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Balance y perspectivas de los doce años del régimen kirchnerista que termina

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En los comicios de segunda vuelta del próximo 22 de noviembre los peronistas, al igual que el resto de los ciudadanos argentinos, deberemos optar por votar a Daniel Scioli,a Mauricio Macri, en blanco o a impugnar nuestro voto.

Siquienes compartimos la identificación con el movimiento fundado por Juan Domingo Perón afrontamos esas cuatro orientaciones electorales divergentes, en partese debe a que adherimos a ese tronco común desde visiones diversas acerca de los mejores caminos que se abren en la actual realidad concreta para avanzar en la perspectiva de que el pueblo sea feliz en una Patria grande, socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Pero esa dispersión del sufragio peronista es causada sobre todo por la inexistencia de un Partido Justicialista renovado y democratizado,en el que exista una libre y respetuosa “lucha por la idea” que haga posible un debate entre esas visiones diversas que no lleve a la fractura, donde las autoridades y los candidatos a cargos electivos sean seleccionados en elecciones internas libres por el voto directo de todos los afiliados quese realicen con padrones veraces y cuyos resultados se reflejen en una representación proporcional que facilite la coexistencia de distintas corrientes de opinión, en un marco de unidad en la diversidad.

Breve repaso de la historia electoral reciente

En octubre de 1983, después de los años de la tiranía que el 24 de marzo de1976 derrocó al gobierno constitucional y democrático que presidía Isabel Perón y durante los cuales fuimos el blanco principal de una brutal represión, los justicialistas afrontamos la competencia electoral de entonces sin haber podido elaborar en forma debida el enorme duelo político que implicó la muerte de Perón en 1974 y fue así que tuvimos la primera derrota de nuestra historia en unos comicios libres y sin proscripciones.

A partir de esa experiencia iniciamos un proceso de debate y reorganización partidaria del que resultó la llamada “renovación”, que nos posibilitó ganar las elecciones de medio término de 1987 (incluyendo la recuperacióndel gobierno de la Provincia de Buenos Aires al que accedió Antonio Cafiero)y culminó con las internas de 1988, en las que la participación masiva de los afiliados consagróla fórmula presidencial integrada por Carlos Menem y Eduardo Duhalde que, cargada de legitimidad, ganó las elecciones generales de 1989.

En 1995 ese proceso se había detenido y así fue que en los comicios presidenciales de ese año, si bien Menem acompañado por Carlos Ruckauf encabezó la fórmula de la alianza entre el Partido Justicialista y la UCEDE y obtuvo su reelección con el 49,94% de los votos, su principal rival fue la fórmula del FREPASO compuesta por José Octavio Bordón y Carlos “Chacho” Alvarez, ambos escindidos poco antes del PJ, quienes reunieron el 29,3% de los votos.

Por debajo de ambos estuvo la fórmula de la UCR, que postulaba a Horacio Massaccesi y Antonio María Hernández y recibió el 16,99% de los votos.

En un ejercicio de historia contrafáctica cabe la hipótesis de que si se hubiesen dado condiciones que hicieran posible que quienes migraron al FREPASO permanecieran como corriente interna del PJ con representación proporcional a su fuerza en la conducción partidaria y en las listas de candidatos y posibilidades ciertas de dar el debate acerca de las posiciones que debía asumir el Justicialismo, el segundo mandato presidencial de Menem puso haber seguido un rumbo distinto (por ejemplo, respecto de la continuidad inalterada de la convertibilidad), la fórmula partidaria de 1999 podría haber surgido de elecciones internas similares a las de 1988 y el resultado de esos comicios tal vez hubiese sido distinto del que fue.

Cerrado el ejercicio de imaginación y vueltos ala realidad, la Alianza electoral que postulaba la fórmula integrada por Fernando De la Rúa (UCR) y Chacho Álvarez (FREPASO) ganó los comicios de 1999 con el 48,37% de los votos, lo que equivale a muy poco más que la suma de los sufragios que habían tenido ambas fuerzas políticas en 1995.

Fue esta la segunda derrota sufrida por el Justicialismo en unas elecciones presidenciales libres y sin proscripciones, ya que la fórmula Eduardo Duhalde-Ramón Ortega tuvo el 38,27% de los votos y esa caída del caudal electoral respecto al que el P.J. había obtenido en 1995 fue equivalente al apoyoque reunió la fórmula que incluía a dos ex ministros del presidente Menem: Domingo Cavallo y Armando Caro Figueroa, quienes habían formado el partidoAcción por la Repúblicay recibieron el 10.22% de los votos.

El rápido y completo fracaso del gobierno de la Alianza condujo a la Argentina y a los argentinos a la brutal crisis de 2001, de la que supimos salir por la confianza y el esfuerzo del pueblo durante el gobierno provisional de Eduardo Duhalde.

El mérito histórico de Duhalde por haber sacado al país de la crisis terminal con la que lo tomó al hacerse cargo de la Presidencia, contrasta con su rol decisivo en el Congreso nacional del PJ reunido en Lanús en noviembre de 2002, en el que promovió la decisión de no hacer elecciones internas para definir la fórmula que el Justicialismo presentaría en los comicios presidenciales del 27 de abril de 2003 y sustituir esa vía democrática por el esotérico procedimiento de que el PJ avalara la presentación de varias candidaturas distintas.

