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Apostillas sobre el Ciberespacio y la Política

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El ciberespacio, nuevo territorio o dominio cuyo desarrollo tecnológico facilita la vida de las sociedades, es hoy un espacio que desafía a la política a definir su ordenamiento, su dominio y su utilización.

Se ha convertido, además de en un instrumento, que es lo que le dio origen, en un espacio más, que junto a la tierra, el mar, el aire y el espacio exterior, constituyen un desafío en términos de soberanía y Estado.

Sin ordenarlo, todos navegamos con el solo límite que nos pone la tecnología, y las voluntades humanas se expresan, compiten, se espían, se enfrentan, comparten, juegan. Como en ningún otro espacio, conviven y se relacionan con el mismo leguaje y sin jerarquías, actores tan disímiles como Estados, organizaciones internacionales, empresas o individuos. Todos podemos, si sabemos.

Pero si hay espacio nuevo, hay voluntad de conquista y uso. Y la anarquía que favorece el no control empieza a pedir orden. Si todos pueden y todos la utilizan, la herramienta que permite su ocupación, empieza a convertirse  también en amenaza. La Voluntad del hombre desde que es hombre puede elegir dañar.  Habrá que aprender a defenderse. La política empieza a reaccionar, acicateada por los militares de todo el mundo, cuya misión es advertir las amenazas antes que se materialicen. Pero la tarea no es militar.

Aunque hay ensayos de normas y mecanismos diversos, ordenar este nuevo espacio está pendiente en la Argentina, en la región y en el mundo. Esta tarea requerirá como mínimo  articular los actores intervinientes: el sector político representando a las sociedades, el  sector privado que invierte y comercia, y el sector académico que permite actualizar. Y en esa mesa, lo importante es empezar a definir el bien a proteger, ese espacio que tienela facultad de permear todos los demás.

El ciberespacio incluye un sinnúmero de actores que son parte y sin los cuales no hay ciberespacio. Pero además, tiene tantas capas, que el dominio de una no asegura el control o el dominio de todo el  territorio virtual. Infraestructura física, software, aplicaciones, recurso humano y algunos ya incluyen dentro de él,  al espacio radioléctrico por las vinculaciones cada vez más interdependiente con el área de las comunicaciones.

Este espacio es además omnipresente. A medida que facilita la vida contemporánea, la hace más vulnerable. Cuanto mayor ciberdependencia tienen las acciones humanas, nuevas ventanas de vulnerabilidad se abren a su seguridad.

Y aunque este espacio depende en un ciento por ciento de la actividad humana (para formarlo, para ingresar, para conectar, para darle existencia), lo asumimos como un nuevo dominio porque en el, las voluntades de los hombres se encuentran, disputan, manifiestan intenciones.

Por eso se habla ya de una GEOPOLITICA DEL CIBERESPACIO, dado que el hombre –y con el, el Estado-  empieza a querer dominarlo, negarlo u ocuparlo.  O CIBERPODER, para llamar a la habilidad o capacidad de un actor de ejercer dominio por persuasión y/o coacción sobre determinados objetivos que se propone en ese territorio virtual.  Puedo acrecentar mi atributo de ciberpoder cuanto más capacidad tenga de utilizar el ciberespacio en favor de mis propósitos.

Como espacio que surge de este siglo, y es fruto del avance tecnológico del desarrollo humano, es un multiplicador de las tendencias que están dándose en el Estado y en  las relaciones internacionales.

Es multiplicador de la difusión del poder en múltiples actores sub y supra estatales, todos pueden causar daño. Y el  poder no está muy claro en qué lugar se encuentra, dada sobre todo, la dificultad que tiene de atribuir, es decir de reconocer el origen de la voluntad que genera el daño o la acción.

También multiplicala tendencia al crecimiento del poder de las sociedades y de los privados. No sólo la infraestructura crítica de comunicaciones y ciberespacio está en mayor parte en manos  de empresas privadas, sino que el rol creciente de loshackeractivistas,nos muestra a actores unipersonales u organizados motivados por el placer de la conquista y la búsqueda de hallazgos desvinculados con los propósitos que puede tener un Estado.

Pro sobre todo, es multiplicador de la incapacidad de los Estados de hacer frente solos al ordenamiento de este nuevo espacio; de ejercer soberanía y de controlar y/o proteger a su ciudadanía.

