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La Semana 25 – Pagar con bronca

german gegenschatz

 

 

 

 

 

 

La sentencia del Juez Thomas Griesa ha provocado un gran revuelo, excede con creces su significación económica y va más allá del análisis técnico legal del fallo. La significación económica es evidente y conocida, lo técnico legal está cerrado y era previsible, hay algo más.

El amplio apoyo de la comunidad internacional puede interpretarse como un acompañamiento a la postura Argentina en este caso, pero hay un interés compartido de ponerle límite a esta forma de aprovechamiento de las crisis financieras por parte de los fondos buitre. En definitiva se está aceptando que las culpas entre acreedores y deudores en el mundo globalizado o son compartidas o surgen del contagio de problemas de otras partes del mundo.

Entonces, nos debemos una interpelación más profunda, es necesario relacionar y poner medida a ciertos negocios. Lo legal es un límite para quien juzga, pero en casos como estos la legalidad indudable del fallo no satisface el mínimo moral de una sociedad que necesita una regulación justa de estos fondos.

Legalidad y negocios.

En cuestiones de negocios las leyes prohíben y sancionan determinadas conductas, por tanto todas las demás conductas que no tienen una sanción o prohibición específica en la ley están indudablemente permitidas.

Comprar a un precio menor del que se revende una cosa esta en la esencia misma de la vida comercial y no está prohibido, y si alguien no paga lo que compra o no devuelve el dinero que se le ha prestado va a un juez y este dicta una sentencia que reconoce su derecho a obtener por la fuerza lo que no obtuvo del deudor.

Luego, comprar bonos a precios muy bajos y frente al no pago ir a cobrarlo judicialmente, es el procedimiento legal de cobro en cualquier parte del mundo. El Juez Griesa, para dictar sentencia a favor nuestro tenía que ignorar las normas propias del bono, las normas de su país y, además ir en contra del propio interés de que Nueva York siga siendo una plaza segura y previsible para el cobro de deudas de todo tipo y procedencia. Evidentemente no quiso o no pudo hacerlo.

Hasta aquí la cuestión es indiscutible desde el punto de vista legal. Argentina perdió un juicio y debe pagar el importe de los bonos tal como se había obligado a hacerlo, salvo que negociando obtenga alguna mejora.

Moralidad, legalidad y negocios.

En definitiva, sabemos que el fallo del juez Griesa reconoce una actividad legal y útil como lo es la especulación con bonos. Estos fueron comprados por los fondos buitres porque las normas de emisión impuestas por Argentina lo permitían, el juez pudo intervenir porque así lo impuso Argentina y el no pagar también fue una decisión de nuestro país. Entonces: ¿Por qué nos ofende tan profundamente esta sentencia?

Es que aún cuando aceptemos que todo viene desde nuestro no pagar, sabemos que no está bien la forma de actuar del fondo buitre, no le podemos discutir su legalidad, pero sí estamos convencidos que esa forma de especulación es inmoral.

El no pagar de nuestro país es menos condenable que el actuar de los fondos buitres, la bronca viene por ahí, porque la sentencia les permite a estos fondos, una vez más, obtener ventajas de no aceptar aquello que fue aprobado por el 92% de otros acreedores.

En E.E.U.U. no hay una ley que sancione a los fondos buitres como sí existe en Inglaterra. Es verdad que estos fondos ya habían ganado en la justicia americana otros casos parecidos muy recientemente. Es verdad que en definitiva la oportunidad de ellos la generó el incumplimiento de Argentina, pero nada de esto le quita un ápice de inmoralidad a la forma de especular que tienen estos fondos.

Pagar con bronca.

Las leyes ya tienen previsto qué hacer con quienes no cumplen con el pago de una deuda de dinero, eso lo estamos sufriendo en carne propia.

En un contexto de reestructuración o renegociación de deudas públicas los acreedores aceptan cobrar menos, entonces la ley debe prohibir que unos pocos se queden con el dinero que otros resignan para solucionar un problema del deudor. Casos como el nuestro ha provocado que ahora se introduzcan cláusulas contractuales en las emisiones de bonos con esta prohibición, para cerrarle el negocio a quienes aprovechan las reestructuraciones de deudas para hacer ganancias espúreas.

La especulación es una actividad que permite la formación de precios y valores en el mercado en condiciones normales, de ahí la razón y conveniencia de su existencia. Pero en estos casos ya no podemos hablar de especulación sino que estamos frente a una rapiña moralmente intolerable en los tiempos que vivimos. Este proceder es posible gracias a la nada inocente inexistencia de leyes que sancionen esta conducta o a la torpeza inexcusable o la complicidad de quienes contraen deudas sin prever esta situación.

A diferencia de las reestructuraciones de deuda hechas por otros países en los 90, nuestro país ha pagado deuda sin préstamos a cambio, es decir, hemos re-pagado deuda. Esto se ha hecho, bien o mal con el 92% de nuestros acreedores externos. Tarde o temprano se arregló con el Club de París, también se arreglaron el pago a Repsol y varios juicios habidos ante el CIADI.

Sabiendo los errores cometidos y lo inmoral de los beneficios que obtienen los fondos buitres, con mucha bronca hay que pagar estos bonos, tratando hasta último momento de obtener las mejores condiciones de pago posibles y con la esperanza de no volver a repetir la historia.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 20 de junio de 2014.

 

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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