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La Evidencia

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Yo no sé si la gente ha tomado debida conciencia de la magnitud del escándalo institucional que ha generado López. No me refiero a lo mala que es la corrupción sino a algo que se presenta muy pocas veces de forma tan explícita e incontrastable: la evidencia.

Es como si de pronto, un día, Dios se apareciera entre creyentes, creyentes sociales, agnósticos y ateos, y no se fuera hasta demostrarnos a todos, sin dejar lugar a dudas, que, efectivamente, existe.

Cambia todo. Para los que no creían y para los que creían, también. Porque significa que la batalla terminó.

Después de López, se terminó la batalla del relato. Ya nadie puede negar el contra-relato y eso tiene una primera consecuencia: que ya nadie puede seguir sosteniendo el relato y que nadie va a dar la vida por el relato. Nadie serio. Queda la Señora y su grupo familiar y unos cuantos soldados japoneses perdidos en las islas del Pacífico. La segunda consecuencia es que eso acelera los tiempos de todo lo que parecía lejano o improbable.

La gente se empieza a preguntar cómo es posible que todos sepamos, ya sin lugar a dudas, lo que ha hecho esta banda y los tipos anden sueltos y gastando la que se chorearon. Y empieza a mirar, buscando a los responsables de semejante incongruencia.

La tropa fue abandonada a su suerte. Los que hicieron el trabajo sucio -porque López no lo corrompió a Kirchner sino todo lo contrario – están libres y conservan su botín sólo gracias a un último foco de resistencia del régimen populista derrotado que se mantiene en pié: la Justicia.

Y, por ahora, la Justicia juega al ajedrez. Sacrifica peones para salvar a la reina.

Durante estos años dije muchas veces que tenemos la Justicia más cobarde del planeta y otras tantas veces hablé de una “colosal red de complicidades que involucra a los tres poderes del Estado”. Pues bien, ese problema se nos cayó encima del pié.

Al quedar al descubierto que los jueces no sólo son los responsables de la impunidad sino que además han sido partícipes necesarios de la corrupción, formando parte fundamental de la red de complicidades, de golpe nos enfrentamos a un problema grave, que no parece tener solución: prácticamente todos los jueces en lo Criminal y Correccional Federal y prácticamente todos los fiscales de ese fuero están involucrados en lo que tienen que investigar.

¿Qué se hace ante semejante situación institucional?

El Colegio de Abogados de la Ciudad de Buenos Aires (el de la calle Montevideo) ha tenido una iniciativa que, en principio, parece razonable. Exigir que el Consejo de la Magistratura haga una auditoría del fuero.

Pero no sé si hay voluntad en el Consejo de la Magistratura para hacer una limpieza en serio y estimo que el Colegio Ciudad no tiene la fuerza suficiente para obligarlo.

Sólo lo harían ante una fuerte y sostenida presión de una opinión pública que, lamentablemente, suele ser volátil, además de superficial y, en ocasiones, tan venal como los propios funcionarios que hoy condena.

Por Guillermo Vattuone

21 de junio de 2016

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