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Churchill o como los aliados perdieron la guerra

eduardo abrevaya

 

 

 

 

 

“Bien, señores, estamos solos. Por mi parte, encuentro la situación en extremo estimulante”

 “Si un perro se abalanza contra mí, le pego un tiro antes de que me muerda”

Winston Churchill

 

Cuando uno dice Churchill supone que quien lo escucha, sabe, conoce, o ha oído de quien uno está hablando, de quién se trata, qué hizo y cuáles han sido sus inmensos y oportunos méritos, repito inmensos y oportunos méritos; Churchill no debería tener que ser presentado, nunca, no debería ser ésto necesario, cuando alguien lo menciona y dice Churchill, inmediatamente uno debería asociarlo a la Libertad y con mayúscula claro. Churchill es igual a Libertad, o Churchill es lo opuesto al totalitarismo. Sin embargo la figura de Churchill necesita, y a medida que pasa el tiempo y por los tiempos de oscurantismo que corren, una más que breve introducción para ser conocida; tiene que ser presentado y explicado como si lo obvio necesitase explicación. Vamos al grano. Decir que Winston Leonard Spencer Churchilll fue un político inglés que enfrentó la amenaza que fue Hitler es tan cierto como inútil; por supuesto que Churchill hizo eso pero hizo mucho más que eso; su contribución personalísima a la victoria aliada fue decisiva, sin la oposición férrea que ejerció Churchill contra el nazismo y contra el fascismo, la libertad aún menguada como se encuentra hoy en lo que llamamos mundo libre, no sería. El mundo –libre- sería una caricatura de lo que es y nunca hubiese gozado de los progresos de los que goza y ha gozadp en todos los órdenes (sociales, económicos, culturas y políticos) en forma ininterrumpida durante más de cincuenta años luego de terminada la segunda guerra mundial, luego de que el mundo libre ganara la paz. Luego de que el mundo libre repito ganó y NO negoció la paz. No se hubiera nunca conocido el llamado “estado de bienestar”. Nunca. Ahora bien ¿cuál o cuáles fueron los méritos que la historia le reconoce a este personaje que estuvo (demos gracias a Dios) como ya dije, en el lugar y  momento justo?, afortunadamente muchos, pero se le reconoce uno que fue fundamental, ese mérito fue: su poder de anticipar los acontecimientos, en esto Churchill fue único, fue capaz de darse cuenta que Hitler y su nazismo debían ser enfrentados y exterminados de la faz de la tierra, repito Churchill se dio cuenta que no solo había que enfrentarlo sino que había que destruirlo y de tal manera que en el futuro no pudiera representar la más mínima amenaza, con esa categoría de enemigo con que se enfrentaba el mundo y digo otra vez libre, no se debía ni se podía negociar nada, ese era su pensamiento central, así lo llevó adelante desde los inicios de la amenaza hitleriana y así lo sostuvo hasta que los aliados lograron la victoria sobre las potencias llamadas del eje, Alemania, Japón e Italia. Entender esto último es vital. Entender que hay enemigos con los cuales no se puede negociar es repito, vital. Porque negociar significa ceder y ceder significa ceder la Libertad y ésta es un valor tan central y tan irreemplazable, que no se puede pensar en ceder algo de Libertad en aras de una negociación por algo de paz; el hombre libre es como la mujer embarazada que no pude estar un poquito embarazada, una mujer está o no está embarazada, o lo que es lo mismo se está preñado de libertad o no se es libre; como consecuencia inevitable de lo anterior la Libertad nunca jamás puede ser prenda de intercambio. Jamás. Porque negociar la Libertad es comenzar a perderla. Esto es lo que Churchill tenía más claro que nadie. Así se lo hizo saber a Chamberlain, cuando le dijo te humillaste para conseguir la paz (con Alemania), bueno ahora tendrás la humillación y también tendrás la guerra. El mundo de hoy está perdiendo libertades, día a día nos encontramos con que los Estados avanzan sobre las libertades de los individuos, y si no avanzan hacen algo que es casi peor, negocian libertades a favor de conseguir cierta paz con el enemigo. El mundo está equivocado, los actuales dirigentes del mundo están equivocados. Y no hay Winston a la vista. Esto es una tragedia. Y por si fuera poco, quienes negocian las libertades de los pueblos hoy son galardonados con premios Nobeles, justamente premios Nobeles de la Paz! En nuestro país sucede lo mismo que sucede en el mundo. El gobierno tiene una actitud mojigata y timorata contra los perros que le muerden los talones, con los que le dicen abiertamente al Presidente que lo van a voltear. Algunos ensayan la estúpida explicación de que es mejor ponerlo como opositor central al kirchnerismo, que son el mejor ‘enemigo’, suponen que la gente los repudia y que pueden ser fácilmente vencidos en las próximas elecciones; ofrecen entonces la paz, permiten que personajes execrables despotriquen contra el Presidente en los medios públicos o son tibios a la hora de decidirse por la República, y así ceden y van cediendo en cuestiones fundamentales, para mantener un mentiroso status quo, un ‘no hagan olas’ en aras  la paz. Yo les digo, se están humillando, yo les digo que no solo no conseguirán la paz sino que se humillarán y perderán la guerra que ya les declararon; con la pérdida de la guerra declarada, todos nosotros perderemos nuestra ya maltrecha libertad. El kirchnerismo es un movimiento que ya mostró su fascismo y sus formas totalitarias de gobernar y de robar, y también expuso sin pelos en la lengua que venía por Todo y por un pelito muy fino no lo logró. El kirchnerismo es un movimiento antidemocrático. Es peligroso, muy peligroso. Es el único partido verdaderamente cohesionado, por supuesto sus ideas apestan pero están juntos y están organizados, calidad que no detentan ninguno de sus oponentes, ganan la calle con facilidad, burlan resoluciones de los jueces como si nada y sin pagar ninguna consecuencia. Están fuera de la ley, ésta no los puede asir. Sus consignas y su fanatismo no deben ser minimizados. Representan un gran peligro para la vida republicana. Son una gran amenaza para la libertad de todos. Si volviéramos al año 1939 con los actuales y tibios dirigentes argentinos, Churchill no sería escuchado por más fuerte que gritara. Los aliados perderían la guerra. Yo no estaría escribiendo estas palabras.

Por Eduardo Abrevaya

7 de octubre de 2016

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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