Los tres binomios peronistas que compitieron en esa elecciónreunieron en total más del 60% de los votos, correspondiendo a Carlos MenemJuan Carlos Romeroel 24,45%, a Néstor KirchnerDaniel Scioliel 22,24% y a Adolfo RodriguezSaáMelchor Posseel 14,11%, resultado que confirmó la presunción de Duhalde de que, si hubiera habido una interna, la habría ganado Menem y en la elección general habría accedido a un tercer mandato presidencial. En la realidad, quien había obtenido más votos no quiso competir con el segundo por considerar que en el balotaje sería vencido y así Kirchner fue consagrado presidente, no obstante el menguado caudal de votos que había tenido.

En las elecciones de 2007, el presidente Kirchner fue sucedido por su esposa Cristina Fernández queobtuvo el 45,29%, seguida de lejos por Elisa Carrió con el 23,04%, Roberto Lavagna, candidato presidencial deUNA (Una Nación Avanzada) alianza encabezada por la UCR con el 16.91% y por Alberto Rodríguez Sá, peronista no kirchnerista, con el 7,71%.

En 2011, cuando aún guardaba luto por la muerte de su esposo Néstor Kirchner acaecida el 27 de octubre de 2010, Cristina Fernández fue reelecta para un segundo mandato presidencial con el 54,12% de los votos, seguido a gran distancia por Hermes Binner, candidato del Partido Socialista Popular (PSP) en el Frente Amplio Progresista con el 16,81%, de Ricardo Alfonsín que era el candidato del acuerdo entre la UCR y Francisco de Narváez con el 11,14%, de Alberto Rodríguez Sacon el 7,96%, Eduardo Duhalde con el 5,86%, Jorge Altamira del Frente de Izquierda con el 2,30% y “Lilita” Carriócon el 1,82%.

El régimen kirchnero-cristinista

No hemos de hacer aquí un completo análisis de los tres mandatos presidenciales de los Kirchner que llevaría la extensión de este material más allá de lo deseable, pero sí queremos delinear ciertas características comunes y algunos aspectos diferentes que discernimos en esos 12 años de gobierno.

En 2003 Néstor Kirchner (NK) era consciente que,según lo recordó años después su propia esposa, accedía a la Presidenciacon un porcentaje más alto de desocupados que de votosy en el marco de un profundo descrédito de la dirigencia política (todavía se podían sentir los ecos del “que se vayan todos”, consigna coreada por multitudes a partir de la crisis del 2001), dos factores que,entre otros, hacían endeble la gobernabilidad y ante ello NK supo obrar con certera intuición política.

Para alcanzar una dosis adecuada de confianza por parte de la opinión pública,en sus primeros años de gobierno NK mantuvo el equipo económico liderado por Roberto Lavagna que heredó de la presidencia de Duhalde hasta que, en noviembre de 2005, el rotundo triunfo que logró su Frente para la Victoria (FPV) en las elecciones legislativas de ese año lo llevó a considerar que podía prescindir de quien había logrado tres años de crecimiento de la economía a tasas “chinas”, la drástica baja del desempleo y la pobreza, un razonable nivel de inflación, superávits gemelos en el comercio exterior y las cuentas públicas y de llevar adelante la más grande renegociación de deuda externa de la historia económicaal que reemplazó por la mediocre Felisa Micelli (años después condenada por la Justicia por el paquete con dólares que se encontró en el baño de su despacho del Ministerio de Economía).

Hasta 2007, cuando NK terminó su mandato, los efectos deletéreos del desplazamiento de Lavagna se disimularon por la extraordinaria bonanza que brindaba a la economía argentina el llamado “viento de cola”, expresado en los muy altos precios y la fuerte demanda que tenían en el mercado internacional nuestros principales bienes transables (en especial la soja y sus derivados), exportaciones que aportaban al gobierno una cuantiosa magnitud de recursos financieros.

Esa abundancia de fondos generados por la combinación entre los niveles de eficiencia y productividad que alcanzaron a partir de la década de 1990 las empresas agropecuarias locales y la situación internacional de altos precios y fuerte demanda de los bienes transables que ese sector producía en ventajosas condiciones de cantidad, calidad y precio; dotaron a NK de los medios que, por una parte, le permitieron establecer cierto clima de paz social merced a las mejoras salariales que obtenían los trabajadores sindicalizados en las restauradas paritarias (con lo que se aseguraba el respaldo de la mayoría de los dirigentes del movimiento obrero) y los subsidios que aliviaban las dramáticas carencias de desocupados, trabajadores precarios, trabajadores “en negro” y cuentapropistas (que le aseguraba el apoyo de los movimientos sociales, piqueteros, etc.).

Por otra parte, el kirchnerismo gobernante expandió el sistema al que la literatura económica designa con el término inglés “cronycapitalism”, cuya traducción más precisa sería “capitalismo de compinches” aunque con más frecuencia se lo transcribió al castellano como “capitalismo de amigos”, que es un sistema de complicidades entre los dueños del Estado y los de algunas empresas privadas al que aquí años atrás llamábamos “patria contratista” y que, con el kirchnerismo, adquirió un despliegue y un grado de hegemonía por parte de los gobernantes que nunca antes había tenido.

