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El impuestazo al tabaco castiga la actividad y el empleo

diego corre

 

 

 

 

Este gobierno será exitoso si y sólo si se logra revertir la estanflación que ya cumplirá 5 años en 2016. Es decir, este gobierno pasará a la historia (en términos económicos) si y sólo si, por un lado baja la inflación a estándares normales y por el otro, devuelve nuestra economía hacia el sendero del crecimiento perdido.

Hace tiempo que con Javier Milei venimos remarcando que la economía Argentina está sumergida en una estanflación de oferta (estancamiento y alta inflación) originada en la falta de competitividad del sector privado. En este marco,  al ser cada vez menos competitivo el sector privado produce menos, se contrae la oferta agregada y en consecuencia el nivel de ingreso cae y los precios aumentan.
Con Javier Milei a través de nuestro Termómetro de Riqueza (TdeR) sostenemos, explicamos y demostramos que las empresas no son competitivas porque no puede hacer negocios, ni ganar dinero; y en consecuencia no invierten ni amortizan, devorándose su stock de capital. Con caída del stock de capital, la productividad cae y la relación costo salarial (después de impuestos) / productividad del trabajo empeora; y en consecuencia se reduce (aumenta) el empleo (desempleo).
De hecho, con Javier Milei hace años que venimos mostrando que las empresas y sus sectores productivos no son competitivos porque: i) soportan un gasto público y una presión tributaria record, ii) el costo de capital (financiamiento) es entre dos y tres veces mayor al de la región; iii)  porque la inflación cuadriplica o quintuplica la de los países competidores.
Paralelamente, con Javier Milei hacíamos hincapié en que la presión tributaria que enfrentan las empresas, tanto a nivel nacional como provincial o municipal (tasas), está ahogando no sólo la producción, sino  también la posibilidad de mantener el actual insuficiente nivel de puestos de trabajo existente. Ni que hablar que con la actual presión tributaria es casi impensado evaluar que se genere empleo privado genuino y sustentable. 
Con esta lógica habíamos adelantado que el aumento de la presión tributaria al cigarrillo ideada por el Ministro de Hacienda Prat Gay iba a impactar muy negativamente sobre la demanda, el nivel de producción y el empleo en el sector Tabacalero, lo cual se sentiría en las (más postergadas) provincias del Norte.
En oposición a la visión del Ministro de Hacienda, nosotros planteábamos que era una locura microeconómica pensar que la demanda de cigarrillos iba a ser inelástica al tarifazo en un contexto con una inflación acumulada de 30% en 7 meses, ajustes tarifarios de entre 200% y 400%, devaluación del 50% y alimentos aumentando más que el promedio del IPC. En otras palabras, la producción y sobre todo el empleo tabacalero, no podían ser inelásticos a un aumento tan significativo de la presión tributaria en el sector. Puntualmente, planteábamos que el incremento (Decreto 626/2016) de la alícuota (de 60% a 75%) de los impuestos internos a los cigarrillos podría generar una caída de la demanda superior al -15% (s/Fundación Internacional del Corazón).
De acuerdo con nuestra visión, esta suba de los impuestos internos a los cigarrillos era inadecuada por dos razones. Primero, porque Argentina iba a pasar a estar entre los 10 países en el mundo con mayor carga impositiva sobre los cigarrillos. En este marco, los impuestos indirectos del cigarrillo casi cuadriplican los de las bebidas alcohólicas: bebidas alcohólicas (20%), cervezas (8%) y champañas (0%).
Segundo, lo peor y más grave, porque el actual incremento impositivo no tiene asignación específica hacia la salud. Ergo, el argumento de que el impuesto es para financiar las enfermedades provocadas por el tabaco es mentira. En consecuencia, el impuestazo al Tabaco sólo está sustentado en la voracidad fiscal desmedida del Ministerio de Hacienda. 
 
