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#18F y #1M – Angustias y esperanzas

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“Motiva mi angustia la hondura y la dureza de las discrepantes ideas y sentimientos que separan a la mayoría de quienes marchamos el 18-F y de quienes se concentraron el 1-M.”

Los que marchamos el 18 de febrero (18-F) y los que se concentraron el 1 de marzo (1-M) no llegamos sumar un millón de personas. Hubo, por tanto, decenas de millones de compatriotas que, en todo caso, vieron la marcha y la concentración por la televisión.

Ambas circunstancias son, a la vez, causa de mi angustia y también de mi esperanza.

Motiva mi angustia la hondura y la dureza de las discrepantes ideas y sentimientos que separan a la mayoría de quienes marchamos el 18-F y de quienes se concentraron el 1-M. Creo que existe el riesgo de que en esa cesura, denominada por algunos medios “la grieta”, se hunda la posibilidad de que entre todos y para todos construyamos un futuro mejor que éste presente. Si la brutal división entre esa minoría activa que componemos los marchantes del 18-F y los concentrados del 1-M abarca a también a la mayoría silenciosa que se abstuvo de participar en ambas jornadas, el riesgo adquiere una dimensión tremenda.

Mi esperanza es que no sea así. Que la amplísima mayoría de los compatriotas que no acudieron a las convocatorias del 18-F y el 1-M sigan siendo eso: compatriotas. Es decir, que por encima de las muchas y variadas diferencias que hay entre ellos, pueda prevalecer la asumida condición de ser hijos de la misma Patria y en esa medida, hermanos. Sucede que la experiencia histórica enseña que ninguna Nación puede avanzar hacia su grandeza y ningún Pueblo hacia su felicidad si no hay cierta unidad esencial entre la mayoría de quienes habitan la Patria para que, al menos, compartan la certeza en un destino propio y común en lo universal. Si ese es el espíritu de ese mayoritario mainstream (perdón por el anglicismo) y quienes se hagan cargo del gobierno nacional en diciembre quieren, saben y pueden interpretar y expresar ese espíritu, estoy convencido que vamos a avanzar hacia la grandeza de la Nación y la felicidad del Pueblo. Si no es así, esas posibilidades no existen y para decirla cortita y al pie, me parece que estamos fregados.

Termino con una metáfora. La situación de la Argentina de hoy puede compararse con un partido de fútbol que se disputa en un estadio repleto de espectadores. Si el resultado sólo depende que están dentro del campo (los dos equipos de once, el árbitro y los jueces de línea) que representan a los dirigentes y las minorías activas del 18-F y el 1-M y los miles de espectadores son sólo eso, espectadores, me temo que la Argentina pierde. En cambio, si los que estamos en las tribunas sabemos involucrarnos e incidir en el resultado, es posible que la Argentina gane.

Por Víctor E. Lapegna

Buenos Aires, 3 de marzo de 2015.

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Victor Eduardo Lapegna

Militante Peronista, empresario, docente y analista de política y economía.

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