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El verdadero poder es el servicio

Tomas 2

 

 

 

 

 

Hace unos días, el 19 de marzo, se cumplió un año del comienzo del pontificado de Francisco. Durante este tiempo, el Papa ha sacudido, mediante la palabra y el ejemplo, la conciencia de millones de hombres. Lo ha hecho con un mensaje simple, enraizado en el Evangelio y cargado de sentido común. Ese sentido común se manifiesta de manera muy clara en su primera Exhortación Apostólica EvangeliiGaudium, que en su cuarto capítulo se extiende sobre la dimensión social de la evangelización. Allí Francisco habla de la política y de los políticos:

Tenemos que convencernos de que la caridad no sólo es el principio de las micro-relaciones, como las amistades, la familia, el pequeño grupo, sino también de las macro-relaciones, como las relaciones sociales, económicas y políticas. Ruego al Señor que nos regale más políticos a quienes les duela de verdad la sociedad, el pueblo, la vida de los pobres”[i]

Lo que Francisco nos recuerda es algo que para el hombre de a pie es evidente, pero que para la mayoría de una dirigencia que suele caer en una autorreferencialidad vanidosa, no lo es tanto: que la virtud moral es una parte importante (la más importante) de la virtud política. Para decirlo en criollo: que ser un buen tipo -preocuparse por los demás, por sus necesidades, ser capaz de compartir sus alegrías y pesares, estar, en fin, dispuesto a servir- es una condición necesaria y decisiva para ser un buen dirigente. Está claro que con eso no alcanza. La prudencia, el coraje, la perseverancia son sin duda otras cualidades que un buen político debe poseer. Más aún, el dirigente virtuoso no renuncia a la astucia, aunque limita los medios lícitos para alcanzar, conservar y ejercer el poder, dejando de lado la violencia y la mentira.

En su ruego, Francisco retoma un viejo tema del pensamiento político cristiano, presente en autores como Santo Tomás de Aquino, Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam. Este último, en su “Instrucción del Príncipe Cristiano”, dirigida al futuro Carlos V, pedía al príncipe “que de noche y de día no haga otra cosa ni se esfuerce por nada más que por el mayor bien de todos…. que considere como ganancia propia el beneficio de la patria; que se desvele siempre para que los demás puedan dormir profundamente.” Una propuesta de entrega y sacrificio.

Pero el tema no se agota ahí. Para un político, la virtud moral no sólo tiene un valor intrínseco, sino también una utilidad práctica. El dirigente necesita conocer, conectarse con la realidad que pretende transformar y para ello le es indispensable ser capaz de participar de los dolores y preocupaciones de sus compatriotas. Por eso el Papa está pidiendo por dirigentes a quienes “les duela” la sociedad. Sin dolor no hay compromiso, y sin compromiso no hay acción verdaderamente transformadora.

El dolor, por tanto, debe ser un estímulo para la acción, especialmente frente a los aspectos más hirientes de nuestra realidad. En tal sentido, la Exhortación reafirma la opción preferencial por los pobres, para quienes reclama la atención debida a su dignidad, implementando políticas que trasciendan la asistencia frente a las necesidades urgentes y se enfoquen en la promoción de las personas. Esa acción, a su vez, debe darse en el marco de un diálogo social y político -sobre el que el Papa insiste- como instrumento de encuentro con el otro, especialmente con aquél con quien no compartimos una misma visión de la sociedad. No se trata de negar el conflicto, sino de reconocerlo y hacer los esfuerzos posibles por construir propuestas superadoras, en un marco de búsqueda de justicia y solidaridad.

En suma, en su Exhortación el Papa –tal como le pidió a los jóvenes en Brasil- sigue “haciendo lío”, proponiendo cosas que, de tan evidentes, escandalizan. A quienes nos sentimos llamados a la vida pública nos dice que empecemos por mirarnos interiormente, revisando críticamente nuestras intenciones y renovando nuestra vocación de servicio. Se trata de volver a lo esencial, empezar por el principio, reconciliarse con la realidad, amar al prójimo. Todo un programa político.

Por Tomás Múgica
Buenos Aires, 30 de marzo de 2013


[i]EvangeliiGaudium, 205. El pasaje en cursiva es una cita, incluida por Francisco en su Exhortación, de Caritas in Veritate, de Benedicto XVI.

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