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Bergoglio, Castellani y el hijo pródigo

eduardo abrevaya

 

 

 

 

Leonardo Luis Castellani (16/11/1899 – 15/03/1981), fue un extraordinario cura y pensador argentino. Católico, nacionalista. Sé que algunos le tienen fobia a la palabra. No me importa. Yo la quiero rescatar siempre.

Para mí tiene solo un significado: amor a la tierra donde se ha nacido. Vuelvo. Castellani se fue un idus de Marzo hace ya 35 años. Y como suele suceder en estas tierras con sus mejores hombres, se lo ha condenado a un –yo diría- vergonzoso olvido. Se lo ha desterrado. Hoy aquí yo quiero traerlo a la memoria. Frágil y argentina. Gracias a la tecnología, los libros, las frases, las conversaciones, las conferencias de este maravilloso cura son accesibles en la red. Cuenta el padre Castellani en una de sus tantas y enriquecedoras charlas, como él sentía ‘la parábola del hijo pródigo’. La del evangelio de Cristo. La historia que conocemos -o que deberíamos conocer- del hijo que le pide al padre ‘su’ parte  para irse a conocer el mundo y gastarla. Se va entonces de la casa. Y luego de haberlo perdido todo. Regresa. Arrepentido, vencido y humillado. Dice Castellani sobre el hijo pródigo:“el hijo arrepentido y humillado. Bien arrepentido y bien humillado (recalca). Es recibido con enorme gozo por el padre y es perdonado. Parece en un momento que el padre tiene más felicidad por su hijo descarriado que por el justo que ha permanecido con él. Imposible. La felicidad del padre está íntima, solidaria y fundida con una sola cosa, esa cosa es el saber que el hijo ha visto la luz de Dios. Que se ha dado cuenta de una buena vez, que estaba en la senda del mal. Se dio cuenta que había extraviado el camino. Y ahora arrepentido, humillado y vencido, decide volver con el padre. Y éste, el padre entonces sí lo recibe alborozado, pleno de alegría y felicidad. El hijo cambió. No por conveniencia sino por arrepentimiento. Decide volver a ser un buen hombre. Un hombre digno de su padre. Y el padre lo perdona porque el hijo se ha arrepentido”. La clave está ahí. El Papa es un extraviado. Digo yo. Lo digo con mucho respeto y con deseos enormes de que deje de serlo. Es así, lamentable porque es el Papa, y solo por eso. Solo por eso. La idea de que el mundo liberal es malo y el pueblo por ser pueblo es bueno, es una enorme falacia por donde se la quiera mirar. En muchos períodos históricos los pueblos extraviaron el camino y se alejaron de Dios. Y eran el pueblo. Y fueron condenados. En la Biblia está más de una vez expuesto este simple concepto. Bergoglio como Papa hace política. Bergoglio como Papa sale de la política y vuelve a ser cura. Confunde. Y mucho. No se sabe quién es quién. Si Bergoglio piensa que el comunismo o el liberalismo masón son el enemigo de la Iglesia, tiene toda la razón pero es bueno recordarle (volver a pasar por el corazón) que no descubrió nada nuevo. Hacer populismo barato, demagógico, vacío, sin contenido, en un mundo lleno de necesidades que justamente en la mayoría de los casos son generadas por el mismo populismo -en un círculo vicioso que no para- es además de  hipócrita, suicida. Siendo la cabeza máxima de la Iglesia, juega a la ruleta rusa con la suerte del mundo occidental y esperemos por mucho tiempo cristiano. Pasará a la historia como lo que es, un hombre cuyo rol y cargo lo excedieron largamente, un mareado por el poder y por la miseria que el propio socialismo viene construyendo desde hace mucho muchos años, más de cien. Me acuerdo y reflexiono. Nunca en mis años de colegio católico escuché a un cura confundido con estas cuestiones. Nunca vi que nadie intentara subvertir valores desde un púlpito. Jamás escuché a un cura exaltar a los pibes de la villa porque eran justamente de la villa. Nunca los vi hacer diferencia alguna entre ninguno de nosotros. Jamás. Éramos todos hijos de la ley. Y eso era fundamental para la armonía del grupo. En consecuencia, la forma de combatir la pobreza es ayudando a buscar las causas profundas de su génesis y encontrarle soluciones. Soluciones que no están en el enfrentamiento de clases sino en la movilidad social que producen, el trabajo, el estudio, el esfuerzo, la tenacidad y sobre todo la entrega sincera en pos de lo que uno quiere lograr. Si quieren, el ABC del peronismo. El de Perón. Claro. El Papa confunde problemas con soluciones. La realidad, insisto lo supera. Es así de simple. Hay que ayudarlo. Bergoglio Intenta explicar todo lo malo que hay en el mundo, señalando con su dedo acusador a un solo lado. No es el único lado. Y no porque ese lado que señala no tenga culpas. Y pecados. Hay varios lados culpables. Hay otros lados que también tienen que dar explicaciones. Europa no es la única culpable de la diáspora que producen las guerras sin principios ni fines. De las muertes y hambrunas de hace siglos. De siempre. Hoy amplificadas en el horror. No es la única culpable. Eso es mirar el problema con un solo ojo y ladeado. Mediante un reduccionismo barato e infantil Bergoglio recurre al enfrentamiento entre ricos contra pobres. A saciados con desahuciados. A desposeídos de todo contra los que han logrado tener algo. Con el esfuerzo de su propio trabajo. Que Dios lo ilumine y termine de una buena vez de contribuir a tanta confusión. El mundo necesita gente con claridad mental. No confundidos que vayan diciéndole a la gente sólo lo que quiere escuchar. Bergoglio es pura incoherencia. Así lo siento. Un hombre rico y rodeado de lujos, pretende contener la miseria del miserable, acariciándole la cara y diciéndole Dios piensa en ti, reza por mí. Bergoglio ayuda a profundizar los problemas que tenemos en cantidad astronómica. La esquizofrenia reinante agradecida. Muchos. Demasiados. Son recibidos en la sede máxima del catolicismo. Alborozado y sonriente los recibe el Papa en el Vaticano, y yo digo: no son dignos del Padre. No son dignos de ser recibidos. Lo dicen ellos. Lo declaman por todos lados y todo el tiempo. Nunca jamás se han arrepentido de nada. Condición ésta última sine qua non para el perdón. Vuelvo a pedir que Dios lo ilumine al Papa,  a Bergoglio. A todos nosotros.

Por Eduardo Abrevaya

15 de febrero de 2016

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Eduardo Abrevaya

Eduardo Abrevaya

Abogado, Computador Científico. Especialista en Derecho de la alta tecnología. Docente Universidad Siglo XXI
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