Por fin, la extrema centralización de los fondos públicos y la total arbitrariedad de su uso por parte del presidente, permitió a NK manejar a legisladores nacionales y provinciales y sobre todo a gobernadorese intendentes – en este caso pasando por encima de los mandatarios provinciales- mediante el racionamiento de los aportes financieros que les otorgaba el Poder Ejecutivo Nacional, de los que la inmensa mayoría de esos dirigentes territoriales eran por completo dependientes, habida cuenta del escaso porcentaje de sus gastos fijos y de inversión que podían cubrir con recursos propios.

Amen de la consolidación de esos sustentos económicos, sociales e “institucionales”, en el plano estrictamente político el kirchnerismo impulsó un proceso de sustitución del Partido Justicialista por el Partido del Estadounitario que conduce el Frente Para la Victoria (FPV) en el cual una de las notas distintivas durante el período de NK fue la llamada “transversalidad” cuyos actores principales eran los “radicales k”, entre losque el más notorio fue el ex vicepresidente, Julio Cobos.

Otra certera intuición de NK en términos de construir gobernabilidad lo llevó a procurarse el respaldo de segmentos significativos de la llamada clase media, actora decisiva en la construcción de las apologías y los rechazos de la opinión pública, objetivo que logró en buena medida a través de tres vías principales.

La primera fue estimular por diversas medios la expansión del consumo al que ese sector social es tan proclive, la segunda fue el relato falaz acerca de su adhesión a los derechos humanos sobreactuando gestos y medidas sobre este asunto sin que ello implicara ningún costo dada la nula capacidad de respuesta de las Fuerzas Armadas y obteniendo una fuerte ganancia ya que daba a la clase media la cómoda opción de adherir a ese relato y así calmar su conciencia culpable por haber avalado por acción u omisión a la dictadura militar y la tercera fue acompañar al “progresismo” de ese sector social que sustituyó la defensa de los derechos sociales por el reclamo por derechos sexuales y así la del matrimonio igualitario fue la única ley que votó NK cuando fue diputado.

Fue esa inteligencia política de NK la que llevó a que el 22,24% de los votos que él había obtenido en 2003 se duplicaran en 2007 y su esposa fuera elegida para sucederlo con el 45,29%.

El camino al ocaso del régimen “k”

“No hay vientos favorables para quien no sabe cuál es su rumbo”, decía el hispano-romano Séneca y en cierta medida el aserto de ese filósofo estoico podría aplicarse al ciclo del régimen kirchneristaque Cristina Fernández de Kirchner (CFK) presidió desde 2007 y cuya conducción ejerció desde 2010, tras el deceso de su esposo.

Sin mengua del rotundo éxito que significó su reelección presidencial en 2011 con el 54,12% de los votos, los resultados económicos cada vez peores que se dieron después de la ruptura con Lavagna, los deletéreos efectos sociales que generó esa situación económica de paulatino pero constante declive, la ineficacia e ineficiencia en la administración de la cosa pública en la que sobresale la impotencia para resguardar la vida y la propiedad de las personas sobre las que pende la temible amenazadel narcotráfico, la actitud de soberbia, autoritarismo y solipsismo en el trato con los demás y la creciente distancia de la realidad a que no logra ser ocultada por un relato falaz,fueron situaciones que se fueron combinando hasta llegar a la situación actual.

En 2008, con el marco de la crisisglobal que se desató a partir de la caída de LehmanBrother´s, CFK debió afrontar su primera gran batalla social por la resistencia de los productores rurales a la Resolución 125 ideada por el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau, para aumentar los ingresos del gobierno nacional a través del incremento de las alícuotas de retención a las exportaciones agropecuarias, contra la cual la gran mayoría de la Argentina interior y profunda se movilizó en las calles y las rutas.

Ese vasto movimiento social y político – a nuestro juicio y mutatis mutandi, similar al cordobazo y al rosariazo de 1969- entre otras consecuencias, condujo a la ruptura con el vicepresidente Cobos por su voto “no positivo” y a que la “transversalidad” basada en la alianza con los “radicales k” dejara de ser el eje principal de la construcción política del oficialismo.

Pero sobre todo contribuyó a que el Frente para la Victoria perdiera las elecciones legislativas de 2009, en especial en la Provincia de Buenos Aires donde la lista del gobierno que lideraba Néstor Kirchner acompañado por las candidaturas “testimoniales” de Daniel Scioli, Sergio Massa y Nacha Guevara, entre otros, fue vencida por el frente opositor que habían formado Mauricio Macri, Felipe Solá y Francisco de Narváez, quien encabezaba la lista de candidatos a diputados nacionales.

Al concederles una circunstancial victoria, el voto ciudadano le reclamaba a la oposición la misión de ejercer el controlal oficialismo y ponerle límites a su desmesura, una oportunidad que no fue aprovechada en forma debida por los dirigentes ya que incumplieron la misión que se les asignóy creyeron que ese caudal de votos les pertenecía.

Esa malversación del voto popular mayoritario en las legislativas de 2009 por parte de la oposición, la sanción del decreto queen octubre de 2009 estableció la Asignación Universal por Hijo y el efecto causado por el sorpresivo y prematuro fallecimiento de Néstor Kirchner en octubre de 2010, así como la capacidad del oficialismo para afrontar sin consecuencias dramáticas los efectos locales de la crisis internacional después del 2008, fueron algunos de los factores que contribuyeron a que CFK fuera reelegida en octubre de 2011, con el 54,12% de los votos.

