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La Semana 14 – Linchamientos Nunca Más

german gegenschatz

 

 

 

 

 

Nuestra sociedad ha dado otra muestra del estado alarmante de descomposición y hartazgo en que se encuentra, lo cual no justifica los hechos sucedidos ni excluye la responsabilidad del Gobierno actual. Es importante saber lo que nos esta pasando, saber cuales son los errores cometidos, y que debemos hacer.

Que nos esta pasando

Dijimos en oportunidad de los saqueos de diciembre 2013 que: una parte no menor de nuestra sociedad esta dispuesta a salir o sumarse a robar y destruir y matar si no se siente vigilada, lo que muestra un estándar moral y cívico muy lejano al requerido para una democracia en paz. Hay razones múltiples que sumadas nos dan como resultado lo que estamos viviendo, un resurgir de aquellos días violentos.

Si tenemos presente que las decenas de miles de juicios de los jubilados demora, en el mejor de los casos, entre 5 y 6 años para que se le reconozcan sus derechos (ni hablar de cuando les pagan); si los juicios penales por delitos comunes que sufrimos a diario duran 4 años o más; y que los juicios en temas de corrupción duran más de 10 años sabemos que a la Justicia como poder del estado le corresponde una cuota no menor de responsablidad en el actual estado de ánimos. Pero no es la única responsable.

Lujos y riquezas mal habidas de funcionarios públicos de altísimo nivel encuentran siempre algunos jueces penales que les garantizan que los sigan usando y gozando impúdica e impunemente, resulta que jamás pueden comprobar los delitos que se imputan a las personas con poder, y no digo solo delitos económicos sino que sumo delitos tales como violación, trata de personas y podemos seguir la lista.

No es inocuo para el tejido social y la convivencia democrática que llegue a la Corte Suprema un ex funcionario de la dictadura que se le descubre que percibía renta de alquilar bienes propios que se supo eran usados de prostíbulos y pese a todo no pasa nada; o que durante los saqueos de diciembre del 2013 mientras ciudadanos morían en el interior del país en la Plaza de Mayo la máxima autoridad política de nuestro país bailaba alegremente; son dos símbolos tan elocuentes que sobran las palabras.

No se percibe quien puede poner un límite al poder ni al delito. Si ni la ley ni los jueces lo logran entonces la sociedad queda huérfana. Es el reino de la impotencia frente al poder y frente al delito del poder, y del delito común también.

Cuando verificamos que las víctimas de los linchamientos han sido mayormente personas menores de 20 años sorprendidas cometiendo delitos, cuando vemos el aumento de la población carcelaria y que en su mayoría son de 25 años para abajo, y cuando vemos el aumento del número de beneficiarios de planes sociales comprobamos que esas personas eran niños cuando empezó este gobierno, y que respecto de ellos al menos el conjunto de políticas de este gobierno hicieron agua en prevención de los delitos y también en la inclusión social en general. Digo esto más allá de las intenciones y los armados discursivos porque son los hechos la parte concreta que nos toca vivir a nosotros los ciudadanos, y razonando sobre los hechos es que resulta que el poder político, en todos sus niveles y responsablidades, es también otro responsable no menor.

Sin embargo en el poder están sintonizando otra emisora, y la gente se indigna más cuando desde arriba se les habla de los linchamientos lanzando moralinas y socializando culpas como si el propio funcionario fuese inmaculado, eficiente y ajeno a lo que sucede, y también produce indignación el latiguillo “falta mucho por hacer” que se repite mil veces ignorando la evidencia que tras 11 años en el gobierno con más disponibilidad de fondos que cualquier otro deberían haber logrado lo exigido, que es lo mismo que a todos los gobiernos anteriores: paz, pan y trabajo.

Estamos ya al final de la ejecución de ideas que, en términos generales, no dieron resultados positivos en materia de seguridad y prevención del delito, y tampoco lograron los objetivos que se plantearon en otras materias como ser la educación -que se patentiza en su conflictividad permanente-, y la economía con la inflación y todo lo demás que ya conocemos.

Es la sumatoria de estos hechos los que han ido carcomiendo el tejido social hasta llegar al estado actual de violencia y anomia.

Que debemos hacer como ciudadanos

Hemos escuchado argumentos falaces tanto por el lado los abolicionistas del derecho penal con Zaffaroni a la cabeza como de los que militan la vereda opuesta; ambos abusan de razonamientos abstractos y ajenos a los deseos y la experiencia diaria de todos nosotros.

Sabemos que es torpe criminalizar la pobreza y suicida descriminalizar el delito. Frente al delito hay que actuar con decisión y eficazmente en las causas y en las consecuencias, en ambos aspectos al mismo tiempo, comprometiendo la misma energía en la prevención del delito como en la aplicación de las penas a los delincuentes.

El peor camino a tomar es el de justificar la justicia por mano propia, la violencia en todas sus formas, o fomentarla en la teoría o en la práctica. Los hechos de linchamiento cometidos deben ser juzgados y castigados por los jueces que corresponda.

El segundo peor camino es socializar las culpas y liberar al gobierno de su responsabilidad central en el estado de situación de la Nación. Es el gobierno el que no logra utilizar eficientemente el poder del estado para que en nuestro país se pueda vivir y trabajar en paz.

Es nuestro deber de ciudadanos exigir lo que queremos, acudiendo a todas las formas lícitas y pacíficas de reclamo a las autoridades políticas y tomando las iniciativas ciudadanas a nuestro alcance sabiendo que la vida es un límite infranqueable. Tengamos siempre bien en claro que la violencia y la muerte es parte del problema y no de la solución.

No tengamos miedo ni pereza, hay que denunciar los delitos que sufrimos -todos-, y a quienes los realizan, tengan o no poder. En estos casos el silencio es complicidad.

Así como dijimos que los errores políticos se pagan con vidas, y aquí tenemos mas muertes para comprobarlo, decimos que en democracia lo que no se defiende se pierde.

Por Germán Gegenschatz

Buenos Aires, 4 de abril de 2014.

 

 

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Germán Gegenschatz

Abogado - Diplomado en Historia Política Argentina

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