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La Semana 24 – Contagiar el espíritu mundialista

german gegenschatz

 

 

 

 

 

Empezó el mundial y nuevamente nos sentimos parte del mundo como una nación competitiva y respetada a nivel global, por nuestros jugadores actuales y por los resultados obtenidos. Aprovechemos esta ventana emocional que logra el mundial para mirar nuestro interior y ver que hay allí.

Imaginemos más que un grupo o selección de personas, pensemos a nuestro país como un conjunto, del cual somos parte, conectado al mundo en una competencia permanente entre quienes aceptan y respetan las reglas del juego, y que la Argentina es respetada y es una de los mejores del mundo.

Parece difícil que algún día sea realidad. El punto es identificar que nos está faltando, como comunidad, para lograr los buenos resultados que pequeños grupos o individualidades obtienen a diario.

Sentimientos diferentes y ciclos.

El mundial evidencia un sentimiento diferente al que nos anima en otros aspectos de nuestra vida colectiva.

Por un lado nos sentimos y somos realmente parte del Mundial de Fútbol al que, además, le aportamos uno de los mejores equipos del mundo, nos sentimos unidos y fuertes en cada mundial. No sentimos que cierra el ciclo de la selección cada cuatro años, por el contrario los cambios suceden pero permanecemos allí arriba.

Por otro lado, al mismo tiempo, en la vida política y económica mundial también somos parte del mundo, pero nuestro papel como nación no es el mismo. Aquí no estamos tan unidos ni nos sentimos tan fuertes. Aquí si hemos vivido ciclos que se han cerrado y vuelto a abrir, y si bien alguna vez estuvimos entre los 10 países más importantes del mundo, luego caímos más o menos rápido.

Mirando con una perspectiva bien amplia, la tendencia general –salvo breves momentos excepcionales- ha sido más bien el retroceso. Indudablemente no somos el país N° 10 del mundo. Hay mucha pobreza, muchos ganan poco, y pocos ganan mucho.

Competitividad y reglas.

No es que debamos ser en la política como en el fútbol de selección nacional, pero vale la pena poner atención en algunos aspectos que son comunes a casi toda actividad humana.

En el fútbol hay reglas que cumplir y la competencia define los lugares de cada uno. En lo deportivo nuestro país respeta las reglas de juego y compite, ambas cosas las hace muy bien. Quiero resaltar que la aceptación de las reglas de juego no fue un condicionante del éxito, fue lo que nos permitió participar siempre, y ganar cuando fuimos más competitivos. Si bien hubo un gol con la mano, ese gol no explica dos copas mundiales y el estar siempre entre los mejores.

En la vida política y económica global también hay reglas, no tan claras pero existen. No hay un árbitro que sancione los incumplimientos y hay goles con la mano, pero existe cierto orden en el juego y el que no acepta las reglas se va quedando afuera. También hay competencia y por tanto ser competitivos es importante a la hora de explicar la obtención de resultados.

En lo político y en lo económico a nivel global no fuimos constantes ni en el respeto a las reglas, ni en el espíritu competitivo, ni en el buscar los mejores jugadores y técnicos. Lo cierto es que elegimos otros caminos durante largos periodos de nuestra historia. Aquí tenemos una punta para explicar nuestra actualidad como nación.

Contagiar el espíritu mundialista.

Quizás se pueda meter un gol con la mano, una vez vaya y pase, pero sabemos que romper las reglas nos deja fuera del juego global. Nos desafiliarían de la FIFA, bajaríamos al fútbol de potrero, especie de versión futbolera de aquella política que propone “vivir con lo nuestro”.

¿Quien quiere asumir la pérdida que significa vivir fuera del juego mundial?. Para la comunidad del futbol quedar fuera es aceptar ser confinado y reducido al potrero. Para la comunidad nacional quedar fuera es aceptar la pobreza que produce la vieja propuesta de “vivir con lo nuestro”.

Cuando miramos por esa ventana emocional que nombramos al principio vemos, entre otras cosas, que cada uno de nosotros tenemos un gran amor a nuestro país y que nos gusta estar entre los primeros en lo que hagamos.

Con estos sentimientos podemos contagiarnos del espíritu mundialista más profundo, decidir que en materia política y económica también queremos estar entre los mejores del mundo, y poner lo que nos está faltando que es la aceptación de las reglas del juego para poder participar, y elegir el trabajo y el esfuerzo para llegar a ser competitivos y así, por lo menos, estar entre los mejores.

Tenemos un buen punto de partida, sabemos que Argentina ya estuvo entre los mejores del mundo como país, y que hoy lo estamos en algunas muy pocas áreas. La tarea es volver a estar entre los primeros como comunidad, en todas las áreas, solo así los beneficios del bienestar serán para todos y ya no por un ciclo corto, sino que será una tendencia el ir mejorando todos juntos y para adelante.

Por German Gegenschatz

Buenos Aires, 13 de junio de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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