Pero ya desde sus inicios, el segundo mandato de CFK estuvo marcado por un deterioro de la situación económicacuyos síntomas más evidentes para la opinión pública fueron la falta de crecimiento y la alta inflación, con efectos deletéreos inmediatos y severos sobre la situación social y que indujo a que hubiera una fuerte fuga de dólares a la que se quiso conjurar sin éxito mediante el cepo cambiario.

El empeoramiento de la situación económica condujo a que, hacia fines de 2011, el gobierno buscara poner topes a los aumentos de salarios que se negociaban en unas paritarias que así dejaban de ser libres y de hecho, el Ministerio de Trabajo no homologó el aumento salarial que habían acordadoempleadores y empleados en la paritaria del sector rural.

Agudos lectores de la realidad en general y de la que los involucra en particular, los dirigentes sindicales percibieron que había sobrevenido un cambio de vientos y que sus reivindicaciones ya no tendrían de parte del gobierno la receptividad que habían tenido en los anteriores turnos presidenciales del kirchnerismo, a los que habían apoyado y sostenido.

De resultas de ello, la Confederación General del Trabajo (CGT) que conduce el camionero Hugo Moyano pasó a unirse en la acción de lucha a la CGT Azul y Blanca de Luis Barrionuevo y a la CTA de Pablo Michelli, con reiteradas movilizaciones callejeras e incluso paros generales en reclamo de un programa de reivindicaciones que enfrentaba con dureza a la política gubernamental.

A la ruptura con el gobierno de los trabajadores sindicalizados nucleados en la CGT liderada por Moyano, se sumó el cambio en el modo de vinculación con las organizaciones sociales que, en algunos casos (el Movimiento Evita o el sector de LuisD´Elia) pasaron a ser funcionarios del gobierno y funcionales a sus políticas, en tanto que otros dejaron de serlo para volcarse a la oposición, por ejemplo Jorge Ceballos de Barrios de Pie.

En cuanto a la relación con los empresarios, CFK concretó una vuelta de tuerca en el grado de hegemonía que tenía en el “capitalismo de compinches”desde su condición de dueña del Estado de lo cual un ejemplo paradigmático es YPF, donde se pasó de la asociación con la española Repsol a través del Grupo Eskenazy que había montado Kirchner, al control total con la sola mediación de Miguel Galuccio, el CEO designado por CFK para manejar el negocio.

En el plano de la política, la experiencia frustrante de la vicepresidencia de Julio Cobos llevó a que CFK dejara de lado la “transversalidad” con eje en la alianza con los radicales K que había pergeñado su esposo y eligierapor sí y ante sí a su vicepresidente lo que terminó en una frustración diferente pero no menos severa que la de Cobos dado que Amado Boudou, más temprano que tarde, se convirtió en un ejemplo paradigmático de la corrupción gubernamental.

Además CFK ninguneó a los dirigentes territoriales del peronismo y al Partido Justicialista (del que, a fines de 2011, Hugo Moyano dijo con razón que había sido convertido en “una cáscara vacía”) al que reemplazó en el sistema de poderpor “La Cámpora”, versión devaluada de la “Jotapé” setentista.

A Néstor Kirchner la difusión del relato que describía la realidad imaginaria de un pasado heroico le era útil para poner de su lado al “progresismo” de clase media, pero aplicaba el principio de los dealers expertos que aconsejan “no consumir lo que se vende” y no se privaba de entablar cordiales y provechosos vínculos con dirigentes políticos territoriales (desde GildoInsfran a Raúl Othacé, por mencionar sólo dos ejemplos) y caciques sindicales (Hugo Moyano es tal vez el caso paradigmático) del peronismo, inasimilables a los “valores” y la “épica” propios de aquel relato “progresista”.

Formado en la matriz del peronismo, NK asumía que sólo puede ejercer el mando quien es capaz de construir triunfos y esa convicción se expresaba en el nombre de la fuerza política que creó y con la que reemplazó al Partido Justicialista:Frente para la Victoria.

CFK, en cambio, pareciera creer en la existencia real del castillo de fantasía construido en el aire por el relato “progresista” oficial que la tiene por guionista y actriz principal, al punto de pretender instalarse a vivir en ese embeleco.

Pero en 2013, el proyecto de reformar la Constitución para habilitar un tercer cuatrienio de una “Cristina Eterna” tropezó con el resultado de las elecciones legislativas de medio término,en las que la voluntad voto popular mayoritaria encontró en Sergio Massa y su Frente Renovador al instrumento para frenar ese intento, infligiendo a CFK una derrota política aún más severa que la que había padecido su esposo cuatro años antes, ya que marcó lo que fue el principio del fin del régimen K.

El resultado del 25 de octubre

Tal vez lo peor de los 12 años de gobiernos kirchneristas no sea tanto lo mucho que se hizo mal respecto de aquello que se hizo bien, sino todo lo que pudo hacerse y no se hizo.

