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La rebelión de la dignidad

lorena carballo

 

 

 

 

 

“La dignidad no se negocia” rezaba un cartel de un manifestante en la Plaza Independencia de Tucumán. Una verdadera manifestación popular que desnuda “esto que pasa” hace muchos años en nuestra joven democracia.

La gente salió a la calle no porque primo la indignación, que sin lugar a dudas sienten, sino por la dignidad. Salió a la calle por un trabajo que les permita soñar con tener un futuro digno, por la dignidad que no se conforma con un plan de subsistencia, por la dignidad de los hijos robados por los narcos, a los que nos estamos – tristemente – acostumbrando y naturalizando.

En pleno siglo XXI ya no es sostenible tener un sistema electoral vetusto, donde la plena libertad de ejercer el derecho a votar se ve opacada por actos como los vividos en Santa Fe, en las PASO nacionales y ahora en Tucumán.

La ciudadanía empieza a reclamar y exigir un sistema moderno y transparente de ejercer su derecho soberano de votar. Quien gane tiene que hacerlo con toda la legalidad de la ley pero también con toda la legitimidad del proceso eleccionario. Y estas prácticas (robo de boletas, quema de urnas, actas adulteradas, aprietes para votar por tal o cual persona) poco democráticas y republicanas no son patrimonio de un partido o grupo político, es una forma de relacionarnos y actuar que viene de largo arrastre. Una forma dolorosa que habla de nuestra cultura e idiosincrasia, esas formas que tenemos que empezar a dejar atrás si queremos desplegar todo el potencial del que somos capaces los argentinos.

Que se entienda bien, a nadie le conviene este tipo de situaciones, ni a quien gana ni a quien pierde porque cuando esto pasa, perdemos todos. La discusión no pasa por reconocer o no una derrota electoral, el foco es otro o debería serlo. Apuntemos la mirada a erradicar estas prácticas antidemocráticas y una buena manera de empezar a hacerlo sería implementado la boleta electrónica.

Mientras no terminemos con estas formas autoritarias de movernos y relacionarnos, será muy difícil entrar en una era de desarrollo y prosperidad, que es lo que pide a gritos nuestro querido país. Mientras no abandonemos estas formas, seguirán apareciendo manifestaciones que hablen de lo mismo. Esto que se ve alimentado por las declaraciones, cuanto menos, poco acertadas de altos funcionarios. Hay un nivel de cinismo e impunidad para “contar” u “opinar” sobre los hechos que asusta por el grado de irresponsabilidad que exhibe. Y sino, cómo se podría calificar la declaración del Jefe de Gabinete y candidato a Gobernador de la provincia de Buenos Aires, Aníbal Fernandez, quien dijo “no saber lo que pasó en Tucumán porque estaba durmiendo”.

El Estado precisa estar presente pero no solo asistencialmente sino materialmente en el sentido de generar las condiciones que garanticen la creación genuina de fuentes de trabajo, de fortalecer y respetar las instituciones republicanas, de garantizar y brindar servicios eficientes con cobertura universal, de propiciar un clima estable para inversiones que saquen la soga del cuello que tienen hoy en día las economías regionales, sino seguiremos importando cebollas, frutas y demás productos – que nuestros trabajadores producen – para garantizar “la mesa de los argentinos”. La sola idea de pensar en importar materias primas que producimos y que son nuestro sello, ya nos debería causar cuanto menos estupor.

Qué nos pasó para llegar a esta situación, como es que no establecimos sistemas de alerta temprana de estas situaciones, como es que no pusimos en funcionamiento los mecanismos de contrapeso que nuestro sistema presidencial plantea?Estas pocas y simples preguntas nos invitan a pensar que el conjunto de la sociedad toda, con sus distintos sectores y grupos de influencia y acción, somos responsables en diferente grado – valga la aclaración – de estar en este camino.

Los cambios que son menester implementar para la etapa que viene, exige de todos una profunda vocación de servicio pero también de dialogo, dejando las excusas de lado. Las excusas de “si es de derecha, si es de izquierda, si abraza tal o cual bandera”. Las banderas no son patrimonio de una persona o partido, la noción misma de justicia social, soberanía nacional, progreso material y desarrollo pleno son principios y valores universales que deberían guiarnos y regirnos a todos. Los tiempos exigen una maduración y debate profundo de donde salgan las acciones y políticas claras que marcaran nuestro rumbo de acá a 4, 8, 12 años. Sin programas con metas claras y mecanismos reales de ejecución no se garantizará la libertad que todo Estado y Gobierno debe procurar brindad a su pueblo para su desarrollo pleno.

Como decía el Gral. José de San Martín: Cuando hay libertad, todo lo demás sobra.

Por Lorena Carballo

Buenos Aires, 25 de agosto de 2015.

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María Lorena Carballo

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Lic. Ciencia Política (U.B.A.)
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