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La herencia K demora el programa monetario

diego giacomini

 

 

 

 

La nueva conducción del Banco Central, cumpliendo con la Carta Orgánica y su responsabilidad institucional, presentó sus “Objetivos y Planes para 2016”. A diferencia de sus pares de la región, el BCRA no está actualmente en condiciones de presentar un programa monetario “en serio”, ya que no puede explicitar metas cuantitativas. No es porque no quiera, sino porque la herencia K no se lo permite.

Si el BCRA quiere aplicar metas de agregados monetarios (metas sobre M1 es lo más aconsejable para bajar la inflación en la Argentina de hoy), no está en condiciones de comprometerse a hacer crecer la cantidad de dinero a un determinado ritmo, porque sin acceso (todavía) a los mercados de crédito no sabe qué proporción del déficit de 2016 (¿4% del PBI?) tendrá que ser financiado con emisión (por esta razón tampoco puede cambiarse ahora la Carta Orgánica). Por otra parte, si se quiere aplicar metas de inflación, que es el sistema exitoso en la región, pero todavía no recomendable (según un trabajo desarrollado por mí y por Javier Milei) para la Argentina (no cumple ninguna de las nueve precondiciones), el BCRA tampoco tiene un índice de precios sobre el cual cuantificar las metas.

Teniendo en cuenta las actuales restricciones imperantes y la pesada herencia monetaria K recibida, el nuevo BCRA actúa correctamente, porque entre los múltiples objetivos (inconsistentes entre sí) que su actual Carta Orgánica exige, prioriza disminuir la inflación hasta niveles semejantes a los de las economías emergentes con metas de inflación (entre 3 y 6% anual). Además, el BCRA actúa en consecuencia estableciendo dos objetivos adicionales que son consistentes y funcionales a una inflación baja y estable: 1) que no haya objetivo de tipo de cambio (sí flotación) y 2) promover instrumentos de ahorro en moneda nacional.

En este sentido, la flotación cambiaria es imprescindible para conducir la política monetaria en base a metas de agregados monetarios M1, las cuales bajarían las expectativas y la inflación observada en una primera etapa. Hacia fin de año el sobrante de pesos heredado de la era K (4% PBI) podría absorberse (bajo una serie de supuestos realistas), haciendo crecer M1 en forma descendente trimestre tras trimestre a un ritmo de alrededor de 14% promedio anual (beneficio de no estar in office). Por otra parte, promover instrumentos de ahorro en moneda nacional implica establecer una estructura de tasas de interés en pesos por arriba de la inflación y de las expectativas de devaluación, lo cual fomenta la penetración financiera y el mercado de crédito; dos condiciones necesarias para poder avanzar hacia una segunda etapa posterior en materia de política monetaria: metas de inflación. Bajar la inflación rápidamente es expansivo para la inversión y el crecimiento económico.

Por Diego Giacomini

Buenos Aires, 10 de enero de 2016.

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Diego Giacomini
Master of Sciences in International Economics of University of Essex (UK) Consultor Económico Financiero Profesor de Dinero, Crédito y Bancos de la FCE de la UBA Profesor de grado y postgrado de Teoría Monetaria y Cambiaria de la USAL Especialista en inflación, tipo de cambio, política monetaria, dinero y manejo de Banco Central.