Esa conclusión surge de verificar queentre 2003 y 2015en el mundo hubieron unas condiciones favorables extraordinarias para la Argentina que, en ese período,obtuvo recursos cuya magnitud habría permitido planear, consensuar y empezar a construir un modelo nacional de desarrollo sustentable en lo económico y lo ambiental, integrador en lo social y lo territorial e integral por abarcar a todas las áreas de la comunidad nacional,a todo el hombre y a todos los hombres, que hiciera posible terminar con la indigencia, reducir a un mínimo la pobreza y dar a todas las familias argentinas la posibilidad cierta y sustentable de lograr una movilidad social ascendente.Se podía hacer pero quienes gobernaron en estos años no lo hicieron.

De ahí que el voto popular mayoritario de la primera vuelta electoral del domingo 25 de octubre pasado castigara a quienes gobernaron estos 12 años porsu gravísimo pecado de omisión, ya que quienes componemos esa mayoría anhelamos la buena vida a la que pudimos acceder porque existió la posibilidad cierta de realizar ese modelo nacional de desarrollo; posibilidad dilapidadapor quienes habían sido elegidos para gobernar conforme a los deseos del pueblo y no lo hicieron.

Creemos que siguen siendo verdaderas las enseñanzas de Perón que nos dicen que “hay una razón superior en el deseo popular” y que “un gobierno democrático es aquel que hace lo que el pueblo quiere”y quienes somos el pueblo, como suele hacerlo Dios, al votar supimos escribir derecho sobre renglones torcidos y distribuirlas cartas ganadoras y perdedoras entre los jugadores de modo diferente para hacer que la partida de la política nacional deba recomenzar en condiciones distintas de las que existían antes.

Un primer hecho es que el 63,14% de los votantes expresamosla voluntad de terminar con el régimen kirchnero-cristinistaen forma diversa pero inequívoca y sólo el 36,86% se pronunciaron en favor de su continuidad a través del apoyo a la fórmula del FPV de Daniel Scioli y Carlos Zannini que, aunque fue la más votada, estuvo lejos de los guarismos que le permitieran ser electa en esta primera vuelta y su margen de ventaja fue de apenas tres puntos.

La segunda boleta más votada fue la de “Cambiemos” que encabeza Mauricio Macri con el 34,33% de los votos opositores, seguida dela fórmula de Una Nueva Alternativa (UNA) que integraban Sergio Massa y Gustavo Sáenz con un 21,34% de los votos y muy por debajo de estas tres primeras, las candidaturas presidenciales de Nicolás del Caño del Frente de Izquierda (3,27%), Margarita Stolbizer de Progresistas (2,53%) y Adolfo Rodríguez Sá de Compromiso Federal (1,67%).

Si ese resultado general supuso una inocultable derrota para el Frente para la Victoria, cuyo caudal electoral respecto de la elección presidencial de 2011 se redujo en un 20%, la tendencia se agrava al desagregar el análisis a los resultados que dejaron los comicios del 2015 en el nivel provincial.

Conforme a esos guarismos diversas corrientes políticas no kirchneristas fueron mayoría en 12 provincias, según la siguiente distribución: el peronismo en 4 (Córdoba, San Luis, La Pampa y Chubut); el radicalismo, aliado con el PRO y con UNA, en 3 (Mendoza, Corrientes y Jujuy), el PRO en 2 (Ciudad Autónoma de Buenos Aires y Provincia de Buenos Aires); partidos provinciales fueron mayoritarios en otras 2 (Neuquén y Río Negro) y el socialismo popular en 1 (Santa Fe).

El Frente para la Victoria mantuvo la mayoría en otras 12 que son Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, Formosa, Chaco, Misiones, Entre Ríos, Santa Cruz y Tierra del Fuego, aunque entre quienes ganaron en cada Provincia hay una amplia diversidad que va desde el origen y la identidad peronista que, con netos matices diferenciadores, comparten el salteño Juan Manuel Urtubey, el sanjuanino César Gioja, la catamarqueña Lucía CorpacciSaadi de Mercado, el riojano Luis Beder Herrera, el formoseño GildoInsfran, el chaqueño Jorge Capitanich, el entrerriano Sergio Uribarri y la fueguina Rossana Bertone. Otros dirigentes del FPV que ganaron las elecciones en sus Provincias tienen origen en el radicalismo K que generó la transversalidad, comoel tucumano José Alperovich, el santiagueño Gerardo Zamora y el misionero Maurice Closs. En el casode la santacruceña Alicia Kirchner, su alineamiento no es ideológico o político sino que expresa pertenencia familiar.

Ese resultados de las elecciones provinciales se reflejará en la nueva correlación de fuerzas que habrá a partir de diciembre de 2015 en el Senado y en la Cámara de Diputados, donde el próximo titular del Poder Ejecutivo – sea Scioli o sea Macri – estará forzado a establecer un diálogo y una negociación política que serán una conditio sine qua non para alcanzar niveles adecuados de gobernabilidad.

Por lo demás, aunque el FPV ganó las elecciones en 12 de las 24 Provincias argentinas, un análisis cuantitativo y cualitativo desagregado conduce a conclusiones acerca de ese resultado que indican que la influencia de esa fuerza política no equivale a la mitad del país.

Desde el punto de vista cuantitativo, los votantes de las 12 provincias en las que ganó el FPV representan el 23,22% del padrón electoral nacional y los de las 12 en las que perdió sumanel 76,78% del total de 32.064.323 personas habilitadas para votar.

