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Gracias Hebe

eduardo abrevaya

 

 

 

 

Me lo pedía el corazón, y entonces te busqué creyéndote mi salvación (de Laurenz y Contursi, Como dos extraños) ¡Que tango hermoso! (hay dos que lo cantan como nadie, maestro y discípula, el Polaco y Varela) y en éste,  el tango lo es pero la historia real atrás de esos versos tan hermosos no lo es tanto; el destino quiso poner de nuevo frente al hombre a aquel amor idealizado, pero cuando está frente a él piensa, y ahora que estoy frente a ti parecemos ya ves dos extraños, lección que por fin aprendí, como cambian las cosas los años. Hermosa poesía, poesía necesaria como el pan de cada día (gracias Paco) para comprender porque las cosas son como son; me lo pedía la realidad y entonces apareciste vos, ahí, revolucionaria, invocando a la lucha, eterna, y mirando al cielo en el que no crees, sacándote el barro de las botas, solicitando tomar la calle, las plazas, las aulas, las fábricas. Imaginaria y lunática; luchando contra los molinos de viento; rodeada de pícaros y deshonestos Sanchos que no te dicen que son molinos; Sanchos que te usan y hacen su lúdico juego de revolución. Y vos sentís que el Che y Fidel están con vos. Que te toman de las manos. Pero el Che está muerto, inútilmente muerto hace tantos tantos años, y Fidel vive ¿vive? pero está muy viejo y enfermo para acompañarte, y su revolución -sabemos ya- no pasó de grado. Que macana Hebe. Pero vos no aflojás. Sos inclaudicable, embestís con tus rocinantes contra los dictadores. Y Francisco te sonríe desde una estampita porque ahora está muy lejos. Y hay alguien que entonces tiene pedal, da las gracias y respira hondo. Que se equivoca, se equivoca y vos lo salvás. Lo salvás Hebe. Lo salvás ¿me entendés?, le das el oxígeno que necesita porque no encuentra ni el tablero, ni los botones. Y que agradecido está. Y entonces el juez te tira el centro de tu vida para que la metas vos, el centro es para vos Hebe, al medio del área va la pelota y todos los defensores se quedan clavados en el piso para que vos  la metas de palomita como lo hacía Arsenio, y el salto es tan pero tan hermoso, yo te veo volando en cámara lenta, con el estadio mudo que espera el glorioso cabezazo, pero cuando estás en la subida para meter el gol que hará inmortal la tarde, vez con el rabillo del ojo que a tu lado hay otro que sube con vos y tiene un rictus en la cara que le dibuja una extraña sonrisa. Son en ese momento como dos extraños. Y entonces el gol no puede ser celestial. No hay gol celestial.  Todo es una vana ilusión. Vamos Hebe, vamos que es tarde y hace frío y hay mucha humedad, que es lo que mata y a tu edad mejor no, vamos Hebe. El pueblo quiere goles, goles en serio, goles que rompan la red de una buena vez. Goles que destrocen el arco. Que lo rompan.  No parodias de gol. El pueblo la quiere meter de una buena vez. El pueblo quiere ganar. En serio. ¡Es 2016! y me viene tanta bronca, pienso y mascullo unos versos y entonces son inevitables estos versos que me vienen a la memoria, Nano y Tío Alberto, si, son los versos adecuados, parecen que fueron escritos para él, que suerte tienes ‘cretino’ en el final del camino te esperó la sombra fresca de una piel dulce de veinte años (ochenta años) donde olvidar los desengaños de diez lustros de amor, tío Alberto.

Por Eduardo Abrevaya

7 de agosto de 2016

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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