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La Semana 22 – Ultimo arreglo en París

german gegenschatz

 

 

 

El acuerdo con el Club de París tuvo un primer impacto positivo en los sectores de poder. El gobierno, la UIA y casi todo el arco opositor lo aprobó con distintos grados de entusiasmo.

Nos falta ver los papeles, lo que en realidad se firmará, y fundamentalmente lo que se hará con créditos que se pueden obtener a partir de ahora. De todas formas podemos ir pensando lo sucedido y creo que podemos analizarlo por lo menos en tres planos. Un primer plano por el hecho de acordar en sí mismo, el segundo plano sería que se acordó concretamente y el tercer plano el como se articula este acuerdo con la política económica del gobierno en esta etapa.

El hecho de acordar.

El Club de París es un conjunto de 19 países acreedores de Argentina con los cuales hasta ahora no se había acordado la forma de pagar lo que le debemos.

Prácticamente todo el arco político señalaba la necesidad de salir del default, es decir, de llegar a un entendimiento con aquellos acreedores que no aceptaron las propuestas de pago hechas por Argentina. El Club de París representa el grupo más importante de acreedores que estaba en veremos.

Lo que pasó es que se acordó con estos acreedores, se regularizó la deuda, se sabe que ellos van a cobrar y como. En este sentido, del hecho en sí del acuerdo, es que el gobierno hizo algo acertado y plausible. Esto es lo que se expresó desde distintos lugares de opinión, se aprobó “el acuerdo”, se aplaudió el “hecho del acuerdo” porque se hizo algo que se quería que se haga y que era necesario.

¿Pero por qué era positivo y necesario hacer un acuerdo con el Club de París? La respuesta es porque regularizar el pago de toda la deuda habilita a nuestro país para acceder al crédito internacional pagando tasas de interés más bajas que hasta ahora.

Además, por haber llegado a un acuerdo con el Club de París, existe la posibilidad de elegir con quien endeudarse entre más organismos, bancos y países que estén dispuestos a prestar, por la sencilla razón de que antes no podían prestarnos aunque quisieran porque Argentina mantenía sin regularizar parte de su deuda con estados extranjeros, básicamente los del Club de París.

Que es lo que se acordó.

Hubo varios intentos de arreglo con el Club de París a partir del 2001 y en todos Argentina pidió, además de menos intereses y más plazos, básicamente dos condiciones:

         La primer condición era pagar a cambio de una promesa en firme de inversiones o bien quería pagar con dinero de los propios acreedores. Es decir que en el mismo acto que se acordaba la forma de pago el acreedor prometía un plan de inversiones en el país o un crédito a favor de Argentina que se destinaría al pago de la deuda.

        La segunda condición era que Argentina no aceptaba que los acreedores le impongan la auditoría de sus cuentas públicas por el FMI.

Por lo que conocemos al día de hoy ninguna de las partes se salió con la suya. Argentina no tuvo la forma de pago que pretendía y los acreedores no lograron imponer la auditoría del FMI. Lo que pasó es que Argentina cedió las pretensiones económicas a cambio de mantener ocultas al FMI sus cuentas públicas.

Hoy tenemos que Argentina debe pagar el acuerdo sin tener inversiones para compensar los pagos ni créditos para solventarlos, consecuentemente el pago saldrá –nuevamente- de las reservas, salvo que se consigan préstamos para pagarlo, pero esto hay que salir a buscarlo y además obtenerlos.

El último arreglo en París y la política económica.

El gobierno siempre enarboló la política del desendeudamiento como un pilar distintivo de su política económica y para diferenciarse de tiempos pasados, especialmente de la década del 90.

Pero más allá de lo que se ha discutido respecto de si hubo o no desendeudamiento, podemos convenir en que eso ya terminó, ahora sumar deuda externa forma parte de la nueva política económica.

La pregunta que viene de inmediato es: ¿Deuda para qué? ¿En que se va a aplicar el dinero que entre al país?. Las urgencias actuales pueden ser indicadores del destino probable de los fondos que ingresen, o lo que es lo mismo, de los fondos que se liberen para otros fines por la entrada créditos del exterior.

La urgencia más evidente es el pago del déficit fiscal, bajado a un lenguaje más doméstico sería como tomar deuda externa en dólares para pagar el saldo de la tarjeta; o para financiar un dólar oficial atrasado en 1 dólar = 8 pesos, o para financiar el déficit energético, o para mantener subsidios o para desacelerar la quita de los mismos, o para todo esto junto y más.

Mirando en conjunto los tres planos mencionados, aún con las pocas certezas disponibles, podemos explicarnos en términos políticos la alegría enorme que hemos visto en el gobierno por este arreglo con el Club de París, la razón es porque se ha logrado abrir la posibilidad de tener fondos para llegar al 2015 con pocos cambios o turbulencias cambiarias.

El tema del millón es de esto resulta algo bueno para todos. Por ahora es imposible saberlo hasta que veamos, concretamente, en que y cómo se usan los fondos que seguramente van a ingresar.

Por Germán Gegenschatz.

Buenos Aires, 30 de mayo de 2014.

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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