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El cerdo y su cuidador

Omar Eduardo Alonso

 

 

La muerte del fiscal Nisman muestra de manera descarnada lo que es una realidad que se vive en forma cotidiana: la corrupción enquistada no sólo en el poder, sino en la sociedad toda.

La connivencia de la mayoría de las estructuras políticas con otros sectores, como por ejemplo el sindicalismo, es una realidad de la que no podemos sustraernos quienes vivimos el gremialismo como una legítima manifestación de la ciudadanía trabajadora.

En reciente información publicada en la versión web del diario Clarín se leía la protección que el Estado nacional brindó a Gustavo Granero, desplazado de la conducción de la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa, FATPREN, y denunciado ante el poder judicial por su latrocinio cometido en OSPPRA, la obra social de los periodistas.

Clarín comete dos errores: uno en su nombre, que no es importante, y el otro al señalar que Granero es un kirchnerista de la primera hora. Quienes actuamos más de 30 años en el gremialismo de prensa recordamos a aquel desgarbado representante del Sindicato de Prensa de Santa Cruz pidiendo la palabra en los congresos y despotricando contra el gobierno de su provincia a cargo de Kirchner.

Su implacable prédica contra el poder establecido lo catapultó hasta la titularidad de la FATPREN. De allí en más su compromiso K fue absoluto. Así fue un decidido trabajador a favor de la Ley de Medios, pero sus contactos políticos también le permitieron alcanzar un objetivo largamente anhelado: un convenio paritario de alcance nacional para diarios, el 541 del 2008.

Desde esa plataforma llegó a la vicepresidencia de la Federación Internacional de Periodistas y su proyección internacional le permitió conocer a su actual pareja extranjera en medio de denuncias formuladas por su primera esposa.

Echando mano a los recursos de la obra social de los periodistas, vivió la vida loca. Una Harley y un piso en Puerto Madero y su casamiento en una fiesta campestre a todo lujo, fueron los símbolos de este período.

Su ambición lo llevó a pergeñar la desaparición de la Federación y su reemplazo por un Sindicato Único, que le iba a permitir el manejo discrecional de todos los recursos de los sindicatos de base.

Un puñado de gremios, entre ellos los bonaerenses de La Plata, Bahía Blanca y Tres Arroyos, se opusieron. Los dos primeros de envergadura considerable, pero el último era una organización pequeña, hoy desaparecida, y que yo representé como Secretario general.

No era sencillo enfrentar todo el poderío K instalado y consolidado en la estructura de FATPREN. Hoy, a la distancia, constituye uno de mis orgullos personales, que seguramente nadie reconocerá pero que determinaron que la jugada artera se frustrara.

Vendrían tiempos nuevos. Los gremios de base reaccionaron y desplazaron a Granero y sus colaboradores más conspicuos. Llovieron denuncias por defraudación que están en curso.

Clarín revela en la nota de marras que el inefable dirigente santacruceño es ahora funcionario en una dependencia del gobierno nacional con un ingreso envidiable.

Nada parece ser suficiente para los corruptos estratos del poder y el popular dicho que “la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer”, se ajusta a este relato que lo titulamos de manera un poco más elegante.

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Omar Eduardo Alonso
Omar Eduardo Alonso Periodista en LU 24 Radio Tres Arroyos. Secretario General del Sindicato de Prensa de Tres Arroyos (PBA).
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