjudicial perder las reestructuraciones de deuda logradas con el 93% de los acreedores por ser incapaces de acordar con el 7% restante; es que nada nos asegura que obtendremos mejores resultados que en el 2005 y 2010.

Creo que debemos interpelarnos si no es momento de elegir la moderación y la acción. No se trata de articular con el mundo hasta perder toda dignidad en el fárrago de las relaciones carnales, ni tampoco se trata de recrear el enfrentamiento interno para gravar sectores económicos hasta el límite de provocar una guerra gaucha en todo el país, y ese clima tenso de puja por migajas para subsistir, que sabe a poca cosa y que no ayuda a solucionar los problemas mas simples.

Es hora de acción y moderación. Los objetivos comunes se van a cumplir con una articulación inteligente con el mundo más una gestión de gobierno eficiente y efectiva. Recreando una convivencia armoniosa. Premiando la producción, el estudio, el trabajo y la honestidad. La diferencia de opinión no es el problema sino parte de la solución, nos permite ver los errores, mejorar las políticas en curso, nos provee nuevas ideas, en definitiva, es el motor del cambio.

Los procesos de integración supranacional, la circulación cada vez más libre de inversiones y de capital financiero, la integración internacional de la producción de bienes, servicios y tecnologías no deben paralizarnos e impulsarnos a refugiarnos en visiones y soluciones de otras épocas, más allá de los resultados obtenidos entonces. Es la realidad de hoy la que nos toca vivir, son los movimientos históricos actuales los que hay que capitalizar a favor y no sufrirlos en contra.

Seamos protagonistas de nuestro tiempo. Aceptemos el desafío de llevar adelante un desarrollo sustentable sin resignar nuestros intereses, ni las libertades democráticas que tanto nos ha costado recuperar, ni la república que garantiza su vigencia efectiva.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 25 de julio de 2014.

 

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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