Entre esas 12Provincias en las que el FPV perdió, las cuatro en las que ganó el peronismo no K suman el 11,95% del padrón, las tres en las que se impuso el frente liderado por la UCR el 8,37%, las dos en las que la mayoría fue al frente liderado por el PRO el 44,96%, las dos de los partidos provinciales el 3,14% y la del socialismo popular el 8,36% del total del padrón.

En un plano cualitativo, las Provincias del Noroeste, el Noreste y el Sur en las que ganó el FPV aportan apenas el 15% del Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina y en las del núcleo central del país dondeel oficialismo fue derrotado se elabora el 85% del PBI argentino, de lo cual casi un 80% corresponde a cinco Provincias: Buenos Aires, CABA, Córdoba, Santa Fe y Mendoza.

Este dato autoriza a considerar que el FPV ganó donde hay más atraso e ineficiencia productiva y son mayores las proporciones de empleo público, informal y desempleo respecto del empleo privado formal.

Ello da cuenta de la diferenciación de las bases electorales del FPV respecto de las del peronismo histórico que, sin mengua de su peso en los segmentos sociales del interior postergado, tenía uno de los núcleoscentrales de sus votantes entre los trabajadores formales de los grandes centros urbanos.

A propósito de esto, en una reciente columna de su autoría, el periodista Ceferino Reato – que no es peronista pero tampoco es gorila – señalaba que “las dos gestiones de Cristina Kirchner redujeron al peronismo a un partido de la periferia, del atraso, dominado —en general— por una red de oligarcas territoriales concentrados en mantener bajo control a sus clientelas electorales. Un partido enfrentado al sector más moderno y dinámico de la economía puede ganar otra elección presidencial; de hecho, el Partido de los Trabajadores venció en Brasil con los votos del Nordeste, en contra del sur y el sudoeste. Pero, ¿qué perspectiva política, qué horizonte puede tener una fuerza que apenas representa a la porción menos desarrollada de una sociedad? El calvario de la presidenta DilmaRousseff se debe también a esta razón estructural”. Añadía ahí Reato que “hubo un tiempo en que el peronismo era una fuerza que impulsaba la movilidad social y el desarrollo nacional. Viejas buenas épocas en que sus candidatos no prometían mantener subsidios sino crear empleo formal y bien remunerado”.

Además en estas elecciones fueron derrotados destacados ministros de CFK siendo el caso más evidente el del actual jefe del gabinete de ministros, Aníbal Fernandez, vencido por la candidata de Cambiemos-PRO, María Eugenia Vidal con lo que el Justicialismo perdió el gobierno de la Provincia de Buenos Aires, que ejercía desde que fuera recuperado por Cafiero en 1987, resultado que también golpeó en forma directa al actual candidato presidencial, Daniel Scioli, gobernador bonaerense en los últimos ocho años. También perdieron los ministros de Economía y de Trabajo, Axel Kiciloff y Carlos Tomada, ambos candidatos del FPV en la CABA; el ministro de Defensa y dirigente del FPV en Santa Fe, Agustín Rossi, perdedor en la general con el socialismo y en la interna del PJ provincial con Omar Perotti y Julio Alak, ministro de Justicia, cuya reconciliación con Pablo Bruera, que años atrás lo había destronado de la intendencia de La Plata, no evitó que Cambiemos ganara la elección en la capital bonaerense.

Otros encumbrados funcionarios del gobierno de CFK que resultaron perdidosos de modo directo o indirecto, fueron el secretario general de la Presidencia y actual candidato a la vicepresidencia del FPV, Carlos Zaninni, quien en su Córdoba natal fue tapado a votos por su enemigo personal y político, José Manuel De la Sota; el camporista secretario de Justicia y ahora director en la Auditoria General de la Nación, Julián Alvarez, fallido aspirante a intendente de Lanús donde ganó el candidato del PRO, Néstor Grindetti; el neuquino titular de la Agencia Federal de Inteligencia (ex SIDE), Oscar Parrilli, cuyos candidatos fueron derrotados una vez más por los del Movimiento Popular Neuquino (MPN); el titular de la agencia federal de medios (AFSCA), Martín Sabatella, además de haber sido el candidato derrotado a vicegobernador bonaerense, perdió las elecciones por la Intendencia de Morón a la que aspiraba su hermano , quien fue vencido por el esposo de la gobernadora bonaerense electa, RamiroTagliaferro y para cerrar un listado de “mariscales de la derrota” del FPV que podría ser aún más extenso de lo que ya es, el rionegrino Miguel Pichetto, presidente del bloque oficialista de senadores nacionales, volvió a perder en su aspiración de gobernar su Provincia.

En cuanto a la Provincia de Buenos Aires, donde residen el 37,01% de los votantes del padrón electoral nacional y donde se genera el 34,15% del PBI argentino, la mayor parte de los dirigentes, encuestadores y analistas políticos se vieron sorprendidos por el hecho que María Eugenia Vidal, candidata a gobernadora de Cambiemos, con el 39,49% de los votos venciera a Aníbal Fernández del Frente para la Victoria,cuyo caudal fue del 35,18%.

Vale subrayar que el porcentaje de quienes votaron a Vidal superó en más del 7% al de los votantes que tuvo Macrien el distrito e incluso en un 2,36% al que obtuvo ahí Scioli y que,en contraste, el porcentaje de electores bonaerenses de Fernández fue un 1,68% menor al de Scioli.