Su ordenamiento aún no se ha realizado a nivel global. Hay expresiones y voluntades para generar ese marco regulatorio, pero se está muy en los inicios.

Uno de los debates más primarios es si un nuevo marco ordenador  considerará  este dominio como un común global (como sostiene Europa), parecido al espacio exterior, el Alta Mar o la Antártida, o como un espacio conectado globalmente (como prefiere EEUU), susceptible de disputarse dominio y generar fronteras.

Argentina podría  participar de la construcción de ese orden con alguna autoridad anclada en su capacidad tecnológica en ese área, pero antes debe darse el debate de cómo lo va a ordenar internamente y regionalmente y si va a participar como país o como región.  Aunque hubo pronunciamientos importantes en este sentido, y existe algo de normativa y organización relativa a la seguridad en Jefatura de Gabinete, la realidad es que aún no hay una decisión política que se traduzcan en acciones concretas ligadas a esta tarea que incluya los actores necesarios para hacerla efectiva.

Porque hay que señalar que el ordenamientorequiere una tarea transversal que solo puede dar la política, articuladora de intereses y actores.

Hacia adentro, deberá definir las normas con diversos actores, la Defensa y sus FFAA,  los responsables de la Seguridad Interior, al Sistema de Inteligencia y las empresas del sector. En ese sentido, en el mundo se calcula que el 90% de la infraestructura crítica está en manos de empresas privadas. Es imposible generar un ordenamiento sin la participación comprometida de las mismas. Y por último el sector académico o de investigación aplicada, que son quienes aseguran desarrollo tecnológico y actualizaciones imprescindibles para este espacio que es pura evolución y movimiento.

El punto de partida será ponerse de acuerdo y reconocer cual es el bien a proteger. Y en la definición del mismo se inicia la posibilidad de reconocer los instrumentos que se necesitan y el ordenamiento que darse.

Por otra parte, hay que tener en cuenta, que en este nuevo espacio, en el que hay que hacer inteligencia para brindar información a los que deciden su uso,  todas las fronteras son muy difusas , y en particular, la frontera tan compleja entre seguridad y derecho ciudadano, entre lo estatal y lo privado, entre la “calle” y la intimidad de la “casa”.

En ese sentido, la inteligencia, actividad humana tan antigua como la comunidad política organizada, encuentra en el uso y en el dominio del ciberespacio, solo herramientas más sofisticadas, como la encuentra en el espacio exterior a través del uso de satélites. Los propósitos, los objetivos de los espías, lo fijan actores estatales o no estatales con capacidad para hacerlo. El conflicto no está en el medio que utilizo, sino en qué decido mirar o espiar para qué propósito. El ordenamiento que hay que dar, algo tendrá que decir de lo que se puede y no se puede, en relación a la actividad de la inteligencia.

Es por ello que la complejidad de actores intervinientes en el dominio de este espacio nuevo, requiere que la política, ordenadora de las sociedades, se haga cargo y empiece a definir QUIEN, QUE y COMO. Porque aunque es natural que las FFAA ante un nuevo espacio de guerra, empiecen a formarse para ver como lo conocen (inteligencia) y como lo dominan, no son ellos, quienes dirán o definirán hasta dónde pueden llegar con su tarea y cuáles son los límites para considerar defensa de un dominio.

Los conflictos que generan los  nuevos tipos de guerra, en término de considerar a un criminal como enemigo, se agrandan en este espacio y requieren claras definiciones de parte de decisores con legitimidad para hacerlo.  Porque no es lo mismo el tratamiento que tradicionalmente se ha dado a un enemigo que a un delincuente.  Y los medios para hacer frente a esto son muy diferentes.

Concluyendo, el instrumento cuyo desarrollo tecnológico facilita la vida de las sociedades, se ha convertido en un espacio y desafía a la comunidad política organizada, local, regional o global, a definir su ordenamiento, su dominio y su utilización. Esta tarea requiere que la política se haga cargo de articular los actores intervinientes, quienes deberán a empezara definir ese bien a proteger como está conformado y que incluye para poder dominarlo.

 

Por Charo Luna

Buenos Aires, 12 de abril de 2014

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