Además, hay que tener en cuenta que un impuestazo al cigarrillo tiene beneficios inter-temporales sobre la salud sólo a muy largo plazo. Dicho en otros términos, el impuestazo al tabaco y su (potencial) efecto depresor de la demanda de cigarrillos no va hacer bajar los gastos en salud en 2016/2019 (mandato de Macri). Por el contrario, según estudios, dichos efectos tardarían aproximadamente 20 años en plasmarse. Por lo cual, si fuera cierto que se suben los impuestos para tener un efecto positivo sobre la salud, estaríamos en presencia de unas de las pocas políticas de largo plazo (de verdad) adoptada por nuestros políticos e varias décadas. Yo tiende a pensar que sólo  la voracidad fiscal está detrás de esta medida.
Tercero y no menor, con Javier Milei remarcamos que este impuestazo demuestra que  hay bajo grado de coordinación en las políticas económicas, porque se afecta negativamente las tres mayores preocupaciones económicas del gobierno: inflación, empleo y nivel de actividad. Tanto es así, que el impuestazo va contra la filosofía del plan Belgrano, que busca incentivar el nivel de actividad y el empleo en las provincias del Norte argentino. 
De hecho, la evidencia empírica confirma nuestro escenario previamente anticipado. La fuerte suba del impuesto interno elevó la incidencia de los impuestos sobre el precio (que pasó del 69,2% al 79,6%) y llevó a las empresas productoras a incrementar los precios de los cigarrillos en un 52,2% (incluyendo la suba inicial y luego una leve baja por parte de Nobleza Piccardo y Massalin Particulares a fin de disminuir el impacto en la demanda). Dicha suba aportó en Mayo un 0,522% al IPC GCBA (ya que tiene un peso del 1%). Paralelamente, el fuerte incremento de los precios impactó de manera significativa sobre la demanda interna de cigarrillos. En el bimestre mayo-junio de 2016 la demanda se contrajo un -23,5% interanual provocando una reducción del 8,7% si se compara el primer semestre contra igual periodo de 2015. El impacto negativo sobre el empleo también ya se “siente”.  En este sentido y como consecuencia de la caída de la demanda, Massalin Particulares anunció el cierre de su planta de compra y acopio en La Cocha, provincia de Tucumán, donde empleaba a 20 trabajadores al tiempo que despedirá a 60 empleados en las plantas de Goya (Corrientes) y Merlo (Buenos Aires).
Cabe destacar que la actividad se realiza en las provincias del norte del país: Catamarca, Chaco, Corrientes, Jujuy, Misiones, Salta y Tucumán. En Jujuy (25,5%), Misiones (7,7%) y Salta (3,1%) la participación de la actividad tabacalera dentro de la agricultura provincial es elevada. En Jujuy, la industrialización del tabaco contribuye con un 6,6% al PBG del año 2015. En conjunto, la actividad primaria y secundaria aportaría el 2,4% al PBG jujeño. En Salta, por su parte, las manufacturas de tabaco aportan un 10,7% a la industria total de la provincia, llevando la participación total del sector tabacalero al 1,4% del PBG salteño. En Misiones, la industrialización del tabaco alcanzaría al 4,2% del sector industrial, participación que sumada a la etapa primaria, representaría el 1,5% del PBG. En Corrientes, si bien la contribución de la actividad primaria tabacalera en el total del PBG provincial sería menor a 1%, la industria tabacalera aportaría 5,8% a la Industria en su conjunto. En las provincias de Tucumán, Chaco y Catamarca, el sector tabacalero presenta contribuciones más bajas.
Asimismo, en el norte argentino la industria tabacalera es clave como generadora de empleo. El cultivo de tabaco generó 43.435 puestos de trabajo durante la campaña 2014/15, equivalente al 10,1% del empleo generado por el sector público en esas provincias. Concretamente, el tabaco generó 5,1% de la ocupación privada en Misiones y el 4,4% de la ocupación total, mientras que en Jujuy fue del 4,5% y 3,5%, respectivamente. La importancia del tabaco como actividad generadora de ocupación también fue alta en Salta (2,6% y 2,3%, respectivamente), Tucumán (0,5% y 0,4%, respectivamente) y Catamarca (0,4% y 0,3%, respectivamente), y registró su mínimo en Chaco (0,2% y 0,1%, respectivamente).
En síntesis, el aumento de la presión tributaria en el sector tabacalero y su impacto negativo sobre el nivel de actividad y el empleo ponen en evidencia dos fenómenos interconectados entre sí. Primero, que la presión tributaria record actual ahoga al sector privado y que no hay margen para subir más impuestos. Segundo, que para crecer, invertir y generar empleo hay que ser competitivo; y para eso hay que ir en el sentido exactamente opuesto. Hay que bajar impuestos.

Por Diego Giacomini

28 de julio de 2016

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Diego Giacomini
Master of Sciences in International Economics of University of Essex (UK) Consultor Económico Financiero Profesor de Dinero, Crédito y Bancos de la FCE de la UBA Profesor de grado y postgrado de Teoría Monetaria y Cambiaria de la USAL Especialista en inflación, tipo de cambio, política monetaria, dinero y manejo de Banco Central.