Antes de que se produjera esa verdadera catástrofe electoral, las internas del FPV habían dejado a la vera del camino al ministro del Interior y Transporte, Florencio Randazzo Domínguez, quien no accedió a disputar la gobernación bonaerense después de haber sido “disuadido” de competir con Scioli por la candidatura presidencial y al presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, al que Aníbal Fernández superó en unas PASO en las que, según algunos versiones, se llegó al resultado apelando a procedimientos non sanctos.

Además de haber golpeado a CFK, Scioli y Fernández; estas elecciones bonaerenses marcaron el ocaso de algunos de los intendentes de Municipios del conurbano que ejercían el liderazgo en sus territorios desde hace años.Algunos de los casos más notorios son lo del veterano metalúrgico de raíz vandorista Hugo Curto en 3 de Febrero, el también metalúrgico pero surgido de la promontonera Juventud Trabajadora Peronista (JTP), “Barba” Gutiérrez en Quilmes o los ya mencionados de Sabatella en Morón, Alvárez en Lanús y Bruera en La Plata, todos los cuales eran del FPV y fueron desplazados por candidatos del PRO-Cambiemos.

De otro lado Jesús Cariglino, peronista no K e histórico intendente de Malvinas Argentinas; el de Hurlingham, Luis Acuña, de UNA o el de Merlo, Raúl Othacé que pasó por el massismo y había vuelto al oficialismo; fueron vencidos todos por candidatos del FPV

Por lo demás, a nuestro ver y con todas las diferencias del caso, la victoria de Vidal tiene similitudes con la que logró Antonio Cafiero cuando en 1987 fue candidato a gobernador bonaerense por el Frente Justicialista Renovadoracompañado por Luis María Macaya como candidato a vicegobernador y venció con casi el 47% de los votos a la fórmula de la UCR que representaba al oficialismo – Alejandro Armendáriz era el gobernador saliente y Raúl Alfonsin el presidente de la Nación- e integraban Juan Manuel Casella (quien había sido ministro de Trabajo de la Nación) y Osvaldo Pozzio, que obtuvo casi el 40%. En 1983 la fórmula bonaerense del radicalismo que encabezaba el por entonces poco conocido “Titán” Armendáriz había obtenidocasi el 52% de los votos y derrotó a la del Justicialismo que encabezaba Herminio Iglesias, que había reunido casi el 40%.

En Jujuy presidente del Partido Justicialista nacional, Eduardo Fellner, quien buscaba ser reelecto gobernador de Jujuy aliado a la dirigente de la agrupación TUPAC Milagros Sala, fue vencido por el radical Gerardo Morales, cuyo candidato a gobernador fue un dirigente peronista del espacio de Sergio Massa, que fue el candidato que obtuvo más votos en esa provincia y que al igual que Macri apoyó a Morales.

El balotaje y después

El 25 de octubre el voto mayoritario del pueblo prefirió a Scioli y a Macri sobre los precandidatos (José Manuel de la Sota, Ernesto Sanz, Elisa Carrió y Jorge Altamira) y candidatos (Sergio Massa, Nicolás del Caño, Margarita Stolbizer y Adolfo RodriguezSa)que aspiraron a la Presidencia y así fue que entraron al balotaje los dos únicos competidores de las PASO y la primera vuelta que no son dirigentes políticos.Macri es el dueño del PRO al que conduce desde esa condición y no desde la del dirigente político que no es y Scioli fue siempre el candidato (a diputado, a vicepresidente, a gobernador) sostenido por un hermano mayor (Menem o Kirchner) y nunca ofició como dirigente político de un espacio.

Al tratar de discernir el sentido de esa decisión electoral mayoritariaque parece paradojal, una primera y provisoria aproximación nos lleva a suponer que expresión de la desconfianza de la sociedad civil en el sistema político en general y en el sistema de representación en particular, cuya crisis se ahondó en 2001 y no terminan de recuperarse.

A las críticas tópicas a la “partidocracia demo-liberal” que se formularon en Europa hace poco menos de un siglo yse repiten hoy aquí cual verdades axiomáticas del recetario “nac& pop”, se añade ahora la mirada despreciativa hacia la “vieja política” y los “partidos tradicionales” de gurúes posmodernos muy bien pagos, quienes proveen a los candidatos del marketing de spots y slogans ensayados en focusgroupque se utilizan en los mass media y se “viralizan” a través de la web.

Desde ángulos diferentes, unos y otros ponen en tela de juicio a los partidos políticos en los que las personas se reúnen y organizan por tener cosmovisiones compartidas, donde se definen las políticas a seguir mediante el debate de ideas y la expresión de la voluntad mayoritaria de los afiliados expresada con su voto libre, que es también el método de elección de los dirigentes y de los candidatos, con el objetivo de acceder al gobierno del Estado y así tener el poder de hacer lo que se considera mejor para el bien común.

Sin mengua de admitir la validez de las críticas que merecen los partidos políticos tal y como son en la Argentina actual y de reconocer que el PJ nacional es hoy, no sólo una cáscara vacía, sino una rémora y un problema a superar para que los argentinos podamos acceder a una buena vida, no sabemos que exista otro modelo real de organización y participación democrática en la búsqueda del poder que no sea el de los partidos políticos, conforme lo establece nuestra Constitución Nacional en su artículo 38.

