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No soy yo, sos vos

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Comprar dólar blue, participar en saqueos, no tener luz y organizar piquetes, comprar equipos de aire acondicionado, no declarar cuántos electrodomésticos tenés en tu casa y viajar en el primer vagón de un tren. Cosas que hacemos los argentinos y de las que somos responsables. ¿Somos responsables?

Hace años que trabajo en la administración pública y siempre estuve de acuerdo con el principio de subsidiariedad del Estado. ¿Qué es esto? De acuerdo a una búsqueda rápida y sencilla en el moderno mataburros Wikipedia “el principio de subsidiariedad, en su definición más amplia, dispone que un asunto debe ser resuelto por la autoridad (normativa, política o económica) más próxima al objeto del problema”. La aplicación de este principio también es empleada para justificar la abstención de regulación y el reparto y la limitación de las competencias para la ordenación de los grupos sociales. Resumiendo, y simplificando, el Estado no puede ser responsable de todo aquello que nosotros podamos hacer, y todo aquello que esté a nuestro alcance debemos intentar resolverlo. Pero ¿qué pasa cuando el Estado empieza a fallar en sus deberes y responsabilidades y un funcionario público culpa al pueblo o lo responsabiliza por estas faltas? ¿Qué pasa cuando los funcionarios representantes de un gobierno se colocan en la piel de una víctima más, cuando en realidad es la ciudadanía la que está al desamparo? Silencio público.

Las fallas y errores se pueden dar por acción u omisión. Cuando aquellos que deben controlar no lo hacen; cuando no hay mantenimiento preventivo; cuando no hay voluntad de acuerdo; cuando se pregona la mentira y el engaño; cuando no hay abastecimiento de luz ni agua por días; cuando la policía deja de custodiar las calles; cuando incentivan el consumo de productos electrónicos made in Tierra del Fuego; cuando se culpa al usuario por generar altos niveles de consumo de vatios; cuando aquellos que deberían solidarizarse con el pueblo, aunque sea por responsabilidad de la embestidura de funcionario que representan, no lo hacen y se aíslan de la realidad jugando al golf, pasando fin de año en Río de Janeiro, o simplemente llamándose al silencio, es cuando más se nota que la sociedad está desordenada y el gobierno está desorientado.

Siempre estuve de acuerdo con el principio de subsidiariedad en tanto ésta supone el reconocimiento de la autonomía de cada colectivo de la estructura social, implicando diálogo y participación de todos los miembros en la definición de objetivos, cómo conseguirlos y respetando los instrumentos de autorregulación. Pero en algunas ocasiones y con determinados temas, no puede regir este principio. Cuando hay una crisis social, no estamos preparados para escuchar a los representantes del gobierno decir que la culpa la tiene otro, que son las empresas privadas las que no invirtieron, que es la irresponsabilidad de las fuerzas las que llevan a los saqueos o al ingreso del narcotráfico en las fronteras, que es culpa de los comerciantes que suben los precios y por eso hay inflación, o que es mi culpa que se corte la luz porque puse el aire acondicionado a 22º y no le avisé a Edesur que instalé un equipo nuevo en el living de mi casa.

Así terminó el 2013, y así comenzó el 2014, con una continuidad de hechos fortuitos pintados con los mismos silencios, con justificaciones ridículas, con declaraciones que oscurecen en lugar de aclarar, con cenas en restaurantes populares con manteles de papel y vasos de plásticos, con culpables que no se hacen cargo y con responsables que no aparecen.

No soy yo, sos vos. Siempre la culpa la va a tener otro, el responsable será otro y ése es quien debe hacerse cargo, mientras tanto, yo soy una víctima más. Pero ésto no lo digo yo, ésto lamentablemente es lo que nos dicen nuestros gobernantes: “no soy yo, sos vos”: sos vos empresa privada la que no invierte. Sos vos el que quiere viajar al exterior y destruye la economía comprando moneda extranjera. Sos vos consumidor empedernido de aires acondicionados. Sos vos comerciante que sube los precios. Sos vos buitre que nos saca los fondos. Sos vos el que eligió viajar en el primer vagón de un tren para bajarte más rápido.

Aquel que se victimiza muchas veces termina inventando enemigos imaginarios del otro lado. Bajo esta perspectiva, todo evento social es la consecuencia de la maquinación de una fuerza superior y, a menudo, de secretas operaciones y conspiraciones, llenas de detractores, traidores y golpistas. En este escenario, la subjetividad no es suficiente y la objetividad claramente no es posible, todo se termina tiñendo de un maniqueísmo que nos separa entre el bien y el mal, el norte y el sur, conurbano o ciudad. Una vez más, lo que define esta época es el aislamiento de lo real. Dicho de un modo un poco más lacaniano, la cosa en sí misma termina siendo, en última instancia, la mirada, no el objeto que se percibe. Y así, cada uno y como quiere, construye su realidad, donde siempre se estará a salvo de toda culpa, pues la víctima soy yo, y el culpable serás vos.

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Eugenia Wehbe

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