Dado que seguimos creyendo que la doctrina y el pensamiento estratégico que nos legó Perón siguen siendo la mejor guía para elaborar las respuestas a los actuales problemas argentinos y que en un cálculo hecho a ojo de buen cubero, entre quienes el 25 de octubre votamos por las fórmulas que encabezaron Scioli, Macri, Massa y RodriguezSa, los que nos asumimos peronistas podemos representar alrededor del 50% por ciento de los votos, construir un PJ renovado y democratizado que sea capaz de reunir esas identidades hoy dispersas nos parece una tarea que vale la pensa intentar.

Creemos que ese caudal electoral de diversificada identidad peronista también se va a expresar de modo implícito en el balotaje, sea cual fuere su resultado, canalizado en parte de los electores de Scioli, parte de los de Macri y parte de los que voten en blanco o impugnen su voto.

Por lo demás, sin mengua de la legitimidad de origen que va a darle el haber sido elegido por la mayoría que es propia de un balotaje, muchas de las decisiones que Scioli o Macrivayan a tomar desde la Presidencia que uno u otro ejercerá a partir del 10 de diciembre, deberá acordarlas con los legítimos y diversos intereses que estarán representados en las diversas corrientes políticas del Congreso, ninguna de las cuales será hegemónica.

Eso implica que en el próximo cuatrienio lo más probable es que la gobernabilidad esté determinada por acuerdos y equilibrios armónicos entre intereses diversos, a veces contrapuestos e inestables,que irán siendo ajustados y todos los cuales se construirán mediante diálogos y negociaciones, que son la naturaleza esencial de la política en todo sistema democrático normal y volverán a serlo aquí.

De tal modo, sea cual fuere el resultado del balotaje, es plausible imaginar que después del 10 de diciembre habrá una correlación de fuerzas que, haciendo de la necesidad virtud, lleve a configurar un escenario político más favorable a la superación del clima de división y enfrentamientos entre argentinos y a laconstrucción de la imprescindible unión nacional.

Por mi parte, en este ciclo electoral milité para que el elegido por la mayoría popular para presidir nuestro país fuera José Manuel De la Sota, aquien considero el dirigente político con visión de estadista más apto para conducir la Nación y después de las PASO compartí su apoyo a Sergio Massa.

De cara a la segunda vuelta, me identifico con la posición adoptada por Massa, De la Sota y Lavagna, en cuanto ratificaron la mayoritaria voluntad popular de cambio que tuvo una de sus expresiones en el 21,34% de los votantes que elegimos la boleta de UNA,reafirmaron su compromiso de contribuir a la gobernabilidad y su voluntad de expresar a quienes trabajan, estudian e invierten para lo que proponen a los dos candidatos que fijen su posición respecto a las propuestas que presentó UNA y avalamos más 5,2 millones de votantes, entre las que damos especial relevancia a las que llevan a prevenir y sancionar todo acto de corrupción.

Como mencionamos antes, después de las elecciones de segunda vuelta y sea cual fuera su resultado, los peronistas estamos llamados a volver a habitar todos en el que debe ser nuestro hogar, construyendo un Partido Justicialista democratizado y renovado, con lo que haríamos un valioso aporte a la solidez de la democracia y a la calidad institucional

Como sucede en todos los hogares, las diferencias que tenemos los peronistas no invalidan que seamos parte de una misma familia y más allá de la diversidad de las opciones que asumamos el próximo 22 de noviembre, podemos empezar a recorrer un sendero común que nos lleve a tener un PJ renovado y democratizado.

Podemos construir un PJ en el que funcionen espacios en el barrio, el Municipio, la Provincia y la Nación en los que se dé la pacífica y enriquecedora “lucha por la idea” mediante el debate franco y respetuoso entre las posturas que coexisten entre nosotros, sin que esas diferencias lleven a la fractura en tanto la orientación partidaria que se tome tras el debate sea la que resuelva la mayoría de los afiliados en votaciones libres y transparentes y haya una representación proporcional que resguarde los derechos de las minorías y posibilite la unidad en la diversidad.

Queremos tener un PJ en el que la formación de cuadros en todos los niveles sea una actividad constante y privilegiada y en el que existan equipos capacitados en todas las áreas para que el partido pueda cumplir las misiones de asistencia y control a quienes ejerzan el gobierno, sean o no de la propia fuerza.

Se trata de construir un PJ cuyos dirigentes y candidatos a cargos electivos de nivel local, provincial y nacionalsean seleccionados en comicios internos libres por el voto directo de todos los afiliados, quese realicen con padrones veraces a los que todos tengan acceso y cuyos resultados se reflejen en una representación proporcional que incluya a las minorías.

Una de las muchas condiciones necesarias para hacer realidad ese proyecto sería que los peronistas, cualesquiera haya sido nuestro alineamiento circunstancial, asumamos una actitud semejante a la generosa disposición a perdonar que tiene el padre que se nos muestra en la parábola evangélica del hijo pródigo. Nos anima la esperanza de que podamos reunir la voluntad, la capacidad y la ayuda de Dios que se requieren para tener ese Partido Justicialista en el que se viva la cultura del encuentro a la que nos llama el papa Francisco.

Por Victor Eduardo Lapegna

Buenos Aires, 12 de noviembre de 2015.

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Victor Eduardo Lapegna

Militante Peronista, empresario, docente y analista de política y economía.

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